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(OPINIÓN) El expansionismo americano. Por: Carlos Echavarría

El presidente norteamericano Donald Trump, durante este segundo mandato, ha mencionado constantemente la expansión del país; primero sugirió a Canadá como el estado 51, luego envió a su yerno para comenzar la negociación para la anexión de Groenlandia, y la semana pasada publicó en su red social una imagen donde presenta a Venezuela como un nuevo integrante de la unión, ¿Qué significa realmente esa acción?

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(OPINIÓN) El expansionismo americano. Por: Carlos Echavarría

Los padres fundadores de los Estados Unidos era un grupo de intelectuales pertenecientes a culturas masónicas y deístas bajo la influencia de la Ilustración francesa, que consideraban que ellos eran los elegidos de Dios para gobernar el mundo y, debido a esto, emplearon como excusa un incremento desmesurado de los impuestos por parte del imperio británico para declararse en rebeldía y comenzar una campaña de independencia. Simplemente, las grandes élites nativas no querían pagar impuestos y a largo plazo su intención era la de gobernar todo el planeta.

Durante siglos, las guerras en Europa generalmente se presentaban entre los imperios español, británico y francés, así que siempre ha habido intereses políticos para debilitar a sus rivales naturales, y fue así como la campaña de independencia de los Estados Unidos fue patrocinada principalmente por Francia y en una menor proporción por España para aminorar a su enemigo del momento, el imperio inglés. Es por ello que la deuda que asumió el rey Luis XVI para patrocinar la independencia de los Estados Unidos desembocó en la caída de la monarquía durante la revolución francesa de 1789.

Para el año 1776, en la parte central de lo que hoy es Norteamérica, el imperio inglés contaba con 13 colonias, todas ellas limítrofes con las aguas del océano Atlántico y sin desarrollo hacia el interior del continente. Cada colonia se enfocaba en la construcción de puertos y no en la construcción de vías entre las diferentes colonias porque su relación comercial era con Inglaterra y no con los demás coterráneos.

En los tratados de París de 1783, Inglaterra reconoce a los Estados Unidos como un territorio libre, dándole además el control de las tierras que se consideraban baldías que iban hasta el río Mississippi, duplicando el tamaño que tenían las 13 colonias que declararon la independencia. Importante: Cada colonia siempre se administró de manera independiente y no existía un gobierno central que controlara todas las colonias inglesas; por ello, cuando nace un nuevo proyecto conjunto, el nombre que le colocan es: Estados Unidos de América.

En el año 1803, Napoleón Bonaparte cambia su postura defensiva y comienza a planear una ofensiva para la conquista de Europa. Las guerras necesitan recursos y conservar colonias es muy desgastante, sobre todo si no están dentro del mismo continente. Fue así como los Estados Unidos le compran a Francia el Estado de Luissiana, duplicando así su territorio.

Aquí se toca un punto clave: el arquitecto de la expansión de los Estados Unidos fue el padre fundador Thomas Jefferson, cuya doctrina se basó en dos párrafos: “Aunque nuestros actuales intereses nos restrinjan a nuestros límites del territorio, es imposible dejar de prever cuando nuestra rápida multiplicación se extienda más allá de dichos límites, hasta cubrir por entero el continente”. Aquí se evidencia que la idea es crecer en tamaño, pero podría pensarse que solamente sería a lo ancho, para conectar el océano Atlántico y el Pacífico, pero no: “Nuestra confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del norte como la del sur, habrá de ser poblada”. Más claro, agua; la idea es conquistar todo el continente.

El problema para Jefferson era que los cuatro virreinatos españoles funcionaban bastante bien y no había ningún intento de independencia del gobierno español, así que escribió: “Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos (españolas), y solo temo que estas resulten débiles en demasía para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población progrese lo suficiente para ir arrebatándoselos, pedazo por pedazo”.

Obviamente, Thomas Jefferson tenía que darle un peso moral a sus ansias expansionistas, así que también escribió: “Toda Nación, como todo hombre, tiene un derecho; el de no permitir que nadie obstruya su preservación, su perfección y su felicidad, es a saber, el derecho a protegerse de todo daño. Este derecho de autopreservación de todo mal es lo que se llama: Derecho de seguridad”. O sea, si para la preservación, la perfección y la felicidad de la nueva nación norteamericana es necesario invadir o saquear otro territorio, el Derecho de Seguridad proclama que es una acción justa y necesaria para su autopreservación.

En el año 1803, Napoleón Bonaparte cambia su postura defensiva y comienza a planear una ofensiva para la conquista de Europa. Las guerras necesitan recursos y conservar colonias es muy desgastante, sobre todo si no están dentro del mismo continente. Fue así como los Estados Unidos le compran a Francia el Estado de Luissiana, duplicando así su territorio.

Aquí se toca un punto clave: el arquitecto de la expansión de los Estados Unidos fue el padre fundador Thomas Jefferson, cuya doctrina se basó en dos párrafos: “Aunque nuestros actuales intereses nos restrinjan a nuestros límites del territorio, es imposible dejar de prever cuando nuestra rápida multiplicación se extienda más allá de dichos límites, hasta cubrir por entero el continente”. Aquí se evidencia que la idea es crecer en tamaño, pero podría pensarse que solamente sería a lo ancho, para conectar el océano Atlántico y el Pacífico, pero no: “Nuestra confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del norte como la del sur, habrá de ser poblada”. Más claro, agua; la idea es conquistar todo el continente.

El problema para Jefferson era que los cuatro virreinatos españoles funcionaban bastante bien y no había ningún intento de independencia del gobierno español, así que escribió: “Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos (españolas), y solo temo que estas resulten débiles en demasía para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población progrese lo suficiente para ir arrebatándoselos, pedazo por pedazo”.

Obviamente, Thomas Jefferson tenía que darle un peso moral a sus ansias expansionistas, así que también escribió: “Toda Nación, como todo hombre, tiene un derecho; el de no permitir que nadie obstruya su preservación, su perfección y su felicidad, es a saber, el derecho a protegerse de todo daño. Este derecho de autopreservación de todo mal es lo que se llama: Derecho de seguridad”. O sea, si para la preservación, la perfección y la felicidad de la nueva nación norteamericana es necesario invadir o saquear otro territorio, el Derecho de Seguridad proclama que es una acción justa y necesaria para su autopreservación.

Los Estados Unidos se desarrollaron durante 35 años por medio de un muy fuerte comercio con el imperio inglés y se consolidaron como una potencia continental. Es de anotar que los estadounidenses no desarraigaron su cultura inglesa; por el contrario, siempre se consideraron familia y, al terminar la época de la colonia, siguieron comerciando como pares. Durante este tiempo, España sostuvo sus virreinatos, pero, con la invasión napoleónica, se creó una ausencia de poder que la debilitó tanto en el continente como en el imperio de ultramar.

Inglaterra, al ver la debilidad del imperio español, actuó y quiso tomar venganza por la independencia de los Estados Unidos, y los Estados Unidos comprendieron que era el tiempo de ser parte de la geopolítica global y comenzar su ampliación del territorio, como lo dictaron los padres fundadores, y fue así como en Londres se edificó la independencia de los virreinatos españoles.

Desde las logias masónicas inglesas y americanas salieron los peones que ejecutaron el plan de la independencia de América. Francisco de Miranda como el gran arquitecto; José de San Martín como el libertador del virreinato del Río de la Plata; Miguel Hidalgo y Costilla como el libertador del virreinato de la nueva España; y Simón Bolívar como el libertador de los virreinatos de la Nueva Granada y Lima.

Los llamados libertadores de América fueron masones que estaban en contra de la religión católica (incluido Miguel Hidalgo, que era sacerdote); en contra de la corona española porque su lealtad era para el imperio inglés; y en contra de las costumbres españolas porque creían en la modernidad proveniente desde Francia. El proyecto de independencia de España no nació como una revolución popular por la insatisfacción del pueblo por el mal trato del rey; nació como un proyecto inglés para socavar el poderío del imperio español y entregarle el territorio a los ingleses y norteamericanos.  

Para 1821, los Estados Unidos le compran la Florida a España. El desgaste de las guerras de independencia en América y la guerra por la recuperación de la España europea fueron el motor para que España, en vez de comenzar otra guerra defendiendo ese territorio de ultramar en contra de un país poderoso que era limítrofe, en vez de ser humillados y derrotados, prefiriera vender. Primera porción del imperio español que pasa a los dominios de los Estados Unidos.

En 1823, los Estados Unidos hacen una proclama expansionista conocida como la Doctrina Monroe, “América para los americanos”; en la práctica fue una advertencia a los gobiernos europeos en donde les anunciaban que cualquier intento de tomarse un país en el continente americano sería tomado como una agresión directa a los Estados Unidos y actuarían en concordancia.

Es evidente que ningún país en Hispanoamérica estaba en condición de defenderse de una invasión por parte de un país europeo y las ansias desde el viejo continente eran muchas, así que los norteamericanos pusieron un freno de mano diciendo: “Este territorio es mío y de nadie más”

A principios de la década de 1839, desde Washington se creó una campaña publicitaria en donde se anunciaba un territorio con inmensas minas de oro en medio de un desierto. El problema es que ese terreno no le pertenecía a los Estados Unidos y estaba bastante abandonado por el país al cual le pertenecía. Así nació la fiebre del oro, en donde miles de americanos pobres migran hacia el estado de Texas, cambiando completamente la demografía de la región, habiendo para el año 1836 nueve habitantes norteamericanos por 1 habitante mexicano.   

Con esa abrumadora mayoría norteamericana, en 1836, el Estado de Texas se declara independiente de México y los Estados Unidos inmediatamente le entregan su respaldo y protección. De esa forma, el gobierno desde Ciudad de México no pudo enviar tropas para repeler la rebelión y permitieron la separación de Texas de su territorio. En 1845, el Estado de Texas hace su incorporación formal a los Estados Unidos de América. Cabe anotar que lo que hoy es el estado de Texas es mucho más pequeño de lo que originalmente fue el estado de Texas que se unió a los Estados Unidos, porque este comprendía lo que hoy son los estados de: Nuevo México, Colorado, Kansas, Oklahoma, Wyoming y el mismo Texas. Primera gran porción de México que tomaron los Estados Unidos.

México mostró debilidad al no proteger su territorio y, para 1847, los estadounidenses se inventaron un ataque a un fortín militar dentro del estado de Texas. Así comienza la guerra de México contra los Estados Unidos, en donde México pierde el 55% de su territorio y hoy son los estados de: California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México (la mayor parte), Colorado (el lado oeste) y Wyoming (el lado oeste). En solo 20 años de independencia de México de España, perdió más de 3 millones de kilómetros cuadrados con los Estados Unidos. ¿Quién ganó con la independencia de América?

Para 1867, al norte del continente americano solo hay tres dueños: el imperio británico con Canadá, el imperio ruso con Alaska y los Estados Unidos. Los rusos, a sabiendas de que para ellos era imposible contener una invasión proveniente desde Canadá o desde los Estados Unidos, más aún sabiendo la relación que tienen ingleses con americanos, aceptaron la oferta de 8 millones de dólares y le venden Alaska a los Estados Unidos, aumentando así en más de 2 millones de kilómetros cuadrados el territorio.

Durante ese mismo año, desde Washington se promueve una migración de sus ciudadanos hacia un complejo de islas en medio del océano Pacífico. Ocurre la misma situación que con el estado de Texas unos pocos años antes y fue así como los norteamericanos compran vastas zonas en las islas del imperio de Hawái. Cuando fueron una amplia mayoría los angloparlantes, cambiaron el modelo de país, desde la monarquía hacia una república en el año 1893 y para el año 1894, Hawái solicita la anexión a los Estados Unidos. ¿América para los americanos?, ¿En qué parte de este continente están las islas de Hawái? Ahora el proyecto es global.

Para 1898, los Estados Unidos le declaran la guerra a España bajo el pretexto de un ataque a un buque de guerra anclado en La Habana. El ocaso del otrora gran imperio español, en donde el sol no se ocultaba bajo el reinado de Carlos V, vio caer sus últimas posesiones por fuera de Europa. Las islas de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas quedan independientes bajo la protección de los Estados Unidos.

Para principios del siglo XX, desde Washington se plantea la independencia de Panamá debido a que Colombia no accedía a la pretensión de la construcción de un canal interoceánico administrado completamente por los Estados Unidos. Fue así como en 1903 se declara la independencia de Panamá y, en menos de 24 horas, los Estados Unidos acogen bajo su protección a ese nuevo país y, en menos de 48 horas, Panamá firmó la cesión de todos los derechos para la construcción y operación del canal interoceánico.

Con Panamá fue clara una nueva proclama, la doctrina de Theodore Roosevelt, conocida como: El gran garrote: “Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegaremos lejos”. A partir de ese momento, los Estados Unidos desarrollaron su marina, conocida como la Gran Flota Blanca, que pusieron a navegar por todo el mundo para mostrar el poderío naval de la nueva potencia emergente.

En 1912, el presidente William Howard Taft dictó su doctrina bajo el siguiente mensaje: “No es lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen la extensión de nuestro territorio; una en el polo norte, otra en Panamá y otra en el polo sur”.

La expansión de los Estados Unidos se frenó por varios eventos que se dieron a principios del siglo cuando en Europa comenzaron una serie de guerras muy violentas por territorios, entre Rusia y Japón en 1904, entre Italia y Turquía en 1911, en la zona de los Balcanes entre 1912 y 1913, y todo concluyó con la llamada Gran Guerra (Primera Guerra Mundial), que duró desde 1914 hasta 1918. Así que el nuevo presidente norteamericano Woodrow Wilson implementó su propia doctrina: “Los gobiernos ‘interesantes’ en el extranjero deben ser depositados en manos de los ‘buenos’, aunque estos no sean más que la representación de una minoría de la población”

Se salvaron Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas y Panamá, que ya no fueron anexados a los Estados Unidos. De ahora en adelante, la política norteamericana sería el control de los gobiernos de los países, aunque esos gobernantes no fueran elegidos o respaldados por la mayoría de la población.

Hoy, cuando ha cursado más de un cuarto del siglo XXI, el presidente Donald Trump también tiene su doctrina y se conoce como: La doctrina Monroe 2.0 o la doctrina Donroe, la cual contiene: 1. Expulsión de potencias extra continentales; 2. Derecho a los Estados Unidos a intervenir en los países para garantizar su estabilidad; 3. América Latina como base de suministros para los Estados Unidos; 4. Intervencionismo selectivo en países cuyos mandatarios no sean afines.

Además, Donald Trump considera que está a la altura de los padres fundadores y los quiere honrar; su proclama: “Make America great again” es una clara alusión para volver a las bases fundacionales del país. Así que está obsesionado con aumentar el territorio norteamericano, bien sea por medio de Canadá, con más de 9 millones de kilómetros cuadrados; o con Groenlandia, 2.1 millones de kilómetros cuadrados; o con Venezuela de 900 mil kilómetros cuadrados. Todos ellos, riquísimos en recursos naturales, poco poblados y sin posibilidad de resistirse en caso de una guerra. Donald Trump quiere retomar la campaña de dominio global y la quiere comenzar aumentando su territorio en América. “América para los americanos”.

Así que hay un nuevo emperador en el continente y se llama Donald Trump. Esperemos que entregue el poder cuando termine su período presidencial y no desee perpetuarse como los líderes autócratas en estos países latinoamericanos bananeros.

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