(OPINIÓN) Desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo. Por: Mateo Arjona
A pocas semanas de la posesión presidencial, el economista y consultor en marketing estratégico Mateo Arjona sostiene que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ya asumió una dinámica de trabajo propia del ejercicio del poder. En esta columna, el autor destaca las reuniones, recorridos regionales, contactos internacionales y actividades adelantadas durante la transición, y plantea que esas primeras actuaciones anticipan el estilo de gobierno que, a su juicio, marcará el inicio de la nueva administración.
Abelardo de la Espriella todavía no se ha posesionado como Presidente de la República y ya trabaja como si el reloj de su mandato hubiera empezado a correr desde el mismo instante en que los colombianos le confiaron el destino de la Patria.
Mientras algunos esperaban semanas de celebraciones, descanso, ceremonias o discursos, el presidente electo tomó una decisión mucho más útil: comenzar a trabajar.
Y trabajar de verdad.
Su agenda de estas primeras semanas habla por sí sola. Ha sostenido encuentros con los presidentes de las altas cortes para fortalecer la institucionalidad; se ha reunido con alcaldes y gobernadores para conocer directamente las necesidades de los territorios; ha avanzado en la conformación de un gabinete con experiencia, carácter y conocimiento del Estado; y ha liderado sesiones de trabajo con sus ministros designados para comenzar a definir las prioridades del nuevo gobierno.
También puso en marcha el Empalme Regional, una forma de transición que no se limita a recibir informes desde los escritorios de Bogotá, sino que sale al encuentro de las regiones, escucha a sus autoridades y reconoce que Colombia debe gobernarse desde todos sus territorios.
En el frente internacional, sostuvo en Chiquinquirá su primer encuentro oficial con Hugo Guevara, encargado de Negocios de Estados Unidos en Colombia, y también se reunió con Shimizu Toru, embajador de Japón en Colombia.
Y, como si fuera poco, encabezó en Barranquilla una jornada de trabajo con sus ministros designados, demostrando que el gabinete no está esperando la posesión para comenzar a pensar, coordinar y preparar las decisiones que necesitará el país desde el próximo 7 de agosto.
Todo esto antes de recibir oficialmente la banda presidencial.
Pero su mensaje no se limita a la política, la economía o la diplomacia. Con la Peregrinación de la Esperanza por la Patria Milagro, y sus visitas al Señor de los Milagros, a Nuestra Señora de Las Lajas y a la Virgen de Chiquinquirá, ha reivindicado públicamente la fe y los valores del humanismo cristiano como parte esencial de la reconstrucción nacional. No son gestos menores: recuerdan que gobernar también exige gratitud, humildad y la convicción de que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás.
Quienes conocemos al Presidente sabemos que las jornadas comienzan muy temprano y terminan entrada la noche. Reuniones, viajes, llamadas, estudios, consultas, nombramientos, oración y planificación. Un trabajo de sol a sol, los siete días de la semana, entendiendo que dirigir una nación de más de cincuenta millones de habitantes no admite horarios de oficina.
Esa forma de trabajar genera una expectativa legítima: si así actúa antes de asumir formalmente el cargo, ¿cuánto podrá lograr cuando disponga de todas las herramientas institucionales para transformar el país?
Los colombianos llevan demasiado tiempo esperando un gobierno que entienda que la Presidencia no es un privilegio, sino una responsabilidad permanente.
Un gobierno que trabaje mientras otros descansan.
Que escuche mientras otros pontifican.
Que recorra las regiones mientras otros gobiernan desde los escritorios.
Que abra las puertas del país a la inversión y la cooperación internacional.
Y que, al mismo tiempo, reconozca que ninguna reconstrucción nacional será completa si no recuperamos los valores, la esperanza y el sentido de propósito que alguna vez nos unieron.
Si desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, las primeras señales son esperanzadoras y muestran que se logrará construir, La Patria Milagro.
— Mateo Arjona, Economista Consultor en Marketing Estratégico
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