(OPINIÓN) Antioquia, un lugar donde las excusas brillan por su ausencia. Por: María Alejandra Jaramillo Puerta
Una reflexión sobre la confianza, la infraestructura, la gerencia y esa capacidad de no amedrentarse frente a las dificultades
Hay territorios donde ven una montaña y encuentran un obstáculo, pues los antioqueños ven montañas permanentemente y lo que hacen es preguntarse cómo atravesarlas. Esta es quizás una de las mayores fortalezas que encuentro en la cultura paisa: pensar en grande y atreverse a ejecutar. No es un asunto de regionalismo; esta es una reflexión sobre la mentalidad antioqueña, la cual sin lugar a dudas está a otro nivel.
Medellín está enclavada en un valle estrecho rodeado de montañas, marcada por una geografía compleja que plantea enormes desafíos de movilidad; sin embargo, esas condiciones no le impidieron a los antioqueños construir un sistema de transporte que hoy integra Metro, Metrocables, Tranvía, Metroplús, buses integrados y alternativas como EnCicla.
Si observamos con atención, podemos apreciar que donde había una montaña hicieron túneles o colocaron un cable; donde se necesitaba capacidad de movilidad construyeron el Metro y donde las condiciones urbanas exigían una solución diferente apareció el tranvía, esto sin mencionar las escaleras y las patinetas eléctricas que recorren por doquier a Parques del Río. De lo anterior concluyo que en definitiva los paisas no intentan eliminar su imponente geografía ni se quejan de ella; la admiran y aprendieron a gerenciarla.
Encuentro un contraste inevitable: mientras Medellín puso en operación comercial su Metro en 1995 y durante más de tres décadas ha continuado ampliando el sistema, Bogotá, la capital del país, apenas en 2026 está construyendo su primera línea. No lo menciono para descalificar a Bogotá, lo indico porque esto demuestra que las grandes transformaciones requieren algo más que recursos; se necesita visión de largo plazo, continuidad, confianza institucional y capacidad de ejecución.
Hablando de confianza, esta también se construye y el ejemplo más reciente es extraordinario: en agosto del presente año el Metro de Medellín realizó su primera emisión local de bonos sostenibles; eso tiene un nombre, confianza. Un inversionista entrega su dinero porque confía en que esa institución cumplirá sus compromisos; por eso, detrás de esos bonos hay mucho más que una operación financiera, hay décadas de solidez y construcción institucional. La confianza también es capital que bien administrado termina financiando el futuro.
Esa misma capacidad de pensar en grande se refleja en Hidroituango. Sobre el río Cauca en medio de una geografía extraordinariamente compleja se construyó una central hidroeléctrica de gran magnitud. El proyecto ha enfrentado enormes dificultades y una contingencia que jamás debe minimizarse; sin embargo, pensar en grande no significa ocultar errores ni desconocer riesgos, significa tener la capacidad de afrontar una crisis, corregir el rumbo y continuar construyendo con responsabilidad.
Concluyo afirmando que Colombia necesita menos lamento y más gerencia; tenemos suficiente agua, recursos naturales, biodiversidad, acceso a dos océanos, tierras productivas, talento humano y una posición geográfica privilegiada. No somos un país pobre, somos un país que aún no ha convertido todo su enorme potencial en desarrollo.
Porque al final los pueblos que avanzan no son necesariamente aquellos que tienen la geografía más favorable o la mayor cantidad de recursos, sino aquellos que decidieron que sus dificultades jamás serían más grandes que sus aspiraciones.
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