Le salimos a deber al Pacto Histórico
Los últimos acontecimientos relacionados con los petrovideos, han activado la vieja y confiable estrategia de la victimización, que tantos réditos le ha dado a la «progresía» colombiana: la gravedad de los hechos no radica, según los simpatizantes del narcocomunismo, en las acciones reprochables que

Los últimos acontecimientos relacionados con los petrovideos, han activado la vieja y confiable estrategia de la victimización, que tantos réditos le ha dado a la «progresía» colombiana: la gravedad de los hechos no radica, según los simpatizantes del narcocomunismo, en las acciones reprochables que cometieron y cometen, sino en la osadía de haberlos dejado en evidencia.
La campaña más sucia en la historia de Colombia ha sido la que ha adelantado el Pacto Histórico en este 2022. Para tal fin, hicieron uso de un enorme arsenal de bajezas, conductas despreciables y odios intestinos, con el propósito mezquino y ruin de sacar lo peor de una sociedad violenta, pasional y emocionalmente enferma, que lo único que no necesita es justamente un movimiento político pirómano que pretenda, como Nerón, gobernar sobre las cenizas.
Conocidos los videos en los que Roy Barreras, Verónica Alcocer y Gustavo Petro, entre otros, afinan las estrategias de desprestigio y sicariato moral contra los oponentes; los simpatizantes del petrismo recurrieron a la victimización, en un esfuerzo con el que buscan desviar la atención del electorado, tratando de sacar de la agenda la multiplicidad de conductas innobles, reprochables, inmorales y antiéticas que salieron a la luz en las grabaciones, haciendo lo posible para enfocar los reflectores en la posibilidad peregrina de que ellos fueron infiltrados.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeLa respuesta estratégica del Pacto Histórico busca evitar que sus líderes tengan que explicar lo inexplicable, culpando a otros –a unos fantasmas que no logran precisar–, de la mala fortuna de haber sido descubiertos en lo que mejor saben hacer: asesinar moralmente al adversario.
Así las cosas, lo que está quedando en el ambiente es que les salimos a deber, pues en este cuento, muy forzado en realidad, los narcocomunistas quieren vender la idea de que lo malo no son las patrañas deshonrosas que divulgaron, ni las fake news que lanzaron a las redes, ni el aniquilamiento moral de seres humanos, ni la oferta-chantaje de perdón a los extraditables, ni la desviación de recursos, ni el pacto con corruptos, ni la elaboración y control de una retórica de exterminio de las ideas opuestas… Esos temas no se tocan ni son alarmantes –según ellos– porque lo grave, lo verdaderamente grave es que presumiblemente fueron infiltrados y se les violó el sacrosanto derecho a la intimidad.
Cómo olvidar que, con el mismo discurso, el frente jurídico y mediático del narcocomunismo se inventó unas chuzadas ilegales para rehuir espinosos asuntos como los regalos de narcotraficantes a magistrados, el complot para derrocar al presidente y la corrupción en el poder judicial colombiano. ¡Ojalá se hubiera conocido el contenido de las tales chuzadas! De seguro el país sabría, con más precisión, quienes y por qué asumieron la misión asesinar moralmente a Álvaro Uribe, ya que las FARC no pudieron eliminarlo físicamente con los atentados y los ataques con cilindros-bomba que lanzaron el 7 de agosto de 2002 contra la Casa de Nariño y que costaron la vida de 21 ciudadanos inocentes.
De manera más reciente, el libreto ha sido utilizado por Daniel Quintero Calle, quien ha tratado de venderse como una víctima de un monstruo que es la Procuraduría, aliada con el GEA, el uribismo y el fajardismo, entre muchos otros. Así, Quintero quiere obligar a la ciudadanía a pensar que lo malo no es su violación rampante y descarada de la Ley, ni el cinismo frente al cumplimiento de las normas, ni el actuar prepotente de pensarse por encima de la Ley… Lo malo, según Quintero, es que un organismo de control le puso «freno de mano» y le impidió que siguiera delinquiendo y desviando los recursos de la ciudad para favorecer al candidato de su preferencia.
Ese discurso estratégico, mezcla de victimización y cinismo, se antoja similar al cuento del sicario que es grabado mientras asesina a su víctima y decide responsabilizar al espectador por los hechos, pues este le habría violado su derecho a la privacidad, al grabar su crimen sin el permiso respectivo.
Lo cierto es que las verdaderas víctimas de toda la podredumbre, de la mala saña, de la desinformación y del accionar criminal de los «victimistas», somos los ciudadanos, pues no solo tenemos que enfrentar la depravación de los estrategas sino también, el señalamiento que nos hacen por haberlos dejado al descubierto. Qué lo sepan de una vez: no les debemos nada y, al contrario, ellos nos deben mucho… Con que confiesen sus tropelías y desistan de su ambición de destruir a Colombia, nos daremos por bien servidos.
JF
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