El silencio ensordecedor del gobierno Duque, frente al asesinato de nuestros policías
No solo es la indolencia de la nación frente al exterminio de nuestros policías. También hay que incluir en esta enumeración al gobierno que comenzará su periodo el 7 de agosto. Sin embargo, el silencio más ensordecedor, ese que resulta incomprensible, es el del gobierno Duque. Más allá de algunos t

No solo es la indolencia de la nación frente al exterminio de nuestros policías. También hay que incluir en esta enumeración al gobierno que comenzará su periodo el 7 de agosto. Sin embargo, el silencio más ensordecedor, ese que resulta incomprensible, es el del gobierno Duque.
Más allá de algunos tuits protocolarios y de una que otra declaración destemplada, el gobierno no ha dado un paso al frente para defender la vida de los policías. ¿Qué medidas se han tomado, durante estas semanas, para mejorar la seguridad de los uniformados? ¿Acaso Duque ha decidido interrumpir la señal de televisión, para pronunciarse ante toda la nación frente al exterminio que viene adelantando el Clan del Golfo o Autodefensas Gaitanistas de Colombia?
Esos silencios, más la parálisis para defender la vida de nuestros policías, resultan inaceptables. Puede que falten pocos días para concluir el mandato, pero la vida de un solo policía debería volcar a las calles al gobierno, y a la población civil, para mostrar la cohesión social en torno a la institución policial.
Sin embargo, parece que la indolencia de la nación y del gobierno central, se contagió en los diferentes territorios. Los gobernadores y alcaldes se hacen los de la vista gorda, y solo atinan a publicar un tuit de rechazo, que parece más un pronunciamiento condescendiente con los victimarios.
Porque a los asesinos hay que tratarlos como tal, y no como sujetos políticos con los que se debe negociar para llegar a una incomprensible y estúpida «paz total», esa que solo se logra en los mausoleos y sobre pilas de cadáveres. Construir siquiera un acercamiento con los terroristas, basados en la claudicación del Estado ante la afrenta del asesinato aleve, es condenar a Colombia a la destrucción de los mínimos principios y valores de la democracia.
Aceptar que la vida de cada policía asesinado es un nuevo peldaño que usan para ascender en la escala del poder, es condenar al país a un nuevo ciclo de violencia, pues tal acción va en contra del principio de que la paz es fruto de la justicia. El tal acuerdo de La Habana dejó un aprendizaje tenebroso, que tarde o temprano deberemos enfrentar: que el crimen sí paga y que hay que secuestrar en forma, asesinar a cientos y violar a decenas, para doblegar al Estado a los caprichos y visiones oligofrénicas de los criminales.
Ahora, con el anuncio de que negociarán con el Clan del Golfo, o Autodefensas Gaitanistas de Colombia, como les dé la gana de apodarse, siempre y cuando dejen de matar, equivale a premiar los crímenes que han cometido contra la Policía Nacional y contra todos los colombianos. De paso, es enviarles un mensaje absolutamente reprochable, en el que se les ofrece impunidad a cambio de silenciar sus fusiles.
¿Y la fuerza del Estado, en dónde queda? ¿Y de la justicia por nuestros policías sacrificados, no se sabrá nada más? Los policías asesinados, y los valientes que siguen en la institución, merecen mucho más que palmaditas en la espalda. Es con hechos, con fortaleza y coraje, que se enfrenta la amenaza terrorista. Colombia no puede estar sometida, nuevamente, a la humillación y a la guerra de los narcotraficantes.
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