Mier y Ditta, campeones con Cruz Azul. ¿Debe ir Mier al Mundial?
La gloria ha regresado a la Noria. En un desenlace digno de una película de suspenso, la Máquina Cementera de Cruz Azul se consagró campeón del fútbol mexicano al conquistar su ansiada décima estrella.
La gloria ha regresado a la Noria. En un desenlace digno de una película de suspenso, la Máquina Cementera de Cruz Azul se consagró campeón del fútbol mexicano al conquistar su ansiada décima estrella. El escenario no pudo ser más adverso ni más poético: la cancha de Ciudad Universitaria, donde el conjunto cementero tuvo que apelar a la épica para bordar un nuevo título en su escudo, rompiendo una sequía que le resultaba esquiva desde hace cinco años y con Kevin Mier como el guardián del arco celeste.

Foto: Cortesía
A lo largo de la serie, Cruz Azul fue el equipo que dictó el ritmo y dominó los hilos en términos generales, aunque el premio definitivo tardó en llegar. El camino hacia la remontada comenzó a abrirse con una dosis de fortuna, elemento indispensable en las noches de campeonato, siendo la única vía posible para vencer a un monumental Keylor Navas que parecía imbatible. Un autogol de Rubén Duarte encendió la chispa y envalentonó a una Máquina que, a partir de ese instante, se volcó con todo al frente.
Mermados por las lesiones y condicionados por una expulsión que los obligó a retroceder, los Pumas de la UNAM fueron cediendo terreno poco a poco ante el asedio celeste. Fue en el tiempo de agregado cuando apareció el gran héroe de la noche: Rodolfo Rotondi. Con un remate soberbio que dejó sin opciones al guardameta costarricense, Rotondi desató la locura en la parcialidad cementera y selló el tanto del triunfo definitivo.

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El mérito de este título es absoluto. Cruz Azul sorteó un torneo complejo: sin un estadio propio definitivo, mudándose de una sede a otra, y con técnico interino por 7 fechas que terminó siendo campeón de forma invicta desde su dirección en el banco. En la cancha, los pilares de esta gesta se construyeron desde atrás. El zaguero Willer Dita se consolidó como una muralla insuperable, mientras que el guardameta Kevin Mier se erigió como la gran figura del campeonato, sosteniendo al equipo en los momentos de mayor apremio.
Precisamente, el extraordinario nivel de Mier trasciende fronteras y traslada la presión directamente al banquillo de la Selección Colombia. El seleccionador Néstor Lorenzo se enfrenta ahora al enorme dilema de dejar por fuera de la convocatoria mundialista al actual arquero campeón y figura de la liga mexicana. La realidad del arco cafetero es compleja y solo dispone de tres cupos: Camilo Vargas, el dueño absoluto de la titular en la eliminatoria; David Ospina, el gran referente y hombre de mil batallas en citas mundiales; y Álvaro Montero, quien goza de un presente destacado en el fútbol argentino.
La Máquina Celeste superó la adversidad, domó la presión de su historia reciente y hoy celebra que la décima estrella ya brilla con luz propia en el firmamento cementero.
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