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(OPINIÓN) Elementos de contexto histórico. Por: José Obdulio Gaviria

Camilo García Giraldo fue militante del Partido Comunista Colombiano, organización que en su Congreso de 1961 decidió crear las FARC, guerrilla a la que dirigió políticamente hasta mediados de los 80.

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(OPINIÓN) Elementos de contexto histórico. Por: José Obdulio Gaviria
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Muchos militantes, horrorizados ante el monstruo que habían creado, se convirtieron en críticos internos. Uno de los casos más notorios fue el del representante a la Cámara y miembro del Comité Central, José Cardona Hoyos, asesinado a bala por las FARC en las calles de Cali por haber publicado un libro con sus duras críticas. Ese es el contexto histórico de las gravísimas acusaciones que García Giraldo formula contra Iván Cepeda en la carta que cita El Colombiano.

Por eso Alfonso Cano, comandante de las FARC, promovió la creación de un Partido Comunista Clandestino (conocido como PC3). Quería separar formalmente las estructuras legales del Partido Comunista de las estructuras armadas de las FARC, para proteger a dirigentes legales del PC (entre ellos los Cepeda) de responsabilidades penales directas por las acciones criminales de las FARC, evitando una investigación profunda tipo “FARC-política”, equivalente a la que sí se realizó con la “parapolítica”.

Siempre hubo un enlace directo entre las FARC y sus políticos. Muestra de ello es este email que aparece en los archivos de Raúl Reyes, fechado en febrero/marzo de 2008, en el que Alfonso Cano le da instrucciones:

“Camarada Raúl:

Hay que apoyar la marcha que está organizando Iván Cepeda y su fundación de víctimas para que opaque la marcha contra las FARC que hizo José Obdulio. Eso nos permite desviar la atención y mostrar que hay víctimas de todos los lados.”

Las sindicaciones directas de Camilo García Giraldo contra el senador Iván Cepeda ameritan una investigación de la Corte Suprema de Justicia (especialmente porque el declarante es víctima y manifiesta su disposición a colaborar con la justicia):

1. En septiembre de 1988, Iván Cepeda, militante del Partido Comunista que visitaba frecuentemente con su padre Manuel Cepeda la Casa Verde (sede del Secretariado de las FARC), le propuso escribir un artículo crítico contra las FARC para publicarlo en el periódico interno del partido. García aceptó y lo escribió.

2. Menos de un mes después recibió en su casa un sufragio con un mensaje amenazante: “Aunque el mono se vista de seda, mono se queda”. Sospechó que las FARC eran las autoras de esa amenaza.

3. Ante el riesgo, solicitó asilo político y lo obtuvo del Gobierno sueco en enero de 1989.

4. Ya instalado en Suecia, escribió varias cartas a Iván Cepeda, pero nunca recibió respuesta, lo que le generó inquietud.

5. En 1992 regresó a Bogotá y se encontró casualmente con Cepeda, quien se mostró muy entusiasmado, lo invitó a comer y le presentó a su novia. Fue la única persona a quien le dio el teléfono del apartamento donde se hospedaba. Pocos días después comenzó a recibir llamadas con amenazas de muerte. García afirma que no podía ser nadie más que el propio Cepeda o alguien enviado por él.

6. Posteriormente, un investigador del CINEP le confirmó que la amenaza provenía efectivamente de Iván Cepeda.

7. Según el testimonio de Isabel García (esposa del poeta Armando Orozco), existía un comité semiclandestino del Partido Comunista, dirigido por Manuel Cepeda y del que luego hizo parte Iván, cuya función era identificar “personas incómodas” (críticas de las FARC) para informar al Secretariado de las FARC y que estas fueran amenazadas o asesinadas.

8. García asegura que muchos de los crímenes encargados por este comité a las FARC quedaron impunes y guardados en secreto.

9. Iván Cepeda se ha empeñado en ocultar estas actividades y en presentarse como un defensor de derechos humanos, proyectándose como heredero de su padre en esa causa. García asocia estos comportamientos con la “banalidad del mal” de Hannah Arendt.

Las denuncias no pueden ser despachadas como simples “opiniones”. Provienen de un testigo directo que se ofrece a colaborar con la justicia. Corresponde a las autoridades, y especialmente a la Corte Suprema de Justicia, determinar su veracidad.

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