América Latina: desigualdad y populismo
El asunto está claro: el populismo en esta región del continente tiene origen en dos variables íntimamente ligadas como lo son la desigualdad y una clase política tradicional, añeja, corrupta, incapaz e insolidaria.

Por: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
El asunto está claro: el populismo en esta región del continente tiene origen en dos variables íntimamente ligadas como lo son la desigualdad y una clase política tradicional, añeja, corrupta, incapaz e insolidaria. Ambas variables contribuyen a la inestabilidad de su sistema económico del cual se han aprovechado unos cuantos encantadores de serpientes como Lula, Mujica, Maduro, Evo, Correa, los Kirchner, Díaz Canel y Petro, para hacerle creer a un importante segmento de la población, que ha llegado la hora de cambiar nuestro sistema económico y que los salvadores de estos terruños nacidos de las entrañas del Foro de Sao Pablo, son los poseedores de las pócimas extraídas de los aguacates y el decrecimiento como fórmula mágica de salvación.
Con relación a la primera variable, se precisa decir que, en América Latina, tanto la desigualdad como la pobreza han sido relegadas a un segundo plano por parte de los gobiernos de los países que la conforman, para darle prioridad al crecimiento económico como única salida al problema. Estudios serios publicados por Oxfam en su documento intitulado Privilegios que niegan derechos: Desigualdad extrema y el secuestro de la democracia en América Latina han demostrado que si entre los años 2011 y 2019 la desigualdad se hubiera reducido en al menos cinco puntos, alrededor de unos 17,4 millones de personas hoy estarían por fuera de la pobreza (incluyendo el tiempo de pandemia); pero si el ejercicio fuese al contrario, o sea, si se aumentara en cinco dígitos dicha desigualdad, hubiera producido unos 18 millones de nuevos pobres más lo que provocó la pandemia del COVID-19
Por otra parte, la CEPAL en su informe Panorama Social 2022 indica que 201 millones de personas (32,1% de la población total de la región) viven en situación de pobreza, de los que 82 millones (13,1%) se encuentran en pobreza extrema. Para más señales del desastre económico, más del 45% de la población infantil y adolescente vive en la pobreza y la tasa de pobreza de las mujeres de 20 a 59 años es más alta que la de los hombres en todos los países. La desocupación que se proyectó para 2022 representa un retroceso de 22 años, afectando especialmente a las mujeres, pues la desocupación en ellas subió de 9,5% en 2019 a 11,6% en 2022. De igual forma, la pobreza es considerablemente más alta en la población indígena y afrodescendiente.
El organismo regional llama a abordar con urgencia la crisis silenciosa de la educación (fuertemente asociada a la pobreza) para evitar el riesgo de una generación perdida. Así las cosas, dicha desigualdad encarna un peligro inminente sobre la sociedad en general de la región, pues tiende a incrementar la pobreza a velocidades insospechadas, alimentando los cordones de miseria de las principales ciudades, el abandono del campo, el incremento incontrolado de bienes y servicios y, por supuesto, la generación de una extrema violencia, lo que se traduce en un caldo de cultivo para el populismo rampante que ya viene haciendo estragos en muchos de los países latinoamericanos y con tendencia a instaurarse, pero que a su vez, hace trizas a los partidos políticos tradicionales de los países de la región, absorbidos por el llamado PROGRESISMO, que no es más que la claudicación de sus postulados filosóficos ante la avalancha de la mermelada de los gobiernos populistas de turno.
Urge reducir la brecha existente entre los más ricos y los que menos tienen (que es escandalosa): en el año 2018 el 10% de los más pobres tenían ingresos tan míseros que apenas alcanzaban el 1.3% del total de la región, entre tanto, el 10% con ingresos más altos se quedaba con el 37%. ¡Brutal! Y si se le echa una ojeada a lo concerniente a la riqueza y el patrimonio, el panorama es espeluznante: en el año 2019, el 10% de los más ricos de esta región del mundo acumulaban la bicoca del 71% de la riqueza y el patrimonio, en contraposición de un 70% los más pobres que apenas alcanzaron a acumular un 10% de dicha riqueza. ¡Un verdadero exabrupto ¡
Para más señales del porqué de tanto populismo en América Latina, indiquemos que entre los años 2010 y 2015 la fortuna de los multimillonarios creció en un 21% promedio anual (creció seis veces más que el PIB de la región que fue de un 3.5% anual) y un 6% más alto que el crecimiento de la riqueza del resto del mundo. Rematemos: los multimillonarios de Latinoamérica, esos que cuentan con fortunas superiores a 30 millones de dólares, que son más de 14 mil (multipliquen, no más) y con su riqueza se podría eliminar la pobreza extrema de Colombia, Brasil, Guatemala, Honduras, Nicaragua, México y otros cuantos países más. ¿Si ven cómo es el asunto?
Lo señalado anteriormente podrá ser dramático, pero es el caballito de batalla que utilizan los populistas para generar odios de clase, considerar a los ricos como los mayores enemigos de los ciudadanos pobres y del mismo gobierno populista; gobierno que considera que con la aplicación de exagerados impuestos, podrá otorgar subsidios y de esta manera revertir la pobreza, pero que se traduce una fórmula estúpida y contraproducente porque reproduce más miseria y menos mano de obra.
En Colombia, nos apura un populismo apalancado en el hambre, la pobreza, la violencia y el narcotráfico como producto de una pésima gestión centralista y sin escrúpulos desde hace ya muchas décadas, pero que ahora en manos de unos personajes inescrupulosos de derecha, subyugados por una izquierda ambiciosa pletórica de odios, conducen a este país lentamente a un despeñadero sin fondo.
¡Estamos avisados!

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