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(OPINIÓN) Agenda global del FMI sobre inteligencia artificial. Tecnorrepúblicas y países clientes. Por: Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera

Voceros de las compañías tecnológicas, del gobierno de Estados Unidos, del Fondo Monetario Internacional y de bancos centrales como el de Canadá expusieron en Bangkok, entre el 12 y el 18 de octubre de 2026, durante las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial, sus posturas sobre la inteligencia artificial, las alarmas que les despierta, la regulación que reclaman para ella y el lugar que le asignan como eje de la economía mundial, y en esas intervenciones se ratificó que el régimen de acumulación descansa hoy en las relaciones de control, poder y propiedad sobre los recursos, las cadenas de producción y la infraestructura cognitiva planetaria.

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(OPINIÓN) Agenda global del FMI sobre inteligencia artificial. Tecnorrepúblicas y países clientes. Por: Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera

Multilateralismo sigue siendo la palabra, aunque su contenido cambió; el orden que se dibujó en Bangkok coloca en el centro de la coordinación a los Estados productores de inteligencia artificial, Estados Unidos y China, contenedores de la mutación tecnocapitalista y socios de las tecnoseñorías propietarias de la infraestructura cognitiva global y de las cadenas críticas de producción, ubica a India, a los proveedores de chips y a Europa en anillos sucesivos y asigna al resto la condición de países usuarios, como los nombró Tiff Macklem, gobernador del Banco de Canadá, es decir, de países clientes.

Semejante jerarquía atraviesa la relación de los individuos con las instituciones y con el Estado en el ejercicio de sus derechos, su soberanía y su autonomía, mientras sostiene un rapto permanente de agua, energía, conocimiento, experiencia, lenguaje y memoria.

Sesionó el viernes 16 de octubre el panel «La IA y la economía global, del riesgo a la oportunidad», moderado por Richard Quest, periodista de CNN, que reunió a Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, con Jack Clark, cofundador de Anthropic, Tiff Macklem, Tobias Meyer, director ejecutivo de DHL Group, y Ayesha Khanna, directora ejecutiva de Addo; «estamos compitiendo, y la pregunta es cómo instalamos barreras para que, si un auto sale volando, no mate a la gente», dijo Georgieva, y advirtió que «si no hay salvaguardas, los riesgos pueden superar las oportunidades».

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Puesto en cuestión, el debate se ordenó alrededor de una fórmula: regulación sí, siempre que la escriban los países productores junto con sus compañías, con el Estado como socio que obtiene a cambio la legitimidad cristalizada en cada decisión compartida, y en ella convergen el aceleracionismo que desregula y el que dice contener la carrera.

Tras esa fórmula asoma la alianza entre la industria del software y el Estado que Alexander Karp, director ejecutivo de Palantir Technologies, propone en su libro La república tecnológica (2025), escrito con Nicholas Zamiska, alianza que en Bangkok adquirió su versión financiera cuando la potencia productora reclamó también el gobierno mundial de la técnica.

Más radical, Nick Land sostiene en su ensayo La Ilustración oscura (2012) que la democracia frena el progreso y retoma de Curtis Yarvin la idea de un Estado administrado como corporación y responsable ante sus accionistas, horizonte que reaparece sin su retórica cuando un organismo multilateral delega la norma en quienes concentran el capital tecnológico y reduce a los demás países a la condición de usuarios.

Reuters consignó que Georgieva consideró apropiada la autorregulación del sector, dado que los países no estaban en buenas condiciones para regular un ámbito en constante transformación, con participación de Estados Unidos, China, India y los proveedores de chips, y que dejó a los demás las condiciones previas: electricidad, redes digitales y ciberseguridad.

Lejos de atenuar la metáfora, Jack Clark replicó que «los juguetes que compro para mis hijos están más regulados que la literal superinteligencia en la que trabajo a diario» y advirtió que «no pueden ser solo las empresas las que tomen estas decisiones»; consultado sobre la regulación de los países productores, contestó «sí, necesitamos estándares de sentido común» y propuso «probar una vez, operar en cualquier parte».

Invitado a dictar el sábado 17 la Conferencia de la Fundación Per Jacobsson, Clark sostuvo que «la singularidad está aquí», que «los laboratorios como Anthropic tendrán que decidir cuánta supervisión aplicamos a la investigación impulsada por IA» y que los responsables de políticas «tendrán que ayudarnos a encontrar maneras de acelerar» el paso de los descubrimientos a clínicas y fábricas, aunque el desarrollo de la tecnología misma deba ir «despacio y de manera deliberada», y se dirigió a los países en desarrollo como los que «suministran los ingredientes básicos» de la empresa de la IA.

Distinto fue el acento de Tiff Macklem, que afirmó que «hay que encontrar la manera de ayudar a los perdedores» y pidió que los países usuarios puedan probar los sistemas por su cuenta, petición que reduce su soberanía a examinar un producto ajeno antes de comprarlo.

Estados Unidos llevó a Bangkok su política de denominar superinteligencia a la inteligencia artificial, que el presidente Trump decretó en septiembre; Erin Browne, subsecretaria del Tesoro para Asuntos Internacionales, declaró el jueves 15 de octubre que usar ese término «es una clara prioridad de Estados Unidos», y aunque la declaración del Comité Monetario y Financiero Internacional del sábado 17 habló de «tecnologías de inteligencia avanzada», el consenso borró la palabra artificial, con lo cual el nombre quedó subordinado a la pretensión de haber llegado primero.

Pekín jugó la misma partida con otro libreto; Han Zheng, vicepresidente de China, afirmó ante la Asamblea General el 26 de septiembre que «ningún país puede prosperar sin un entorno abierto y basado en la cooperación», y según Perspectivas de la economía mundial del Fondo, Estados Unidos y China absorben más del 75% de las importaciones netas de hardware de cómputo para IA y el 57% de los centros de datos construidos desde 2024.

Cifras del Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial del 13 de octubre muestran que los hiperescaladores pasaron de emitir menos del 1% de los bonos con grado de inversión del mundo en 2024 al 10%, y que 14 operaciones desde 2023 suman 300.000 millones de dólares en capital y 650.000 millones en deuda a cambio de 1,4 billones en compras que regresan a los mismos inversionistas, al tiempo que Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta Platforms prevén para 2026 inversiones de capital cercanas a 700.000 millones, que Evercore y Bank of America proyectan por encima del billón en 2027.

Contener el gasto público y encarecer el crédito fue lo que Georgieva pidió el 7 de octubre en Singapur, receta que recae sobre países en desarrollo cuyo servicio de deuda ya consume el 14% de los ingresos públicos, de modo que la periferia paga por anticipado el riesgo de una apuesta cuyas ganancias se quedan en el centro.

Régimen de acumulación llamó Michel Aglietta, en su libro Regulación y crisis del capitalismo (1976), a la forma estable en que una época organiza la producción y el reparto del excedente; el crecimiento de esa deuda marca el desplazamiento de su centro hacia la capa decisiva del cómputo, donde la competencia premia al primero en controlarla, y el Fondo custodia la valorización de las tecno-repúblicas.

Colombia figura entre los países clientes; en el Acuerdo Marco Nube Pública IV de Colombia Compra Eficiente, la reconstrucción propia de las órdenes de compra entre diciembre de 2022 y marzo de 2026 suma 1,10 billones de pesos, 4 revendedores encabezados por Controles Empresariales concentran el 74,6% y no se identificó en los datos abiertos registro del fabricante, Amazon, Google, Microsoft u Oracle, al que corresponde cada compra, lo que deja al Estado arrendando una infraestructura cuyo propietario no consigna.

Queda como salida convertir la verificación que pidió Macklem en cómputo propio, en regulación de la propiedad de la infraestructura y en negociación regional en bloque; Georgieva, el sábado 17, dijo a su auditorio «no se dejen convencer por los tipos que fingen tener las respuestas, los están engañando», advertencia que alcanza a la gobernanza que ella misma propuso la víspera.

Nota editorial. La investigación, la tesis y la autoría del texto corresponden a Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera; se empleó asistencia de inteligencia artificial para la revisión gramatical, la verificación de fuentes y la composición tipográfica.

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