El asedio a la Corte Suprema de Justicia
Por:Julio González Villa En Roma, desde su fundación (754 a.d.C), se estableció la división de poderes: existió la monarquía, pero simultáneamente existía el Senado, formado por los primeros padres, representantes de las familias patricias, y la Asamblea que dictaba las leyes. Posteriormente en La R
Por:Julio González Villa
En Roma, desde su fundación (754 a.d.C), se estableció la división de poderes: existió la monarquía, pero simultáneamente existía el Senado, formado por los primeros padres, representantes de las familias patricias, y la Asamblea que dictaba las leyes.
Posteriormente en La República romana (509 a.d.C. al año 27 a.d.C.), los cónsules reemplazan al Rey en la comandancia de las Legiones, y se mantienen el Senado y la Asamblea para las votaciones de leyes.
Es clara entonces la división de poderes. Polibio, pensador griego, cercano al círculo de los Escipiones, pues fue adoptado por éstos como maestro al ser llevado a Roma como rehén en garantía del cumplimiento de las obligaciones que adquirió Grecia con Roma por su derrota militar, atisbó la sana mezcla de poderes en Roma: los cónsules eran como la monarquía; los senadores, eran la aristocracia; y la Asamblea romana era la democracia.
Los griegos no fueron capaces de llevar a la práctica la sana mezcla de poderes, que sí encontraron los romanos. Los griegos sólo teorizaron sobre las tres formas clásicas de gobierno y sus respectivas degeneraciones: Monarquía que se degenera en Tiranía; Aristocracia que se degenera en Plutocracia u Oligarquía; y Democracia que se degenera en demagogia.
En la edad media, durante las monarquías feudales, se habló de los Tres Estados: La Nobleza, El Clero y la Burguesía.
Los teóricos como Montesquieu, ad portas de la revolución francesa, escribieron sobre la división y equilibrio de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Estas tesis han encontrado en la democracia el clásico principio de los pesos y contrapesos, haciendo que cada poder se controle así mismo.
Es esencial entonces a una democracia o una república, que los tres poderes existan y se respeten así mismos, de manera que, si existe uno de ellos que quiera imponerse a los otros, se estaría resquebrajando una milenaria costumbre fortalecida por incontables soportes académicos y políticos.
Cuando Gustavo Petro instó a las masas a asediar a la Corte Suprema de Justicia para que elijan “inmediatamente” fiscal general, de la terna que él envió a la Corte, está entrometiéndose en los fueros de la Corte.
Recuerdo que la Corte Suprema de Justicia no eligió fiscal de la terna que le entregó el presidente Alvaro Uribe Vélez. No se le ocurrió al presidente Uribe azuzar al pueblo para que asediara a la Corte.
También recuerdo los tiempos que se tomó la Corte Suprema de Justicia para elegir fiscal general de otras ternas enviadas por otros presidentes.
Tenemos que salir todos los colombianos a respaldar los fueros de los poderes públicos para evitar que una tiranía, que es el resultado de la degradación de un ejecutivo, destroce la democracia colombiana.
Las Cortes son las que tienen que salir a defender la constitucionalidad y la legalidad. Son ellas las que determinarán que acciones u omisiones del ejecutivo y/o del legislativo, vulneran el estado de derecho.
Colombia entera tiene que expresar el rechazo al asedio al que fue sometida la Corte Suprema de Justicia por parte del Ejecutivo.
Lo que ocurrió el pasado 8 de febrero al intentar una masa alentada, auspiciada, empujada por el presidente de la República, entrar a la Corte, insultar a los magistrados, cercarlos, retenerlos, presionarlos, obliga a una serio análisis sobre el peligro del estado de derecho en Colombia.

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