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La amenaza es el narcotráfico, no la aspersión aérea, según el ministro de justicia Iván Cancino

El ministro de Justicia, Iván Cancino, ha precisado que la verdadera amenaza para Colombia es el narcotráfico, no la aspersión aérea, la cual debe ser vista como una herramienta estatal para proteger a las comunidades y recuperar territorios.

REDACCIÓN
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La amenaza es el narcotráfico, no la aspersión aérea, según el ministro de justicia Iván Cancino

El ministro de Justicia, Iván Cancino, ha emitido una contundente declaración en la que subraya que la verdadera amenaza para Colombia no reside en la aspersión aérea de cultivos ilícitos, sino en el narcotráfico mismo. Esta postura busca reorientar el debate público, presentando la aspersión como una herramienta estatal necesaria para la protección de las comunidades y la recuperación territorial, en lugar de un riesgo.

La aspersión aérea como herramienta de protección

En un documento oficial, el ministro Cancino enfatiza que la aspersión aérea no debe ser percibida como una amenaza para la nación. Por el contrario, debe ser comprendida como un instrumento fundamental a disposición del Estado colombiano. Su propósito principal es salvaguardar a las comunidades afectadas, facilitar la recuperación de vastas extensiones de territorio que han caído bajo el control de grupos ilegales y, crucialmente, combatir una de las principales fuentes de financiación de las organizaciones criminales que operan en el país.

El narcotráfico: la verdadera amenaza

La declaración del ministro es clara al señalar que la amenaza real y persistente son los cultivos ilícitos, especialmente cuando estos se encuentran bajo el dominio de estructuras armadas ilegales. Las rentas generadas por estas actividades ilícitas son el combustible que financia a las organizaciones criminales. Estas, a su vez, perpetran una serie de delitos graves que afectan directamente a la población, como la extorsión, el reclutamiento forzado de menores, el desplazamiento de comunidades enteras y el confinamiento de poblaciones, generando una parte significativa de la violencia que azota a diversas regiones de Colombia.

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La inacción como riesgo

El ministro Cancino argumenta que el debate sobre este tema no puede partir de la premisa de que actuar es el problema. Por el contrario, sostiene que la inacción es lo que realmente pone en riesgo a las comunidades. La falta de acción estatal fortalece a las organizaciones criminales, permitiendo que las economías ilegales continúen expandiéndose y consolidándose. Cuando se restringe la capacidad del Estado para utilizar herramientas eficaces contra los cultivos ilícitos, se comprometen derechos fundamentales como la vida, la seguridad, la libertad y la paz. Asimismo, se afectan los derechos prevalentes de la niñez y el derecho de las comunidades a vivir libres del sometimiento de estas organizaciones criminales.

Impacto ambiental de los cultivos ilícitos

Más allá de las implicaciones sociales y de seguridad, el ministro también aborda la dimensión ambiental del problema. Los cultivos ilícitos son una causa directa de la destrucción de bosques, la expansión descontrolada de la frontera agrícola ilegal y la contaminación de fuentes hídricas vitales. Además, en el proceso de producción de cocaína, se utilizan sustancias químicas altamente nocivas que tienen un impacto devastador en los ecosistemas y la salud pública.

La aspersión aérea como parte de la solución

En este contexto, la aspersión aérea, cuando se aplica bajo estrictos parámetros técnicos, ambientales, sanitarios y constitucionales, debe ser vista como una parte integral de la solución al problema del narcotráfico, y no como el problema en sí mismo. Colombia, según el ministro, necesita disponer de todas las herramientas legales y constitucionales disponibles para enfrentar eficazmente el narcotráfico. Renunciar anticipadamente a alguna de estas herramientas significa limitar la capacidad del Estado y, en la práctica, fortalecer a aquellos que controlan las economías ilegales.

La obligación del Estado: proteger

La obligación primordial del Estado colombiano es proteger. Esta protección se extiende a los campesinos, a la niñez, a las comunidades, al medio ambiente y al territorio nacional en su conjunto. Por lo tanto, la posición del Ministerio de Justicia es inequívoca: la aspersión aérea, debidamente regulada y controlada, no debe ser presentada como una amenaza. La verdadera amenaza es el narcotráfico, y la aspersión es una herramienta legítima para combatirlo.

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