¿Se cocina el fraude electoral del siglo XXI en las regionales de este año?
El fraude electoral del siglo XXI es integral. Ya no se trata simplemente de la adulteración de un tarjetón sino que contempla toda una estrategia para demoler la democracia

Por Jaime Restrepo Vásquez
Con el desarrollo tecnológico, muchas cosas han cambiado en el mundo. Una de ellas es el fraude electoral. En el pasado, las papeletas eran marcadas con anticipación y así, algunos corruptos conquistaban el objetivo.
El fraude electoral del siglo XXI es integral, tal y como lo describe Alejandro Peña Esclusa en su libro Los fraudes electorales del Foro de Sao Paulo. Ya no se trata simplemente de la adulteración de un tarjetón sino que contempla toda una estrategia que usufructúa la candidez de la democracia.
En esa estrategia está incluida la incorporación de los fabulosos recursos del narcotráfico, que irrigan subrepticiamente las campañas de los sectores que, de labios para afuera atacan y denigran al narcotráfico, aunque en la realidad son sus grandes beneficiarios. Con esos dineros, que no pasan por los libros contables, ni son auditados, ni son explicados en las rendiciones de cuentas, los corruptos del fraude nutren la compra de votos, posicionan su imagen y aparecen hasta en la taza de café de los electores.
Además, los recursos ilegales sirven para sobornar funcionarios para que se hagan los de la vista gorda y permitan —o no se den cuenta— de la manipulación de los sistemas de conteo electrónico, ya sea mediante adulteraciones obscenas hechas por algún «comprado» o con algoritmos incorporados en los programas de conteo que finalmente le entregan el triunfo a quien no ganó.
Sin embargo, los dineros ilegales son solo una parte de la estrategia de fraude, ya que además son útiles para financiar otra táctica a la que podríamos denominar la demolición del adversario.
¿Recuerdan aquello de «correr las líneas éticas»? Pues bien. Que la gente decida pasar por encima de sus convicciones es posible no solo por la deformidad moral sino también por las utilidades que tal acción les representa. Esa demolición fue comprobada plenamente en Colombia, durante la campaña a la Presidencia en 2022. De hecho, ya en 2019 pusieron en funcionamiento un laboratorio de prueba en las elecciones regionales de aquel año.
Asimismo, la estrategia de fraude incluye la movilización de sectores radicales para que pongan a la sociedad en jaque y así fomentar un ambiente de zozobra que lleva a muchos votantes a claudicar en favor de los corruptos fraudulentos.
Paralelamente, el fraude integral del siglo XXI cuenta con la participación de funcionarios judiciales de medio y alto rango, quienes se prestan para estructurar procesos penales y administrativos contra aquellos candidatos y partidos que son una amenaza para los intereses de los del fraude. Así, el protocolo indica el momento para difundir la apertura de un proceso contra determinado aspirante, contando además con cajas de resonancia en algunos medios de comunicación que están debidamente financiados por los corruptos.
Toda esta estrategia ya se vio en pleno funcionamiento en Chile, Perú y Colombia. Sin embargo, los actuales candidatos —que no son de la cuerda del fraude del siglo XXI— parece que no se han enterado de esta estrategia integral, ni se inmutan por los narcorrecursos fabulosos que están enfrentando mientras en sus toldas tienen que mendigar por algunas monedas para darle algo de vida a sus campañas.
Colombia no puede equivocarse. Las elecciones regionales del 29 de octubre serán el punto de quiebre y allí se definirá si el país queda bajo el control de los totalitarios del fraude o la ciudadanía se faja el lomo y rompe con la estrategia con miras al 2026.
Arrebatarles a Medellín, Cali y Bogotá a los del fraude es fundamental para enfrentar la dictadura en ciernes. No obstante, con las indecisiones y la obstaculización para el desarrollo de nuevos liderazgos resulta imposible la implementación de tácticas como la conformación de ejércitos de testigos electorales y de comités de veeduría para la contabilización de los votos, pues nadie está dispuesto a jugársela a fondo debido a la incertidumbre relacionada con los nombres que estarán en el tarjetón del 29 de octubre.
Por andar pensando con el ego y la soberbia, a algunos parece no importarles el futuro de las ciudades y del país en general. Ya es hora de despertar y de enfrentar la extraordinaria maquinaria de fraude que ya está engrasada en Colombia.
Al cierre: esta es la conversación que tuvimos con el excandidato presidencial de Venezuela, Alejandro Peña Esclusa, sobre el fraude integral y los mecanismos para enfrentarlo.
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