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(OPINIÓN) Poder enfermizo. Por: María Clara Posada

Las enfermedades del poder no constituyen un catálogo abstracto de rarezas psicológicas, sino un conjunto de patrones de comportamiento ampliamente estudiados por la psicología política.

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(OPINIÓN) Poder enfermizo. Por: María Clara Posada

Autores como Lord David Owen y Jonathan Davidson han advertido que el ejercicio prolongado e incontestado del poder puede deteriorar la autocrítica, distorsionar la percepción de la realidad y alimentar una arrogancia cognitiva que termina confundiendo los intereses personales con los del Estado. A la luz de estos planteamientos, el gobierno de Gustavo Petro (al que le faltan mal contados 28 días) ofrece un caso de análisis particularmente interesante por la reiteración de conductas que pueden examinarse desde este marco teórico. Uno de los rasgos más notorios ha sido la dificultad para aceptar el disenso.

Las críticas provenientes de las altas cortes, de los gremios económicos, de sectores de oposición o de medios de comunicación suelen ser respondidas mediante una fuerte personalización del conflicto, presentándolas no como discrepancias propias de una democracia pluralista, sino como ataques dirigidos contra su proyecto político. Este estilo de liderazgo desplaza con frecuencia el debate institucional hacia una confrontación permanente entre el mandatario y quienes considera sus adversarios y llega incluso a la intromisión vergonzosa que corroe el sistema de pesos y contrapesos.

Esa dinámica, también, ha venido acompañada por una narrativa recurrente según la cual los principales obstáculos de su gobierno obedecieron a la acción coordinada de poderes que buscan impedir las transformaciones propuestas. Las dificultades en la reforma de la salud, los problemas de seguridad o los resultados económicos fueron atribuidos con frecuencia a la resistencia de élites tradicionales, a sectores de la prensa, a intereses económicos, a Trump, al uribismo siempre al uribismo o a estructuras que el propio presidente ha denominado "deep state". Desde la perspectiva de la psicología política, esta tendencia puede interpretarse como una manifestación del sesgo de confirmación, mediante el cual el líder privilegia la información compatible con sus convicciones y resta importancia a evidencias que las contradicen.

Resulta especialmente llamativo que varios de estos comportamientos parezcan haberse acentuado a medida que se acerca el final de su mandato. En las semanas posteriores a las elecciones presidenciales de 2026, Petro intensificó sus denuncias sobre presuntos fraudes electorales, manipulaciones algorítmicas, injerencias de poderes ocultos y acciones coordinadas para impedir la continuidad de su proyecto político, afirmaciones que no han sido respaldadas por las autoridades electorales ni por las misiones internacionales de observación. Esta evolución coincide con una de las advertencias formuladas por Owen: En determinados liderazgos, la proximidad de la pérdida del poder puede reforzar la tendencia a interpretar los límites institucionales y los reveses políticos como el resultado de conspiraciones antes que como expresiones normales del funcionamiento democrático.

Otro elemento relevante es el tono marcadamente providencial que con frecuencia adopta su discurso. Petro suele presentar su proyecto político como una transformación histórica de carácter excepcional, lo que favorece una relación conflictiva con los contrapesos institucionales. Sus cuestionamientos al Congreso, al Banco de la República, a las altas cortes, a los organismos de control, al sistema electoral y a otras instituciones reflejan una tendencia a considerar que quienes discrepan de sus decisiones representan obstáculos para el cambio, más que componentes esenciales del equilibrio constitucional.

La literatura sobre el poder advierte que la combinación entre personalización del liderazgo, desconfianza creciente hacia las instituciones, percepción de infalibilidad y dificultad para aceptar el error puede deteriorar la calidad de la deliberación democrática. En ese sentido, el caso colombiano invita a reflexionar sobre la importancia de preservar la independencia de la justicia, la libertad de prensa, la separación de poderes y los mecanismos de control, como salvaguardas indispensables frente a los riesgos que puede generar la concentración del poder en cualquier democracia, en el gobierno de la oscura noche y en cualquier otro gobierno que le suceda. 

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