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Expertos alertaron sobre el impacto de los malos hábitos en la microbiota intestinal y advirtieron que las vacaciones también pueden alterarla

Aunque suele relacionarse únicamente con la digestión, la microbiota intestinal desempeña un papel determinante en el funcionamiento integral del organismo. Especialistas en salud advierten que factores cotidianos como una alimentación basada en ultraprocesados, el estrés, el sedentarismo, el mal descanso e incluso los cambios de rutina durante las vacaciones pueden alterar este ecosistema, afectando no solo el sistema digestivo, sino también el sistema inmunológico, la energía, el estado de ánimo y la recuperación muscular.

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Expertos alertaron sobre el impacto de los malos hábitos en la microbiota intestinal y advirtieron que las vacaciones también pueden alterarla

Cada vez son más las investigaciones científicas que ponen al intestino en el centro de la salud humana. Considerado por muchos expertos como el "segundo cerebro", este órgano alberga billones de microorganismos —entre bacterias, virus y hongos— que conforman la microbiota intestinal, un ecosistema esencial para el equilibrio del organismo.

Lejos de limitarse al proceso digestivo, la microbiota participa en funciones clave como la producción de vitaminas, el fortalecimiento de la barrera intestinal, la regulación del sistema inmunológico y la comunicación permanente con el cerebro a través del denominado eje intestino-cerebro.

De acuerdo con especialistas, cuando este ecosistema se mantiene en equilibrio, sus beneficios se reflejan en distintos aspectos de la salud. Una mejor digestión, mayor energía, defensas fortalecidas y un estado de ánimo más estable hacen parte de las funciones que dependen, en buena medida, de una microbiota saludable.

Sin embargo, cuando ese equilibrio se altera, el organismo comienza a manifestarlo de diferentes maneras. Gases, inflamación abdominal, sensación de pesadez, estreñimiento o diarrea suelen ser las primeras señales, aunque sus efectos pueden extenderse mucho más allá del aparato digestivo.

Los expertos advierten que una microbiota alterada también puede influir en la calidad del sueño, disminuir la capacidad de respuesta del sistema inmunológico e incluso afectar el bienestar emocional debido a la estrecha relación existente entre el intestino y el cerebro.

Entre los factores que con mayor frecuencia alteran este equilibrio se encuentran los hábitos cotidianos. Una alimentación rica en productos ultraprocesados y pobre en fibra reduce significativamente las bacterias beneficiosas del intestino. A ello se suma el estrés crónico, que modifica directamente el funcionamiento del eje intestino-cerebro; el uso inadecuado de antibióticos, que elimina tanto bacterias nocivas como beneficiosas; el sedentarismo y la falta de descanso, condiciones que también afectan la diversidad de microorganismos intestinales.

Las temporadas de vacaciones representan otro momento especialmente sensible para la microbiota. Aunque para muchas personas significan descanso y desconexión, para el intestino suelen convertirse en un período de alta exigencia.

Los cambios en la alimentación, el incremento en el consumo de frituras, bebidas alcohólicas y alimentos ultraprocesados, la disminución de frutas, verduras y fibra, así como las alteraciones en los horarios de sueño y la posibilidad de consumir agua no tratada durante algunos viajes, generan modificaciones importantes en el ecosistema intestinal.

A esto se suma el estrés propio de los desplazamientos, los cambios de horario, los aeropuertos y las largas jornadas de viaje, factores que también influyen sobre el eje intestino-cerebro y favorecen la aparición de molestias digestivas.

En muchos casos, síntomas como diarrea, náuseas, distensión abdominal o malestar general durante un viaje suelen atribuirse al cansancio o al clima. Sin embargo, especialistas explican que con frecuencia estas manifestaciones corresponden a alteraciones temporales de la microbiota ocasionadas por el contacto con nuevos microorganismos y por el cambio abrupto de hábitos.

La doctora Alejandra Villalba, especialista en medicina familiar y vocera de Heel Colombia, destacó que el cuidado del intestino tiene implicaciones mucho más amplias de lo que tradicionalmente se ha pensado.

"La microbiota intestinal es mucho más que un sistema digestivo: es un componente fundamental del bienestar integral. Su equilibrio no solo impacta la digestión, el sueño y el estado de ánimo, sino también la recuperación muscular", explicó la especialista.

La médica añadió que la relación entre la microbiota, el intestino y los músculos ha cobrado especial relevancia dentro de la investigación científica.

"A través del eje microbiota-intestino-músculo, un intestino saludable regula la inflamación y favorece la absorción de nutrientes esenciales para reparar y mantener la masa muscular. Pequeños cambios en la dieta, el sueño o el estrés pueden desequilibrarla en días, pero también responde rápidamente a los cambios positivos. La clave está en entender que cuidar el intestino es una forma de cuidar la salud en su sentido más amplio", afirmó.

Frente a este panorama, los especialistas recomiendan fortalecer hábitos saludables como consumir diariamente frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, incorporar alimentos fermentados como yogur natural o kéfir, mantener una adecuada hidratación, moderar el consumo de alcohol y alimentos ultraprocesados, realizar actividad física de forma regular y evitar la automedicación con antibióticos.

Asimismo, insisten en consultar al médico cuando los síntomas digestivos persistan y, bajo supervisión profesional, evaluar alternativas terapéuticas que contribuyan a restaurar el equilibrio intestinal, especialmente después de tratamientos con antibióticos, episodios prolongados de estrés o cambios importantes en la rutina, como los que suelen presentarse durante las vacaciones.

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