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(ESPECIAL CÓNCLAVE) Todo listo para la elección del sucesor del Papa Francisco

Este miércoles 7 de mayo inicia en el Vaticano uno de los procesos más herméticos y decisivos de la Iglesia católica: el cónclave que elegirá al sucesor del Papa Francisco. Un total de 133 cardenales electores, la cifra más alta en la historia de este procedimiento, ingresará a la Capilla Sixtina pa

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Redacción IFM
4 min lectura
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(ESPECIAL CÓNCLAVE) Todo listo para la elección del sucesor del Papa Francisco

Este miércoles 7 de mayo inicia en el Vaticano uno de los procesos más herméticos y decisivos de la Iglesia católica: el cónclave que elegirá al sucesor del Papa Francisco. Un total de 133 cardenales electores, la cifra más alta en la historia de este procedimiento, ingresará a la Capilla Sixtina para elegir al pontífice número 267. El mundo, atento, aguardará la tradicional señal de humo blanco que anunciará que hay nuevo Papa.

La elección se desarrollará bajo un protocolo estricto, diseñado para impedir cualquier filtración o intento de interferencia. En la residencia Santa Marta, donde se hospedarán los cardenales, todas las ventanas que dan al exterior han sido selladas. También se han oscurecido aquellas ubicadas en el Palacio Apostólico, por donde transitarán los purpurados hacia la Capilla Sixtina. Este martes, en la víspera del inicio del cónclave, se procederá a sellar los accesos a la zona con más de 80 precintos de plomo.

Las medidas de seguridad van más allá del control físico. El Vaticano implementará barridos ambientales para detectar posibles dispositivos de espionaje y activará bloqueadores de señales para anular teléfonos móviles y micrófonos ocultos. La Capilla Sixtina se convertirá, durante los días del cónclave, en un verdadero búnker digital, blindado contra cualquier intento de intrusión física o electrónica.

Los cardenales están obligados a mantener absoluto secreto sobre lo que ocurra dentro de la Capilla. La violación de este compromiso podría derivar en una excomunión automática. Por eso, durante toda la duración del cónclave, no tendrán acceso a teléfonos, internet, correo, prensa ni contacto alguno con el exterior.

Cortesía Vaticam Newus

El proceso arranca este miércoles a las 4:30 p.m. con una primera votación, que sirve como termómetro para identificar los candidatos más fuertes. Es poco probable que alguno de ellos alcance en ese primer escrutinio los 89 votos necesarios —dos tercios del total—, por lo que se espera una fumata negra hacia las seis o siete de la tarde.

Desde el jueves, el ritmo se intensifica: habrá cuatro votaciones por día, dos en la mañana y dos en la tarde. Si después de tres jornadas no se logra elegir al nuevo Papa, se hace una pausa de un día para la reflexión y el diálogo entre los cardenales. Esa pausa, de ser necesaria, se daría el domingo, luego del decimotercer escrutinio, ya que el primer día no se cuenta dentro de este margen.

Si el proceso se alarga hasta las 34 votaciones sin lograr el consenso requerido, las reglas cambian. A partir de ese punto, los cardenales deberán elegir entre los dos candidatos que hayan obtenido más votos, manteniendo la exigencia de mayoría calificada.

Cada jornada puede tener hasta dos fumatas: una alrededor del mediodía y otra entre las cinco y siete de la tarde. Si un candidato alcanza la mayoría en la primera votación del día o de la tarde, la fumata blanca se produce de inmediato, sin esperar el horario habitual.

La señal visual, esperada por millones de fieles en todo el mundo, se genera mediante una mezcla química compuesta por clorato de potasio, lactosa y colofonia, que produce el humo blanco. Esta tradición, que se ha mantenido por siglos, indica con claridad que un nuevo Papa ha sido elegido.

Dentro de la Capilla Sixtina no se deliberan nombres ni se permiten intervenciones. El procedimiento se realiza en completo silencio. Uno a uno, los cardenales son llamados para depositar su voto en una urna. Al finalizar, se hace el conteo en voz alta y se registran los resultados. Las negociaciones, en cambio, ocurren fuera de la Capilla: en los pasillos, durante las comidas, o en encuentros informales en las habitaciones. Allí es donde se pueden construir consensos y destrabar bloqueos.

A diferencia de los cónclaves de 2005 y 2013 —que concluyeron en menos de 24 horas con la elección de Benedicto XVI y Francisco, respectivamente—, esta vez no hay candidatos evidentes. El panorama es incierto y, según fuentes del Vaticano, se percibe un ambiente de dispersión y cautela entre los electores. Por eso, no se descarta que el proceso se extienda hasta el viernes o incluso más allá.

Escenarios similares ya han ocurrido. En octubre de 1978, Juan Pablo II fue elegido al tercer día, tras ocho votaciones, luego de que los principales papables se bloquearan mutuamente. En 1958, Juan XXIII requirió 11 escrutinios. Todo indica que este nuevo cónclave podría seguir esa misma senda.

Mientras tanto, los ojos del mundo seguirán puestos en la Capilla Sixtina, a la espera del humo blanco que anunciará el nombre del nuevo líder espiritual de más de 1.400 millones de católicos.

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