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Antipetrismo: nuevamente el repudio elegirá presidente

Un hecho político de enorme importancia es el surgimiento del antipetrismo como un movimiento espontáneo de opinión que será decisivo en las elecciones del 19 de junio. ¿En qué consiste? En la convergencia de votantes que rechazan la posibilidad de que Gustavo Petro sea presidente de Colombia. No es

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Un hecho político de enorme importancia es el surgimiento del antipetrismo como un movimiento espontáneo de opinión que será decisivo en las elecciones del 19 de junio. ¿En qué consiste? En la convergencia de votantes que rechazan la posibilidad de que Gustavo Petro sea presidente de Colombia.

No es de poca monta el antipetrismo. Además del desprecio por Petro, ahí están siendo convocados los anticomunistas, los del centro, los uribistas y todos aquellos que no quieren correr el riesgo de convertir a Colombia en la vetusta Cuba o en la nueva Venezuela.

Es que las múltiples salidas en falso de Petro, Francia, Isabel Zuleta, Bolívar, Benedetti y Roy; llevaron a los votantes a ubicarse en una posición en la que favorecerán a cualquiera que no sea el del Pacto Histórico. Además, que allí hayan aterrizado Juan Manuel Santos con todos sus esbirros, Ernesto Samper con su chavismo recalcitrante y Piedad Córdoba con todo lo malo que representa; ha facilitado la decisión de incorporarse al movimiento antipetrista.

Lo que dejan ver las encuestas, hasta el momento, es que los «anti» le darán la victoria al oponente, es decir, al ingeniero Hernández. Es que el Pacto Histórico representa lo que millones de colombianos repudian, como el comunismo, el regresismo en salud y economía, el estatismo, el despilfarro feroz en educación pública, el manejo del Estado por los más corruptos, el encumbramiento de los violentos y la impunidad –cuyo eufemismo es el «perdón social» para narcotraficantes, políticos bandidos y criminales de la guerrilla y de los paramilitares.

No son algunos sapos: es todo un estanque con rebaños de renacuajos, ranas y anuros lo que el Pacto Histórico pretende que los colombianos se traguen, como si la nación fuera insensata y torpe. Esa soberbia de imponer lo peor, de plantear disparates, de despertar y usufructuar el odio y de insultar la inteligencia de los colombianos va a pasar una enorme cuenta de cobro: el antipetrismo elegirá al presidente.

La historia es un proceso que se repite. Los «anti» ya habían elegido al jefe de Estado en Colombia. Remontémonos a los años 90, cuando el cartel de Cali financió la elección de Ernesto Samper Pizano, un señorito perteneciente al ala comunista del partido Liberal. A partir de ese momento, el entonces presidente tuvo un escudero dicharachero y radical: Horacio Serpa Uribe, quien se dedicó a defender lo indefendible. Todo el país sabía de los vínculos del mandatario con el narcotráfico, se había enterado de la descertificación de Colombia por parte del gobierno de los Estados Unidos. La nación conocía del retiro de la visa al entonces presidente Samper y padecía la crisis económica que generó el mal gobierno… Todo eso quedó en la mente de los colombianos y, de paso, generó una convicción: eso no se podía repetir.

Entonces, Serpa decidió lanzarse a la Presidencia. En la primera oportunidad fue derrotado por Andrés Pastrana y la expectativa de paz con las FARC. Sin embargo, las tropelías cometidas por los terroristas, dentro y fuera de la zona de despeje, colmaron la paciencia de los colombianos. Así, en medio de la barahúnda «pacifista» y samperista, surgió un candidato que se oponía a premiar el crimen: Álvaro Uribe Vélez.

El descrédito de Samper –representado por segunda ocasión por Horacio Serpa– y el hastío de la nación con las FARC, generaron un movimiento espontáneo de antis: antisamper y antiFARC. Ya sabemos que los «anti», en 2002, eligieron presidente.

20 años después, las mismas fuerzas samperistas, las mismas corruptelas de lo peor del partido Liberal y los mismos «pacifistas» encarnados en el santismo; unidos a los violentos de las FARC y sus disidencias, del ELN y del Clan del Golfo, se han unido en torno al proyecto político del Pacto Histórico.

Otra vez, así como ocurrió en 2002, todo indica que los «anti» volverán a elegir al presidente.  

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