Kwa kiswahili*
Por Jaime Restrepo Vásquez ¡Siwezi kusubiri! Traducido del suajili al español, ¡no puedo esperar! Estoy dichoso con la posibilidad de aprender suajili e ir por todo el mundo teniendo la oportunidad de que me entiendan y entender. Es tan importante ese idioma, que debería ser obligatoria su enseñanza

Por Jaime Restrepo Vásquez
¡Siwezi kusubiri! Traducido del suajili al español, ¡no puedo esperar! Estoy dichoso con la posibilidad de aprender suajili e ir por todo el mundo teniendo la oportunidad de que me entiendan y entender. Es tan importante ese idioma, que debería ser obligatoria su enseñanza desde el parvulario.
Mientras se aprende suajili, el logro más importante de la correría por África, (mafanikio muhimu zaidi ya kuingia Afrika para que nos entendamos) Colombia debería ser más cortés y menos racista con la vicepresidenta, pues ella, por ser negra, prepotente y estéticamente deficiente, no tiene por qué dar explicaciones de sus andanzas, ni de sus desmedidos gastos, ni de la gasolina que utiliza en sus desplazamientos… ¡Faltaba más que ella no pueda volar en «helicótero» mientras que la Fuerza Aérea no tiene combustible para abastecer las aeronaves militares!
Qué quede claro. Lo importante es que Francia Márquez pueda vivir sabroso como la nueva rica que es —por supuesto, con el dinero ajeno—, porque ella y sus simpatizantes, en ese victimismo ancestral del que se ufanan, perseguirán como leonas a una cebra, a quien se atreva a criticarla, señalando al osado de padecer un inexistente racismo, que es la justificación recurrente para hacerles el quite a los cuestionamientos por los desafueros de la prominente funcionaria petrista.
Ella, la vicepresidenta de Colombia recuerda esos niños malcriados a quienes sus padres les permiten hacer y deshacer, por el remordimiento que ocasionan algunas culpas paternales que surgen de la falta de tiempo y afecto. A Francia no se le puede cuestionar, porque su color de piel, su vanidosa ignorancia y las cadenas de sus tatarabuelos, le otorgan inmunidad e impunidad ancestral y, por tal razón, le es lícito y permitido hacer lo que le dé la gana. ¡Pueden llorar!
Mientras tanto, en la parroquia local, el pobre alcalde sigue con el Cristo de espaldas y con la justicia respirándole en la nuca. A la sub iúdice exsecretaria de educación, que continúa encartada penalmente por cuenta de unos «honorables» contratos, se suma la injusta sanción contra el amigo, compinche y camarada de Daniel Quintero, el vergonzoso senador Álex Flórez, quien tendrá que ganarse la vida, ojalá honradamente, en alguna campaña «Independiente», durante los ocho meses en los que no recibirá ni un peso del Congreso de la República.
El prohombre, digno representante de la casta que gobierna a Medellín, quería irse de putas en Cartagena sin pagar la pieza para su encuentro sexual, pues nada mejor que la credencial de congresista y la inexplicable superioridad moral para ahorrarse unos duros mientras desfogaba sus apetitos.
Ese padre de la patria, don Álex Flórez, insultó y calumnio a varios policías, algunos de raza negra, aunque siendo parte de la cofradía de la progresía sería una herejía etiquetarlo como racista, ya que lo suyo fue un desahogo fruto del dolor, la frustración y la rabia por una masacre. Y si lo dijo, hay que creerle.
Flórez, el adalid de las buenas costumbres y la integridad, ya cuenta con una destitución y una suspensión en su prontuario político, por lo que es seguro que marcará la diferencia en las elecciones regionales, ya sea apoyando a los próceres Upegui o Corredor o al distinguidísimo doctor Fredy Esteban Restrepo.
En medio de la barahúnda, no podía faltar el oportuno y atinado comentario de la gran dama doña Diana Osorio, calificando a los opositores de su marido de lavaperros y fascistas, puesto que ella ha sido testigo de excepción de que ese incomprendido gobernante ha dedicado todas sus horas a mejorar la calidad de vida de los medellinenses y solo la mezquindad de los malquerientes ha podido despertar la injusta inconformidad ciudadana.
De seguro, dirá doña Diana a sus maleducadas infantas, Daniel pasará a la historia como el más grande alcalde de Medellín, pese a que en estos momentos está viviendo lo mismo que en su momento padeció Bolívar en Santa Fe de Bogotá, cuando era repudiado por la ciudadanía y le tuvo que decir a don José Palacios, —¡vámonos de aquí que no nos quieren!
Ella, tan modosita y pletórica de belleza e hidalguía, (yeye, mnyenyekevu na amejaa uzuri na heshima en suajili, para que nos entendamos mejor) le dirá lo mismo a su Daniel, a quien obligará a alzar el vuelo al extranjero antes de entregar la Alcaldía a esa oposición fascista que tanto los atormenta, ya que las indelicadezas cometidas de seguro lo llevarán a la cárcel.
Todos los anteriores disparates son, por desgracia, la verdad revelada para aquellos colombianos que, tozudamente, continúan con su membresía en el club de los inocentes petristas. Menuda semana para la kakistocracia nacional y local… ¡Y lo que se viene!
*Traducción del título: En suajili.
Conversemos en Twitter: @atrabilioso

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) El club de los indiferentes. Por: Lorena Lázaro Ocampo
Felicitaciones a los profesionales del bostezo, a los reyes del voto en blanco y a la sofisticada…
(OPINIÓN) Por qué mi voto es por Paloma y no por Abelardo. Por: Javier C. Mejía
La doctora Paloma Valencia siempre ha demostrado ser una mujer valiente, firme y cariñosa. Sus…
(OPINIÓN) La patria boba. Por: Óscar Ricardo Colorado Barriga
Entre el 20 de julio de 1810 y 1816 vivimos una época absurda, centralistas y federalistas peleando…