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¿Qué sigue? Se pregunta la mitad de los colombianos

Por Yesenia Bedoya Gallego Ganó Petro. La diferencia de votos fue escasa, pero esas son las reglas básicas de la democracia. ¿Qué faltó? ¿Qué sobró? ¿Qué debió cambiar, moderar, mejorar? Son preguntas a las que solo se les puede dar una respuesta: «si hubiera…» De hubieras está hecho el camino al in

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Redacción IFM
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¿Qué sigue? Se pregunta la mitad de los colombianos

Por Yesenia Bedoya Gallego

Ganó Petro. La diferencia de votos fue escasa, pero esas son las reglas básicas de la democracia.

¿Qué faltó? ¿Qué sobró? ¿Qué debió cambiar, moderar, mejorar? Son preguntas a las que solo se les puede dar una respuesta: «si hubiera…» De hubieras está hecho el camino al infierno así que ya basta de lamentos, toca levantar la cabeza y mirar las opciones que tiene el camino.

Oposición, independencia o gobierno: esos son los tres caminos para escoger en la política y la legalidad. Miremos que ofrece cada uno brevemente.

Gobierno: Va más allá de la aceptación y declaratoria de la persona de Gustavo Petro en el primer cargo del país. Implica la aceptación e implementación de políticas y modelo económico tóxico, dañino, ponzoñoso, virulento para la República y que traerá consecuencias nefastas para las políticas públicas y de desarrollo del país. No es la persona de Gustavo Petro: es su forma retorcida de ver las cosas y su afición de dañar lo que es bueno y funcional.

Independencia: No formar parte del gobierno ni de la oposición; poder reservarse el derecho de apoyar o no ciertas posturas y/o proyectos; en palabras castizas es poder arrimarse al árbol que le de sombra en cada eventualidad, acomodarse a las circunstancias, actuar según la conveniencia. En lo personal, creo que es darle demasiada movilidad a esos que parasitan y sobreviven sobre sus propios intereses.

Oposición: La ley de oposición, sancionada en 2018 por el entonces presidente Juan Manuel Santos; ustedes, apreciados lectores, y yo, sabemos que todo lo que provenga de esa fuente tiene contaminación y radioactividad de las FARC y hedor a La Habana.

Dicen los sabios que el espíritu de la norma es crear un sistema de pesos y contrapesos en los sistemas políticos, como si las reglas naturales del comportamiento humano no hubieran mostrado y desarrollado de facto lo mismo desde épocas inmemoriales.

Se presume que la ley de oposición se cimienta en el natural desacuerdo, la fiscalización y la crítica. ¡Pero ojo! ¡Presten atención! Porque les concede especial atención a las mal llamadas minorías… ¿quién lo iba a creer?    

Se pretendía que con escribir el Estatuto de la Oposición se acabara la persecución, estigmatización y violencia derivada de las convicciones políticas… ¡suena idílico! El problema es que quien propuso y sancionó la Ley fue el mas grande violador de lo mas sagrado para la democracia: la decisión popular, la voluntad del pueblo expresada en las urnas, materializando con ello de forma bellaca la persecución, estigmatización y violencia derivada de las convicciones políticas.

Dirán ustedes que el llamado a comandar, a dirigir, a estructurar la oposición en este próximo gobierno de Gustavo Petro es el Centro Democrático, su «némesis».

¡Yo creo que no! Si la ciudadanía no asume el liderazgo de la oposición con fuertes veedurías y movimientos cívicos y ciudadanos, lo único que tendremos garantizado es la continuidad del comunismo encarnado en el petrismo y alimentado por el uribismo, todos ellos con su respectiva fanaticada.

Amanecerá y veremos si el Consejo Nacional Electoral, que es el encargado de velar por el cumplimiento del Estatuto de Oposición, lo va a hacer con tanto esmero y ahínco en el próximo cuatrienio, si de verdad respetará los derechos de la oposición desde la entrega de la financiación adicional hasta el acceso a medios de comunicación y derecho a réplica.

¡Quiero ver a Gustavo Petro permitiendo a la oposición hacer la debida réplica a una alocución presidencial!

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