¿De qué nos perdimos?
Por Julio González Villa ¡No sé de qué nos perdimos! Antioquia era de empresarios. Hombres arrojados, mineros, impulsores. Uno de esos mineros fue Don Rudesindo Echavarría Muñoz, quien por su profesión se radicó en Barbosa. La ANDI nació en Antioquia. Los “Dones” se hicieron famosos: Don Alejandro E

Por Julio González Villa
¡No sé de qué nos perdimos!
Antioquia era de empresarios. Hombres arrojados, mineros, impulsores. Uno de esos mineros fue Don Rudesindo Echavarría Muñoz, quien por su profesión se radicó en Barbosa. La ANDI nació en Antioquia. Los “Dones” se hicieron famosos: Don Alejandro Echavarría Isaza, fundador de Coltejer, cofundador del Banco Alemán Antioqueño que pasó a ser el Banco Comercial Antioqueño, quien estudió en la Escuela de Artes y Oficios; Don Guillermo Echavarría Misas, fundador de KLM, y Scatda que después fue Avianca; Don Gabriel Echavarría Misas, fundador de Locería de Caldas, después Corona; fundador de Pepalfa; Don Carlos J. Echavarría Misas, fundador del BIC, de RCN, de la ANDI; Don Vicente Uribe Rendón, Don José Gutiérrez Gómez, Don Santiago Mejía Olarte, entre otros.
El Sindicato Antioqueño, hoy GEA, tiene su historia https://www.elcolombiano.com/historico/asi_nacio_el_sindicato_antioqueno-GAEC_147414
“En 1978, apenas 3 años después de fundada Proantioquia (había iniciado actividades en 1975), las empresas antioqueñas se vieron “contra la pared”, ante la toma agresiva, hostil, por los grupos económicos de Ardila Lulle, Julio Mario Santodomingo y Jaime Michelsen Uribe. La propiedad de éstas, todas sociedades anónimas, estaba muy democratizada y sus miles de accionistas no tenían mayor interés en su marcha: se contentaban con recibir unos dividendos mensuales y unas “crías” (emisión de acciones en condiciones favorables) anuales. Casi ninguno de los propietarios asistía a las asambleas de accionistas y éstas terminaban siendo manejadas por quienes poseían algún paquete importante, al cual sumaban poderes de representación.
Los grupos económicos mencionados, aprovechando esta situación, con el apalancamiento de sus bancos (el de Santander, de Santo Domingo y su Compañía de Seguros, La Nacional; y el Banco de Colombia y la Aseguradora Grancolombiana, de Michelsen Uribe) se dedicaron a comprar acciones en Bolsa pagando por ellas precios muy superiores a los que regían en el mercado.
Así, generalmente con poco más del 25% de una Compañía, se hicieron a varias de éstas (Coltejer, Siderúrgica, Cineco) y una vez que controlaron sus juntas directivas procedieron a la venta de activos (todos subvaluados para efectos tributarios) y con ellos obtenían caja, recursos, para repetir la operación. Esto hizo que presidentes y gerentes de las Compañías, todas las cuales se sentían amenazadas, se “empanicaran”. Don Santiago Mejía Olarte concibió entonces la idea de iniciar un movimiento de salvación de las empresas antioqueñas y del empleo, y le pidió al Dr. Ricardo Ángel Villa que lo acompañara en ese empeño. Para ello, ambos citaron a reuniones en Proantioquia, presidida en ese momento por el Dr. Pedro María Botero.
Tales reuniones (todas en 1978) fueron tres: la primera el 28 de marzo, en Proantioquia; la segunda al día siguiente, 29 de marzo, en la oficina de Don Vicente Uribe Rendón; y la tercera de nuevo en Proantioquia, el 4 de abril. De ella se hizo amplia reseña en dos históricas actas, Adolfo-León Gómez, secretario de Proantiquia.
En estas reuniones se constituyó, de hecho, lo que empezó a llamarse el Sindicato de Empresas Antioqueñas (hoy, 2007, denominado GEA o Grupo Empresarial Antioqueño). Se partía de la base de que este movimiento de salvación tuviese como brazos financieros el Banco Comercial Antioqueño, presidido por Don Vicente Uribe Rendón, y el Banco Industrial Colombiano, presidido por el Dr. Iván Correa Arango; y por Suramericana de Seguros, presidida por el Dr. Jorge Molina Moreno, y la Corporación Financiera, presidida por el Dr. José Gutiérrez Gómez. Se aspiraba a que pudiesen, de alguna manera, entrar a formar parte de un gran Fondo, que permitiese salir a comprar en Bolsa las acciones de las empresas en peligro para evitar que fuesen absorbidas por los grupos mencionados.” (Don Vicente. Vicente Uribe Rendón, Un Grande de Antioquia; Compilador de Textos Adolfo-León Gómez, Editorial Colina, Medellín, 2007, Pag. 94
En esas reuniones asistieron: Don Santiago Mejía Olarte, Dr. Ricardo Ángel Villa, Dr. Pedro María Botero (Presidente Proantioquia), Dr. Sergio Restrepo Londoño (Director Ejecutivo Proantioquia), Don Vicente Uribe Rendón (Presidente Banco Comercial Antioqueño), Dr. Iván Correa Arango (Presidente Banco Industrial Colombiano), Dr. Jorge Molina Moreno (Presidente Suramericana de Seguros), Dr. Carlos Arturo Córdoba Congote (Presidente Noel), Dr. Fabio Rico Calle (Gerente Colcafé), Dr. Adolfo Arango Montoya (Presidente de Argos), Dr. Jorge Posada Greiffestein (Presidente Fabricato), Dr. Carlos Ángel Villa (Presidente Almangel), Dr. Juan Gonzalo Restrepo Londoño, Dr. Darío Múnera Arango (Presidente Coltabaco), Don Tomás Santamaría (Presidente Cadenalco), Dr. Darío Moreno Restrepo (Presidente Grafi – Grupos Asociados Financieros), Dr. Sergio Londoño Uribe (Gerente Inversiones Aliadas), Dr. José Gutiérrez Gómez (Presidente Corporación Financiera Nacional), Doctor Samuel Muñoz Duque (Presidente Chocolates), Dr. Abel Pérez Gil (Presidente Tejicondor).
De todas estas reuniones se encargó al Dr. Fabio Rico Calle, gerente de Colcafé, para dirigir e implementar la estrategia defensiva.
Lo cierto del caso es que se perdieron empresas como Cervecería Unión S.A., que fue el fruto de la unión entre la cervecería Antioqueña y la cervecería La Libertad; se perdió SAM, se perdió el Banco Comercial Antioqueño, se perdió Colseguros, se perdió Coltejer, se perdió RCN, se perdió Simesa, se perdió Cine Colombia, se perdió Postobón, se perdió Gaseosas Lux, se perdió Caracol. Se perdieron muchos accionistas de aquellos que se sentían orgullosos de tener unas pocas acciones porque se perdió el valor del dividendo.
¿Por qué era atractivo comprar acciones de esas grandes compañías? Porque rentaban adecuadamente y el pequeño accionista podía vivir de la renta de sus activos. Por ello no le interesaba participar en las asambleas, creía en sus administradores. Además, porque sabía que su pensamiento no tenía valor, conforme con su capital, para ser parte de una Junta Directiva. Pero creía en su inversión. Esa situación hacía que miles de personas fueran los dueños de decenas de empresas que representaban el orgullo de los antioqueños.
En algún momento cambiaron los conceptos. Las acciones, por decisiones de los dueños, asesorados por sus consejeros, tal vez por consideraciones tributarias, dejaron de rentar, dejaron de participar de las ganancias de las empresas, vía dividendo, para capitalizar las compañías. Las acciones se valoraron intrínsecamente, pero para quien no necesitaba de su rentabilidad mensual, es decir, fueron atractivas para los más pudientes que no necesitaban del dividendo, pero no para los miles de accionistas que requerían del mismo para garantizar una renta que permitiera una subsistencia decorosa.
Lo anterior fue, en mi opinión, lo que generó una oportunidad para los “extranjeros” de Antioquia que concluyeron que las compañías valían más, tenían mejores activos de lo que rentaban las acciones y por ello entraron a las mismas. Sabían que podrán comprar barato unos activos muy costosos. Eso ocurrió desde la toma hostil de Ardila Lulle con Coltejer, Postobon, RCN. Eso ocurrió con la toma hostil de Santodomingo con Cervunión, Bancoquia, Sam, Caracol, Colseguros. Eso ocurrió con la toma hostil de los Casas Rincón con Fabricato. Eso ocurrió con la toma hostil de Noel, Cineco, Simesa, que obligó a la creación del Sindicato Antioqueño.
¿Por qué Antioquia reaccionó, tarde, pero reaccionó, frente al Grupo del Aguila o Gran Colombiano, y no se dejó quitar Noel, Chocolates? ¿Por qué no se enfrentó a Santo Domingo? ¿Por qué no se enfrentó a Ardila Lulle?
¿Por qué ahora se entrega ante los Gilinski? ¿es un hecho cumplido? ¿No se podía prever? ¿Acaso no era obvio que Antioquia era un suculento pastel empresarial para cualquier inversionista? ¿Acaso no teníamos ya la experiencia de la toma hostil de Antioquia cuando perdimos con Ardila Lulle, con Santo Domingo, con el Grupo Grancolombiano? ¿Acaso no es lógico, no era previsible, para los administradores de nuestras empresas atisbar con tiempo los riesgos y cambiar los conceptos de que, por ejemplo, era más importante la rentabilidad de la acción que la valorización a largo plazo? ¿Las cosas no valen per se, de acuerdo a lo que den por ellas en el mercado? ¿Pensar en valorizaciones futuras que no están reflejadas en las acciones por efectos tributarios, no es acaso una conjetura fantástica?
Ese cuento discurso de un exgerente de Bancolombia para decirle a un inversionista que dejara de enriquecerse, que dejara la “guerra” ¿no es como infantil? ¿Acaso las inversiones no son para hacer dinero a largo plazo? Si existen activos subvalorados porque valen más que lo que están en libros, propiedades, ¿no es apenas lógico para un inversionista comprar acciones, hacerse dueño, vender los activos o propiedades y con el precio que recibe pagar el valor de las acciones a los bancos que le prestaron para hacer el negocio? Llegaron los Ardila de Santander, llegaron los Santodomingo de Barranquilla, llegaron los Michelsen de Bogotá, llegaron los Gilinski de Cali, ¿No van a llegar otros de otra parte? ¡Llegarán!
Todo esto es un cuento surrealista. Macondo se quedó en pañales. ¿No dizque a un perro no lo capan dos veces? A Antioquia la han capado 3 veces y vamos para la cuarta. ¿Dónde están los líderes empresariales de Antioquia que debieron seguir a esos “Dones” de los que nos sentíamos tan orgullosos?
Creo que tenemos una verdadera crisis empresarial en Antioquia. Quienes hasta hoy han estado dirigiendo estas compañías no saben de historia, no tienen sentido de pertenencia, no leen, no estudian, no se mantienen con sus trabajadores, no están aquí. No veo fondo. Mucha superficialidad. Con razón dice el dicho: “Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero”.
Ahora, ¿dónde está el mercado transparente de las acciones? ¿No dizque el mercado tiene que ser por esencia transparente donde se garantice la oferta y la demanda? Desde Roma existían los Ediles que tenían a su cargo que se garantizara la transparencia de los mercados. ¿Dónde está la Superintendencia de Valores? ¿Dónde la Superintendencia Financiera o Bancaria? ¿Dónde la Superintendencia de Sociedades? ¿Dónde la Superintendencia de Industria y Comercio? ¿Dónde las Asociaciones del Consumidor? ¿Cómo así de que hay memoriales de entendimiento en el extranjero donde se pactan las compras, ventas, de acciones entre particulares sin que entren al mercado de valores de acciones en forma transparente para que compre quien quiera comprar y venda quien quiera vender? ¿Cómo así que ya está definido que los Gilinski y los Árabes se quedan con el 87 % del grupo de alimentos de Antioquia, léase Nutresa?
Si Carlos Alberto Robles Echavarría fue capaz de hacerle comprar a Antioquia acciones de Fabricato a cinco pesos o cincuenta pesos o cinco mil pesos, ya no me acuerdo, y todo el mundo sacó pecho y las compró en los supermercados, por Antioquia, sólo por Antioquia, ¿No se puede ensayar algo así?
Creo que acá se están haciendo las cosas de espaldas al pueblo antioqueño. Eso no se puede permitir. Antioquia tiene que reaccionar. ¡Hay una crisis! ¡Vamos a convertir las crisis en oportunidades! ¡Pero no puede ser que ya dizque todo está consumado! Los hechos cumplidos no aplican en esta tierra. Exigimos transparencia de los mercados. En mala hora se liquidó o se largó o nos “empendejamos” y dejamos ir la Bolsa de Valores de Medellín para Bogotá; dejamos ir la ANDI, dejamos ir a Cervunión, a Sam, a Avianca, a Colseguros, a Bancoquia, a Aces, a Conavi, al BIC, a Coltejer, a Pantex, a Fabricato, a la Corporación Financiera Nacional, y ¿ahora vamos a dejar ir a Chocolates? Mañana dejaremos ir a Sura y a Argos.
Pues esto sí es un motivo para generar una verdadera revolución a nivel empresarial, a nivel de trabajadores, a nivel político, a nivel social, a nivel universitario, a nivel cultural. Una nueva era deberá promoverse. Hay que hacer un pare, un examen de conciencia en Antioquia en todos los niveles. Hay una oportunidad el próximo 29 de octubre y hagamos un remezón como nunca en las elecciones regionales de toda Antioquia para elegir nuevos, mejores e inquietos líderes políticos para que le marquen la ruta a una nueva Antioquia. Y nuevos no me refiero sólo a jóvenes, nuevos es que piense distinto, que tengan temple, formados, que no le tengan miedo a señalar nuevas rutas, que sean capaces de enfrentar estos status quo que amenazan las realidades antioqueñas.
Abro el debate, o como ahora se dice, “abro hilo”, para que Antioquia entera se exprese, pero me niego a aceptar “hechos cumplidos”. La historia la hacemos, no la padecemos.
¿O de qué nos perdimos?

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