Como trajimos la película The Wall de Pink Floyd a Medellin: Carlos Alberto Acosta
En la Medellín de los ochenta no era raro ver filmes de Rock en los cines comerciales en horas que eran no muy comerciales. Sumele la mala fama de unos desadaptados, llenos de humo, literalmente, que siempre se portaban de lo peor cuando exhibian la película del concierto legendario de Led Zeppelin

En la Medellín de los ochenta no era raro ver filmes de Rock en los cines comerciales en horas que eran no muy comerciales. Sumele la mala fama de unos desadaptados, llenos de humo, literalmente, que siempre se portaban de lo peor cuando exhibian la película del concierto legendario de Led Zeppelin «The Song remains The Same» junto con el conservadurismo imperante en la ciudad en todos los ámbitos, con la violencia, el miedo y la censura que imponía el narcotráfico y tendremos una muy buena historia que contar.
Aqui esta una de ellas.
De cómo un grupo de soñadores y negociantes tuvieron la visión de proyectar, de manera diferente, una de las películas de culto del director Alan Parker, con un grupo de culto y basada en la música de su álbum más conocido, The Wall.
Carlos Alberto Acosta en sus palabras:
Por 1.983 Raúl Velásquez y yo ya estábamos trabajando juntos en los Super Conciertos J.I.V limitada en La Macarena. Por aquel entonces las fuentes de información acerca del mundo de la música rock internacional eran muy precarias. Para mi página semanal Espacio Al Sonido en el periódico El Colombiano, yo me alimentaba de la revista Billboard, la cual me prestaban en Radio Musical de Todelar o en Radio Disco ZH, la cual traía todo lo relacionado con el HBO de giras y conciertos, nuevos álbumes y sencillos y por supuesto los listados de radio difusión y ventas. También de las revistas americanas Circus y Hit Parade y, de la movida europea, la revista Vibraciones. Todas ellas las buscaba de manera sedienta cada mes en los puestos de revistas del Parque Berrío.
Encontrar libros era casi imposible.
En la BPP no había un solo libro de rock para consultar. Los primeros que pude conseguir fueron los volúmenes 1, 2 y 3 de la Enciclopedia del Rock de Jordi Sierra y Fabra en la Librería Continental. Fue a través de una de estas publicaciones que supe que se había hecho una película basada en el álbum The Wall y, a partir de ese momento, comencé a contar los días imaginarios para la que sería su fecha de estreno en Colombia.
Las películas de grupos de rock eran en ese entonces la manera más cercana de vivir la experiencia de un concierto de tus ídolos, de ahí que eran periódicas las proyecciones de The Last Waltz de Scorsese, Tommy de The Who, Woodstock o la más popular de todas: The Song Remains the Same de Led Zeppelin, en teatros como el América o el Tropicana en la 70 con San Juan.Los meses comenzaron a pasar y en Billboard leía de cuando en cuando alguna reseña acerca de cómo le iba a la película, pero aún en Colombia no se anunciaba absolutamente nada en las carteleras de los futuros estrenos.
Trabajando en la oficina que Raúl había montado para los conciertos cerca de Prado Centro, decidí llamar a Cine Colombia en Medellín para preguntarles acerca de la fecha del estreno, pero el personaje al otro lado de la línea no tenía ni idea acerca de qué le estaba yo preguntando. Me recomendó que me comunicara con la central en Bogotá, cosa que inmediatamente hice.En Cine Colombia Bogotá me dijeron que ya habían recibido la película pero que habían decidido no proyectarla en Colombia pues no la veían comercial.

Yo colgué el teléfono totalmente desilusionado con la noticia y así se lo hice saber a Raúl, entonces él, con su visión empresarial, me preguntó ¿Cal, y será que no nos la alquilarán a nosotros? Yo me quedé mirándolo asombrado y le pregunté ¿Y qué haríamos luego nosotros con ella? -Pues, alquilamos un teatro y la proyectamos en funciones privadas – me contestó Raúl.
Inmediatamente volví a llamar a Bogotá y les dije que estábamos interesados en alquilar la película directamente nosotros. El hombre de Cine Colombia, al principio tan aturdido como yo por la idea, me dijo que iba a consultarlo pues no tenía ese tipo de experiencia con películas previas de ningún género. Me pidió que lo llamara al día siguiente.Cuando lo llamé ya me tenía la respuesta. «Se las alquilamos siempre y cuando sea a nombre de una empresa, deben dar «X» dinero como seguro sobre la cinta y el pago del alquiler es 100% anticipado».
Hoy por hoy ya no recuerdo el monto, pero a Raúl no le preocupó esa suma. Comenzamos a buscar un teatro que estuviera dispuesto a ceder sus funciones de la tarde para proyectarla pero ninguno quería hacerlo ya que quienes asistían a las famosas películas ya mencionadas tenían la peor fama por consumo de marihuana, daño de silletería y aún estaba fresco en la memoria de la industria la rasgada de la pantalla del Tropicana durante una proyección del concierto de Zeppelin.

Finalmente di con el Odeon 80 y el Capri, dos teatros que funcionaban en la misma sede en la 80 con San Juan. Nos cederían las funciones vespertinas, les pagaríamos un anticipo y un % de las entradas.Raúl y yo llamamos nuevamente a Luis Alfonso Velásquez, por aquel entonces director de Radio Musical de Todelar y nuestro aliado radial para el Concierto de Argus.
Nos reunimos en el apartamento de Raúl, en el centro de la ciudad al lado del Parque Bolívar, para aterrizar la idea. A pesar de que no habíamos visto la película acordamos que no sería otra clásica proyección para marihuaneros desadaptados.
Pink Floyd era una de las bandas más sofisticadas del rock y su música se había ganado el respeto de la crítica, tanto del género como de otros, incluyendo a la crítica de la música culta. Queríamos mostrar que era posible proyectar una película rock con asistentes de nivel y cultura, alejando los prejuicios que siempre rodeaban a cualquier evento de este género que se hacía en la ciudad y en el país.

Quisimos realzar la experiencia sonora y contratamos con Jorge Vásquez, por aquel entonces el mayor proveedor de sonido en Medellín, amplificación adicional tipo concierto para ambos teatros. Queríamos que tronara pero que «tronara bien», por lo que no solo era potencia de sonido, cada teatro tuvo su propia consola como si de una concierto en vivo se tratara.
Finalmente pensamos que conectar al rock con legitimadores de la música culta en la ciudad sería un movimiento fantásticamente estratégico, por lo que decidimos que al final de la última función abriríamos un foro en el cual participarían el baterista de Carbure y comunicador social Jorge Montoya y el Director de la Orquesta Sinfónica de Antioquia (OSDA), el maestro Sergio Acevedo.Si bien estábamos montando la silla sin bestia, logramos contactar al maestro Acevedo a una de sus salidas del Teatro Pablo Tobón Uribe para hablarle del proyecto y él, el más querido y culto personaje musical de la ciudad nos dijo ¡Si! A duras penas conocía el nombre de Pink Floyd pero la idea le parecía valiosa, y para que se ambientara con su música le regalamos algunos de los discos de la banda…nunca le pregunté si efectivamente se sentó a escucharlos.

Con el apoyo de Radio Musical llenamos todas las funciones en ambos teatros. La cinta con The Wall vio la luz en Colombia por primera vez acompañada de un sonido perfecto. La calidad del público fue extraordinaria, no se dañó ni una sola silla y el público se quedó hasta el final de un foro, en el cual, por primera vez a ese nivel, la música culta se sentaba con el rock para hablar de cultura.
Jorge Montoya murió hace algunos años, el sábado pasado murió Raúl Velásquez y hoy murió el maestro Sergio Acevedo.
Regalo esta crónica para que sus memorias y sus aportes reciban de la historia el crédito que les corresponde.

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