Tareas del teatro de lo insólito (Indecidibilidad de la percepción)
De todos los temas que podrían tratarse desde el teatro mismo, nada sería más necesario que instalar el teatro en el mundo de lo insólito considerado como la suscitación súbita de la percepción. Como un tratado de la percepción. Ya es demasiado, quizá, el realismo basado en la obtusa evidencialidad, en lo obvio.
Por: Óscar Jairo González Hernández
No es la realidad la que es inestable, sino que es el teatro de lo insólito el que la ha de hacer, construir, formar desde lo inestable. También puede ser estable, porque a muchos les interesa lo estable, pero entonces no se trataría en absoluto de este teatro de lo insólito que mostramos.
Y una tarea del teatro de lo insólito tendría que ser la de mostrar. Nada más que mostrar el drama, sin desear hilar para nada una resolución a lo que muestra, para con ello o mediante ello hacer que el gesto sea inabarcable. No tiene medida el gesto en el que se apoyaría este teatro. No es un teatro del Gesto sino de lo insólito del gesto, en su transmisión al observador de lo irresoluble. Y se sostiene sobre el no movimiento tensional de la percepción.
Tiene movimiento tensional, para provocar la ilación con lo insólito. Y por lo mismo será un teatro insolente sin decirlo. Y si lo tiene que decir, lo hará sin decirlo. Y relación gesto, drama e insólito será tratada desde el paroxismo de la percepción.

No tendrá mediación con la historia del teatro, ni siquiera considerará necesario el teatro dadaísta, porque será un teatro causado por el mismo teatro, en su necesidad dramática, de la percepción; lo insólito estará comunicado por los hilos de la electricidad hidráulica, que sería lo insólito. Percepción insólita o sea, nueva. Nueva en la iniciación del que observa. Es un teatro en donde solamente se observará. No habrá instalación sino de los sentidos, para buscar hacer eclosionar los sentidos desde su inexistencia.
Nadie tendrá la membrana dada de los sentidos, sino que allí en el teatro mismo, en el teatro de lo insólito, deberá construirlos, dado que con los sentidos que tiene, no podrá hablar lo insólito dramático que se muestra liberado del tóxico de la realidad. No es una irrealidad de la aquí se trata o de lo absurdo o del sensacionismo o el simbolismo teatral, sino de aquello que desde lo insólito de provocarse la construcción de sentidos, pueda desde allí percibir otra cosa, que no sería lo mismo, sino que haría eclosionar lo uno en lo otro.
Y al formar esas tensiones dialécticas, la contradicción sería innecesaria, la crítica sería intrascendente, porque no habría que recurrir a ella, a no ser que se inventara entonces la contradicción o la crítica de la percepción desde el drama del teatro insólito. Indicaría, nada más o como hemos dicho, mostraría cómo se realiza la percepción por medio de lo insólito. No habría sino dialéctica.

Tendría en una poderosa consideración la relación inexorable con la formación insólita del intersticio.
Todo sería concreto, pero con una inclinación debida al intersticio. Poner en evidencia oscura el intersticio, para que todo lo que se concrete se pueda mover, adquiera formas nuevas, se realice desde lo que lo inestable le proporciona; de ese modo, el intersticio liberará el movimiento de lo insólito teatral, que se mostrará de inmediato desde la naturaleza de lo que no se ha formado sino que estando allí, inminente se muestra para hacerse sobrenaturaleza o insólito.
El intersticio no es el vacío, porque estamos tratando desde la percepción por medio de los sentidos, que no tienen dominio de nadie ni de nada. Y han por lo mismo de estar allí sostenidos o no desde un principio por el hedonismo teatral. Todo el teatro se ha llenado de intenciones.

El teatro de lo insólito no tiene intenciones sino que está poseído desde el clímax mismo de la tensión. La tensión es un clímax en este teatro.
Tendría este teatro, como esencia de su mostrar y sobre la base de lo insólito, entonces que darse a sí mismo su nombre zodiacal, su tendencialidad perversa, su estética inabarcable, sus métodos inalienables, para que entonces el extravío sea el carácter de su temperamento, con y en medio de la fantástica Babel teatral de hoy.
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