Óscar Niemeyer: De la arquitectura como una poética
Es decisiva la observación en la formación del 07-arquitecto Óscar Niemeyer (1907-2012). Y esa observación es resultado de una infancia que ha tenido por vehículo una constante capacidad de sorprenderse, de la necesidad inconsciente, que después se hará consciente de un habitar en la poesía.
Por: Óscar Jairo González Hernández
La inocencia de Niemeyer se inscribe en esa dimensión del poetizar y su arquitectura será, en todo momento, una prueba de esa intención indestructible de habitar el mundo en un estado poético. La observación infantil asimilaba lentamente y sin escándalos, sin sobresaltos mayores la realidad, pero llena de asombro. Nada se interpone, ni interfiere ni interrumpe esta voluntad en Niemeyer.
La poesía es la inocencia y es la que propicia la eclosión del asombro. Ese tránsito que no cesará de hacer y buscar Niemeyer entre el equilibrio y el desequilibrio, lo estable y lo inestable, lo racional y lo irracional en su arquitectura, está contenido en la poesía. Poetizar el mundo, esa es la preocupación principal de la mirada de Niemeyer, que constituye la continuación y lo que completa la proyección como arquitecto.
El humanismo de Niemeyer es un humanismo es totalmente romántico, más que "revolucionario", o sea, el del poeta. Romántica y soñadora es su arquitectura. Emoción y razón confluyen y se precipitan en creaciones nuevas y sorprendentes.
En Niemeyer, la mujer es la forma sensual que lleva a su arquitectura la invención y maduración de la línea curva, expuesta y expandida. Es el cuerpo de la mujer el que le descubre y le hace adoptar para siempre la línea curva. Es la experiencia de la vida la que hace que Niemeyer encuentre lo que intuitivamente buscaba; lo que pretendía inconscientemente se hace consciente por la observación y el estudio del cuerpo de la mujer.

Es la mujer la que le hace visible lo que será entonces parte importante y esencial de sus soluciones arquitectónicas. No es ni lo clásico ni lo barroco, sino la mujer. El aporte de Niemeyer a la arquitectura moderna es la línea curva y ella proviene y es provocada por la fascinación y la admiración por la mujer.
Hay una exacerbación de los sentidos en Niemeyer que es producida por una disposición a estar abierto a lo que percibe en la naturaleza, por lo que para situar su construcción arquitectónica necesita de una observación y admiración de la naturaleza, y es ella entonces quien a su vez participa e interviene en su necesidad de hallar el espacio ideal para llevar a cabo su obra. La naturaleza es mujer, para Niemeyer.
Y en esa relación no hay disipación o dispersión, sino una reflexión concentrada y meditada. Hay investigación y racionalización en la estructuración de su proyecto arquitectónico, pero al mismo tiempo, hay una concentrada presencia de lo instintivo. En esa perspectiva podemos decir que en Niemeyer se inscribe un centro que está dominado por su investigación, por su racionalidad y una periferia que se encuentra sostenida en lo instintivo, en lo irracional. Eso es lo que sorprende en la arquitectura de Niemeyer.

Nimeyer ha cuestionado siempre el hecho de que para muchos de sus críticos comparen su arquitectura con la de Le Corbusier, o la misma arquitectura del barroco brasileño e hispanoamericano. La arquitectura de Niemeyer se basa en la vida, en la experiencia de la vida (Erlebnis), y es ella la que abre las puertas del conocimiento, de la técnica y del estilo que le imprime a sus proyectos.
Niemeyer insiste sobre este tema y además indica que la arquitectura no lo es todo, como lo expresa en una entrevista: “(…) Yo creo que la arquitectura no lleva a nada. Lo que puede mejorar el mundo es la vida. La vida sí puede mejorar la arquitectura. Cuando se llegue a una sociedad socialista la arquitectura va ser más simple, más multiplicadora (…)”. La arquitectura para Niemeyer se instala en la vida, en el sentido de la vida en comunidad de intereses y de sueños, de realidades y de oportunidades.
Y su arquitectura en forma y función realiza esa operación, la de volver a la vida y al pueblo. He ahí su constante reclamo y protesta contra la arquitectura que no pretende más que ser el resultado de un inoperante y banal exhibicionismo.
Niemeyer, no obstante no excluye del todo su relación con el pasado mismo de la arquitectura, aunque lo intenta, porque él busca innovar constantemente desde la vida y la experiencia misma y no desde la historia; por ello dice que: (…) Me acuerdo de que en el Renacimiento, un período tan rico en las artes, la arquitectura era mediocre; los arquitectos italianos estaban preocupados con las columnas griegas (…)”
Esto muestra cómo no le interesa el pasado por el pasado, repetirlo, imitarlo porque sí, sino transformarlo desde la vida, desde el riesgo y la aventura que significa la vida. Y ya se ha dicho, reiteradamente que el arte es aquello que nos ayuda a vivir.

Dice Niemeyer de la Catedral de Brasilia (1960): "No quise crear un recinto de penitencia. Me puse en el lugar de un cristiano, aunque no soy creyente. Los feligreses entran por una rampa descendente, un pasaje oscuro, antes de penetrar bajo la corona de hormigón y vidrio cuyas paredes son traslúcidas. Para dar mayor resplandor a la nave y atenuar al mismo tiempo los rayos del sol, imaginé vitrales concebidos de tal manera...ra que no pudiesen ocultar el cielo. Marianne Peretti realizó en este sentido un trabajo admirable. Tendida en el suelo, en una postura incómoda, dibujo cada uno de los dieciséis vitrales que cubren una superficie tan grande como una cancha de baloncesto. Contrariamente a la pirámide del Louvre, la nave de la catedral se abre al espacio. En su primera visita, el nuncio apostólico dijo al obispo de Brasilia: “El arquitecto que construyó esta obra maestra debe ser un santo para haber hallado un vínculo tan estrecho entre la tierra y el Señor”. ¿Por qué no emocionarme al recordar esas palabras? Me conmovieron mucho.".
La irrupción de lo fundante en la arquitectura de Niemeyer es la presencia constante e inquietante de la línea curva y su permanente condición intempestiva, nunca y siempre la misma intención. Niemeyer busca lo extático del éxtasis, de la medida de la exuberancia, lo exultante de lo que esa construcción le dice a él de su vida y de la de los demás hombres. Intenta profundizar los sentidos del espectador para hacerle ver en otra dimensión lo que es y constituye esa realidad que mira. Y que sienta que todo lo excede, lo desborda pero para atormentarlo, sino para liberarlo de una visión cerrada y sin horizonte.
Niemeyer lleva una vida ascética, sin tantos temblores como su espectador podría suponer. Es la sobriedad y el dominio de sí lo que muestra en su arquitectura. No hay sobresaltos sino del espíritu y son ellos los que quedan inscritos en cada una de las estructuras que mezcla. Mezclar lo imposible con lo imposible es lo que hace Niemeyer.
BIBLIOGRAFÍA:
Argan, Giulio Carlo. Proyecto y destino. Caracas. Universidad Central de Venezuela. 1969. Brasilia.
Entrevista de Édouard Bailby. Óscar Niemeyer: "La imaginación es el punto de partida de la arquitectura." 1998.
Vattimo, Gianni. El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna. Barcelona. Editorial Gedisa. 1985.
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