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GERMAN LONDOÑO: DEL FANTASMA Y DEL BARROCO

La obra del artista antioqueño Germán Londoño propone un universo donde el barroco, la modernidad y lo surrealista se encuentran para explorar los límites entre la realidad y lo imaginario. A través de una estética marcada por el vacío, la sensualidad, la obsesión y la figura del fantasma, su pintura convierte el misterio en una forma de expresión y hace del deseo, la muerte y el sueño los protagonistas de un teatro visual propio.

IFM Noticias
REDACCIÓN--
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GERMAN LONDOÑO: DEL FANTASMA Y DEL BARROCO

Decía Rimbaud que había que ser absolutamente modernos y también diríamos que habríamos de ser totalmente barrocos. Y no solamente en la forma sino también en la estructura, y en la secreta y oculta sensualidad, en la invención y en la necesidad de llamar e invocar el misterio. O como lo ve Germán Londoño (Medellín, 1961), como Fantasma. Dado que es una relación de la densidad y el vacío. Forma entonces del barroco, en el cual la intensidad se mezclaba con la razón y hallaba el misterio. También ese mundo y esa realidad son del orden de lo estable y del movimiento.

Ya en el Renacimiento y en el Barroco no había más que necesidad escandalosa de lo absoluto y el cuadro lo era y debía serlo en todo momento. Totalidad y absoluto, mediado por la intensidad y el vacío. Todo ello se llamaría el ars inveniendi, como un tratado de la invención, y es la invención la que da la medida a la muerte. El Fantasma y el Barroco se hallan en los cuadros realizados por Londoño.

Como lo dice Deleuze: “(…) El Barroco es el arte informal por excelencia: en el suelo, a ras del suelo, bajo la mano, incluye las texturas de la materia (los grandes pintores barrocos modernos, de Paul Klee a Fautrier, Dubuffet (…).

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Pero lo informal no es negación de la forma: plantea la forma como plegada, y existiendo únicamente como “paisaje de lo mental”, en el alma o en la cabeza, en altura; incluye, pues, también los pliegues inmateriales. Las materias son el fondo, pero las formas plegadas son maneras. Se va de las materias a las maneras (…) (1). Transformación de la forma, del estilo en cuanto que el vacío del barroco lo llena el Fantasma. Shakespeare es el Fantasma y Hamlet es el ser real.

Toda la modernidad del barroco, que se relaciona ya no con la historia sino con el movimiento, la estructura de una sensibilidad, esa es la teoría y la tesis. Obsesión de la muerte y de la vida. Demostración de que lo real es allí donde la invención hace ver. Es la invención lo que hace la modernidad del barroco, es lo que hace Memoria en el saber y el ser. Y la modernidad del barroco es la ironía y la irreverencia que se da en Germán Londoño. Y esa modernidad se da en la medida en que la intensidad y la invención forman la estructura en la que lo real se torsiona. Torsión de lo real y de lo sublime, en la sensualidad; la muerte es la sensualidad.

Todo su arte se da en la combinación de lo real como muerte y de lo real como sentido de lo sensual. Orden Barroco que es cuando se mezcla con lo que es el Renacimiento, el simbolismo, el futurismo, el surrealismo, etc. De esa manera el ser absolutamente moderno no lo es sino cuando hace invención y relación de invenciones. Ya lo decía Kasimir Malevicht: “Volved a instaurar el Renacimiento”. Instaurarlo en cada uno, hacer también su Fantasma teatralizado.

Tenemos que lo Barroco es lo que lo lleva a la ironía y de la misma forma a la melancolía, el drama de la melancolía. Ironía y melancolía sobre el conocimiento de la realidad. Todo se obtiene en el exceso, el barroco. De la luz o la oscuridad nada se sabe sino en el exceso. Del exceso y la medida, dándose en la teatralización. Teatro Barroco y moderno, y es el teatro donde se hace la forma, donde se da el sentido a la realidad, a su realidad y a la del Fantasma. Teatro fantasmático. Teatro del vacío, como lo concebía Yves Klein. Instante en que todo ha de decirse o no.

GERMAN LONDOÑO: DEL FANTASMA Y DEL BARROCO

En el momento en que todo hace visible, y el Fantasma hace lo mismo: no obstaculiza ser real. Teatro y Fantasma en el cuadro, son los medios con los que él hace la reflexión sobre sí mismo. Yo no es otro; yo es mi fantasma. Como Fantasma entonces yo soy todos. Yo hablo, diría Londoño, con Delacroix en mi teatro, y el teatro es mi ser. Y por eso Londoño lo intenta resolver en lo intenso, en la sensualidad, en la construcción de las formas, en la destrucción del estilo. Tiene una estética en la que el caos es lo esencial, ya que evidencia lo sublime del deseo. Desear ser cubista o barroco es lo mismo.

Todo ello se da en el deseo, eso es lo maravilloso. Observamos entonces que el fantasma no es lo que se denomina fantasía, el fantasma es real, se halla en relación con la realidad. Y llenan el vacío de la Ciudad, de la Naturaleza: naturaleza y ciudad intervenidas por fantasmas. Donde la sensualidad se realiza, es lo barroco. Londoño ha estructurado una estética, la del vacío y la del sueño, una intensidad en la forma del barroco y de la modernidad. Y eso mismo es lo que le lleva a hallar lo que necesita en su esencia de un Cézanne, Matisse o Picasso, y de un Tanguy, observando Oceánico y la Oceanía. Teatro del misterio que se combustiona en esos cuadros, lo extraño y lo surreal. Océano de lo inconsciente verdadera y maravillosamente revelado en él. Y del que Londoño se llena hasta el éxtasis y hasta el olvido. Todo se obtiene en él por obsesión. De modo que su teoría del conocimiento es la obsesión. Obsesión y razón, obsesión y sueño, obsesión y fantasma.

Y los Fantasmas desean, lo desean a él, y él los desea. Tiene que vivir con ellos, los llama, los invoca. Quiere tener con ellos relaciones herméticas. Y ellos son de él, nadie más los ve. Londoño es Narciso, al verse en el Fantasma. Fantasma de Teseo, de Monet o de Seurat; de Herodes, Delacroix o Hamlet. O el de Versace: tratado de la ironía y de la modernidad barroca. Tiene que reír, reír de la muerte y de la vida. Forma y medida del hedonismo. Que se revela en sus cuadros. Temeridad y soberbia.

GERMAN LONDOÑO: DEL FANTASMA Y DEL BARROCO

Decía Genet un hermoso ensayo llamado El Funámbulo: “(…) Pero el Ángel se hace anunciar, quedate solo para recibirle. El Ángel, para nosotros, es la noche caída sobre la deslumbradora pista. Que tu soledad, paradójicamente, esté a plena luz, y la oscuridad esté compuesta por mil ojos que te juzgan, temen y esperan tu caída, poco importa: danzarás sobre y una soledad desértica, con los ojos vendados si puedes, con los párpados cosidos.

Pero nada -ni, sobre todo, los aplausos o las risas- impedirá que dances para tu imagen. Eres un artista -ay- no puedes ya negarte el monstruoso precipicio de tus ojos. ¿Qué Narciso danza? (…) (2). Danza y movimiento. Desorden de los sentidos y del sentido, dando un otro orden a lo que ha observado. Observación que es movimiento, observación que es llevada con y en el deseo. Deseo y fantasma son el hilo de Ariadna de ese sueño que debe y dice ser Germán Londoño.

Notas:

1. Deleuze, Gilles; El Pliegue (Leibniz y el Barroco). Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, 1989.

2. Genet, Jean; El Objeto Invisible (Escritos sobre arte, literatura y teatro). Barcelona, Editorial Thassália, 1995.

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