Fredy Telléz o el «pequeño tratado del libre pensador»
Por internet pudimos enterarnos de que acabas de publicar un libro en Francia, titulado “Petit traité du libre penseur”. ¿Se trata de una traducción o de una obra escrita directamente en francés?
Por: Óscar Jairo González Hernández
Es un libro escrito simultáneamente en español y en francés. En realidad comienzo en español y continúo enseguida a traducirlo en francés. Sin embargo, a veces, ciertos párrafos, ciertas ideas las escribo primero en esta lengua, llevado por el impulso de la traducción. Después las paso al español. Es la segunda vez que trabajo de tal manera, pues se trata de mi tercer libro publicado en esa editorial francesa El primero de todos fue una traducción hecha por un tercero de un texto previo en español. El segundo, lo escribí y lo traduje al mismo tiempo, pero la versión francesa se la di a una correctora profesional. En este último asumí solo el francés.
¿Cómo y por qué has llegado a esa forma de trabajo?
Es una consecuencia de mi largo exilio. A partir de un momento me dije que no podía continuar publicando solo en español, cortándome así del medio francófono en el que vivo. Además, tengo cada vez más dificultades para encontrar editores colombianos para lo que escribo. Eso fue lo que me llevó a esa nueva situación. Hoy estoy recogiendo los frutos, porque el editor francés parece estar contento conmigo y me propone ofrecerle prioritariamente lo que hago. Una vez presentado un manuscrito, me responde enseguida. Hasta hoy no me ha devuelto nada de lo que le he sometido a su evaluación. Mientras que la versión española del Petit traité fue rechazada por una editorial colombiana, que me ha publicado, empero, otro libro anterior.
¿De qué trata ese libro y por qué lo llamas «Tratado»? ¿Qué buscas mediar históricamente con el Tractatus de Wittgenstein? El término «tratado» remite a una forma de escrito conciso e impactante, que intenta transmitir un contenido sin muchos rodeos ni aparatajes académicos. Está escrito en base a párrafos numerados, como lo hace Wittgenstein en la obra de marras, pero de manera más libre, menos seguida. De hecho, pensé más bien en la forma «Bréviaire» o «Précis» utilizada por Cioran. Es asimismo una manera de combinar el espaciamiento y los saltos de la escritura fragmentaria con la continuidad propia del ensayo.
¿Qué hilo o hilos lo comunican con “Del pensar breve” que editaste en 1993? El pensar breve está basado mucho más en lo fragmentario y aforístico. Este es más ensayístico, en cuanto se articula alrededor de un solo tema: el libre pensador. El libro posee dos partes diferenciadas, en seis capítulos. En los cinco primeros me ocupo de la posible genealogía del libre pensador, a la vez que interrogo su pensamiento acerca de núcleos de reflexión como «razón y religión», «sexualidad y mundo», «vida y muerte», «Sócrates y Jesús ». La segunda parte, es decir, el capítulo final, intenta cernir los marcos de nuestro presente. Es una parte abiertamente política con análisis sobre lo nuclear y las relaciones entre Shoa y Gulag. Los problemas que me interesan se articulan alrededor de cuestiones tales como: ¿La energía nuclear borra las fronteras entre lo militar y lo civil? ¿Es Lenin responsable del Gulag? ¿Qué oculta la noción de estalinismo? ¿Debería tener lugar un Nuremberg del comunismo?
¿En qué consiste lo que llamas «librepensador»? ¿Qué te instó a denominarlo así y qué alcances quieres darle hoy? La figura del libre pensador es un poco problemática; ella tiene algo de decimonónico, pues se constituye en los debates y luchas anticlericales del siglo XIX. Según los especialistas, fue Víctor Hugo quien acuñó el término hacia 1850. Nietzsche, una de las fuentes que estudio en la genealogía de la expresión, lo rechaza a partir de sus críticas a la democracia.
Él diferencia entre Freidenker o libre pensador y Freie Geist o espíritu libre, prefiriendo este a aquel. En el libro me debato con todo ese contexto e intento sentar sus bases. Ellas no se diferencian de las ya puestas por Nietzsche al definir al espíritu libre en su Más allá del bien y del mal, a las cuales agrego unas más. Schopenhauer y los moralistas franceses del siglo XVII son otras de las fuentes discutidas. Por lo demás, la figura del librepensador aparece ya en mi libro precedente, La filosofía en tono menor. Allí se encuentran otras razones que apuntalan su espacio de ejercicio.
El libre pensador puede ser considerado como una figura recurrente de la filosofía, que contrabalancea sus períodos dominantes de institucionalización. Ante Platón y su Academia, por ejemplo, Diógenes de Sínope puede ser visto como un libre pensador. Ante la llamada French Theory Derrida. Foucault, Deleuze, Lacan y otros; Cioran es sin duda un libre pensador. He ahí, para dar una idea, la importancia y el contexto de esa figura que adopta a veces el pensamiento por fuera de corrientes. Espíritu libre o libre pensador, da lo mismo.
Noticias relacionadas
Lalis Solórzano regresa a escena con “Privado”, una obra que cuestiona los límites de la intimidad en la era digital
La actriz y directora colombiana lidera una nueva versión de la aclamada pieza de Mona Pirnot, que…
Feria de las Flores transforma a Medellín en un gran escenario cultural con plazas abiertas para ciudadanos y turistas
Con una variada programación artística, gastronómica y cultural, las Plazas de Flores se consolidan…
Ana María Abello sería la próxima viceministra de Cultura del gobierno de Abelardo De La Espriella
Aunque el nombramiento aún no ha sido confirmado oficialmente por el Gobierno, todo apunta a que la…