Diego Gómez: “Es la ciudad el escenario donde los cuerpos/vestidos transitan”
Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Cómo le va usted dando forma, sentido y perspectiva a lo que hace como artista, en donde lo radicaba e instalaba antes de llevar a su necesidad e interés de realización y desarrollo de su formación a Primitive Colors? ¿Cómo se dio ese nuevo trayecto? ¿Qué consideraciones le propone y qué puede vaciar en esta tarea? ¿Qué mixturas hace, cómo las hace, y qué le dicen a usted, que busca hacerles decir a los otros? Porque el VESTUARIO como principal manera de lo que hace, qué le suscita, por qué lo propone y qué dimensión le da a lo que denomina? EL VESTIDO COMO OBRA DE ARTE QUE TRANSITA LA CIUDAD; de qué se trata esta visión ensayo-intervención qué contiene y por qué? ¿Cómo realiza usted la observación de estos fenómenos y qué intenta transformar con y en ellos, en medio de todas las estéticas del VESTUARIO que hay, una estetización de la vida o no?
2006…luego de salir de mi formación académica como magíster en Historia del arte y habiendo experimentado el ejercicio catedrático, no veía un futuro en este campo. La verdad, nunca me apasionó la docencia; fue más un ejercicio para confirmarme a mí mismo que este no era el camino a seguir… Si no hay pasión por lo que se hace, mejor ni intentarlo, ya que esto frustra, y este sentimiento engendra rabia, desasosiego, impotencia y desazón por la existencia.
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Pintar, dibujar, escribir, fotografiar y crear formas tridimensionales era lo que realmente me apasionaba, pero veía que subsistir de esto sin entrar en el circuito del arte local era casi que imposible. Galerías y museos se me presentaban como escenarios inertes, fríos y alejados de la vida; era el arte encumbrado en un pedestal anquilosado.
Aparece entonces en mi existencia un proyecto que me asombró por su propuesta conceptual, por el proceso de investigación en técnicas de creación y por el tema que abordaba: todos los efectos que ha tenido en el ser humano contemporáneo el proceso de industrialización.
El cuerpo siempre había sido mi tema de reflexión tanto en la escritura, como en las artes plásticas, su cruel manipulación a través de masacres, torturas y desapariciones, convirtiéndolo en significante social en la violencia colombiana.

Ese cuerpo en la contemporaneidad no se puede concebir aparte de estos otros dos conceptos: vestido y ciudad. Y esto era precisamente el objetivo de Primitive Colors: plasmar esta reflexión a través de la escritura, el dibujo, la pintura y el grabado, entre otras técnicas, pero llevadas al vestido como soporte tan válido como la hoja de papel o la tela tensada en un bastidor de madera.
Es el cuerpo/vestido como obra de arte transitando la ciudad, interpelando al transeúnte cotidiano, acostumbrado a mirar el vestido como una forma de pertenecer a una élite consumidora de bienes de lujo; o como artículo de moda (esa lógica tiránica de las sociedades hiperconsumistas contemporáneas), que lo relaciona con la masa estandarizada y homogénea, que viste igual, piensa igual, se comporta igual, come igual, que usa y desecha porque ya pasó de moda; una masa que siempre busca el uniforme y la tendencia de moda, donde el pensamiento crítico no cabe y lo que se diferencia es estigmatizado, atacado y hasta destruido porque se ve como una amenaza.
Se convirtió Primitive Colors en mi proyecto de vida, en un nicho propicio para desarrollarme como creador e investigador; a partir de aquí comienza un proceso de retroalimentación entre mi propuesta plástica personal, mi proceso de investigación teórica sobre el cuerpo y la apuesta de Primitive por recuperar el cuerpo/vestido como lenguaje artístico y como soporte de una propuesta plástica y teórica que reflexiona sobre las sociedades contemporáneas, donde el mercado impone su lógica de hiperproducción e hiperconsumo, como máximo factor determinante de lo político, lo económico y lo social. Cobran entonces aquí la producción y el consumo su carácter de verdaderas acciones políticas en las sociedades contemporáneas.

Este punto, para mí, fue clave en mi decisión de unirme a Ligia Piedrahita (fundadora de Primtive Colors) para consolidar este proyecto. ¿Qué produzco? ¿Para qué produzco? ¿Por qué produzco? ¿Cómo produzco? ¿Para quién produzco? ¿Qué consumo? ¿Para qué consumo? ¿Por qué consumo? ¿Cómo consumo? ¿A quién le consumo?
Parecen preguntas superfluas, pero ellas permiten tomar conciencia de que estas acciones tan propias del sistema capitalista pueden asumirse de una manera dialéctica, generando una interacción, un diálogo entre productor y consumidor; no una imposición irracional del mercado, del sistema moda.
Primitive aparece como una propuesta que tiene detrás todo un proceso de investigación plástico/estético/conceptual/filosófico que le da contenido y sentido al vestido y al sujeto que lo porta, situándolos en el campo del arte.
Cuerpo – vestido – ciudad. Sin esta tríada no podríamos concebir y entender al ser humano contemporáneo. Y Primitive Colors la aborda desde el campo del arte, utilizando este como herramienta fundamental de nuestro quehacer diario, de la existencia asumida como un acto creativo, que se debe realizar día a día, convirtiéndose en nuestra acción política de resistencia creativa, lo que dota de sentido nuestra existencia.
El cuerpo, ese medio material en el cual se encarna el Ser y su construcción cultural, es decir, el Yo, dotándolo de una supuesta individualidad creada por el sujeto que lo habita, que se expresa a través de él, y lo viste, o con tendencias de moda (pronta moda), o con bienes de lujo; o bien como lo hacen las personas que buscan diferenciarse, que lo visten con atuendos que hablan de individuación, de la concepción de mundo que tiene ese ser que habita ese cuerpo/vestido. A estos últimos va dirigido Primitive Colors, a aquellos que quieren recuperar el vestido como lenguaje, a llenarlo de contenido filosófico, estético, que interpele al otro, a ese otro que también transita la ciudad en el devenir cotidiano.
Es la ciudad el escenario donde los cuerpos/vestidos transitan, existen, interactúan con otros cuerpos/vestidos que proyectan su imagen a los demás, ya sea de uniformización laboral, o de tendencia de moda, o de tribu urbana, códigos de formas y colores, de ademanes y palabras; es la efervescencia de lo humano en su intercambio simbólico, su confirmación como ser social, que existe en tanto el otro lo perciba, lo lea, vea su imagen, la interprete, lo valide como existente. Es el otro mi referente en tanto interactúa conmigo directa o indirectamente; soy el objeto en tanto soy observado, analizado e interpretado; en tanto soy leído por el otro.
¿Por qué me visto? ¿Para qué me visto? ¿Para quién me visto? ¿Me visto para cubrir mi desnudez? ¿Vergüenza? ¿Pudor? ¿Protección?:
“Tan pronto la comieron, se dieron cuenta de que estaban desnudos y sintieron vergüenza. (…)” Génesis 3:7. Esto es lo que nos dice la tradición judeocristiana.
Primitive Colors pone el énfasis de su concepción del vestido como soporte donde plasma visualmente todo su proceso investigativo. El vestido como manifiesto visible del ser que lo porta, que lo asume como lenguaje que habla de su mundo interior, de su psique, de toda esa carga histórica que lo ha formado como sujeto; el entorno como modelador de la personalidad; la interacción social como forjadora de la imagen que de mí mismo creo y proyecto hacia los demás. ¿Nos vestiríamos igual si viviéramos aislados de los otros? Sí, pero ¿perdería el vestido su función como lenguaje? O, en tanto me visto para mi ¿sigue hablándome a mí mismo de lo que soy? ¿Requiero esto para mi afirmación como sujeto, como individuo? En tanto el otro no existe como referente, ni como sujeto/observador, ¿el vestido pierde su sentido como lenguaje y se mantiene solo como un objeto funcional protector? ¿Pierde su función social? ¿Se necesita al otro para que mi vestido cobre sentido como lenguaje? ¿Y como arte? ¿Qué hace que el vestido se convierta en arte?
Como se dijo anteriormente, tanto Ligia como yo teníamos desde nuestros inicios como artistas plásticos al cuerpo como tema central de investigación teórica y plástica. Muchos artistas a lo largo de la historia han tenido al cuerpo como tema central, pero nos interesa en particular el movimiento del Accionismo Vienés, ya que como dice Piedad Solans:
“El artista accionista transfiere a su cuerpo todo el poder plástico, metafórico, simbólico y semiótico que detenta el objeto artístico. (…)”
Primitive Colors habla de la mónada contemporánea cuerpo/vestido, y tal como el Accionismo Vienés utiliza su cuerpo para interpelar al otro, nosotros utilizamos al cuerpo/vestido como objeto artístico cargado de aquellos conceptos que plantea Solans, y que interactúa con el otro interpelándole. Si el Accionismo Vienés saca al cuerpo de la representación y lo pone a encarnarse como objeto artístico en sí, Primitive Colors saca al cuerpo/vestido de la pasarela encumbrada, lo pone a habitar la calle, a asumirse como obra de arte que transita la ciudad, que no se cuelga de una pared de un museo o una galería; nos interesa la vida cotidiana, la experiencia estética en el día a día; el cuerpo/vestido como obra de arte viva, funcional; el vestir como un acto performático.
Es importante aquí traer a colación una autora contemporánea: Yuriko Saíto, quien habla de la experiencia estética en lo cotidiano. En una reseña que hace la artista y filósofa Alexandra Mizrahi, comenta:
“Saíto recalca lo rica y multifacética que es nuestra vida estética diaria. Sus objetos abarcan las formas de arte convencionales, como la pintura, la música, la literatura, la danza, el teatro y, además, las nuevas formas de arte como los happenings, las performances, el earth art, las instalaciones y también la televisión, la música pop, los deportes, los juegos; sumadas todas estas a las actividades diarias como comer, caminar y vestirnos.”
“(…) y vestirnos”; esto es lo que propone Primitive Colors, el vestido como generador de una experiencia estética, no sólo por su concepción como obra de arte en sí, sino también porque es de uso cotidiano, funcional, que recorre las calles como lenguaje que habla del sujeto que lo porta y se lo apropia como tal.
Saíto menciona dos aspectos por separado que diferencian un objeto artístico de uno de uso cotidiano pero que en la propuesta de Primitive Colors se fusionan; dice Saíto:
“Otro elemento que caracteriza al objeto artístico es la autoridad identitaria, esto es, la presencia de un autor que ha creado aquel objeto con la pretensión de que sea una obra de arte”. Y continúa:
“Otro aspecto por el que un objeto de arte difiere de uno cotidiano es que los objetos artísticos son creados y apreciados primeramente por su significado estético. En cambio, los objetos de la vida cotidiana como utensilios, vestimentas, muebles y herramientas son creados y usados primeramente con propósitos no estéticos; son usados y apreciados de manera funcional.”
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