Del encuentro con “Otraparte” en otra parte
Como dice él, nunca se sabe nada de nada; dónde comenzar es lo que más le causa turbulencias secretas, porque en las evidencias de la vida misma, nada le perturba, ya que lo dado, dado está; es como del destino, nadie ni nada puede cambiarlo.
Por: Óscar Jairo González Hernández
Y ha intentado hacerlo, pero no ha sido realizable; y por ello no siente frustración, ni percibe ese no dominio como un fracaso. Dice no conocer la frustración ni el fracaso. Dice que la vida es así, en su realidad, pero no quiere decir que ceda a lo que sea o a lo que resulte, sino que, no obstante todo lo que pueda ocurrir, intenta maniobrar ese destino que no conoce, que le es desconocido. Y en ello concentra todas sus fuerzas.
Nunca se expone pues, a que todo quede incrustado en una condenable para su mundo, irracionalidad. Y por eso establece medidas persuasivas a ese su mundo, desde la racionalidad intuitiva, que es una de sus técnicas para relacionarse con el mundo. Naturaleza obcecada, que no hace concesiones en aquello donde sabe que no puede hacerlas. Como la de decidir sobre sus cosas. O cómo moverse en la noche como un futurista, en lo simultáneo, pues conoce del simultaneísmo, pero nunca lo dice a nadie. Conserva cierta tormenta, que le tranquiliza.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeY en esa medida, que no mide nada, dice él que siente una fascinación por cambiar los nombres de las cosas, que le dan miedo las cosas que no se transforman, como los seres humanos. Que necesita estar constantemente cambiando, en su visión, en sus visiones, como si tuviera en todo momento una necesidad intensa de hacerlo. Como cuando le dicen: aquí queda Otraparte (la casa museo Fernando González); y en él, se suscitan nuevas relaciones con ese nombre, busca relaciones inmediatamente con otros nombres, instala vasos comunicantes que lo lleven a otras dimensiones desconocidas u otra realidad.

Nunca había observado que en un bar, llamado “Las nubes”, había al fondo de una de las paredes del mismo un retrato del filósofo Fernando González. Nunca lo había visto. No era asiduo ni frecuentaba el bar, tampoco era eso; porque para él, no es necesaria la asiduidad ni la frecuencia en nada de lo que hace, para así poder derribar y causar corrosión determinante en lo que denominan repetición o rutina, que es la ruina de la vida. Y por eso le provoca esas permanentes fisuras al pensamiento, en ese sentido. Y entonces se hace decir que no sabía que también allí estaba o podría estar también Otraparte. Que ese bar era otra parte en su destino o parte otra.
Tampoco nada más, se le se le hizo extraño, ya que conocía el poema de Rimbaud de “Una temporada en el infierno”, en el que dice que la vida está en otra parte, ya que no somos de este mundo (“La virgen loca. El esposo infernal”); y también, porque como es lector barroco, con inclinaciones obtusas, conoció la vida del poeta Jaromil en la extraordinaria novela de Kundera: “La vida está en otra parte”. No quiere estar condenado a la lectura, pero tiene que hacerlo, porque así el destino lo domina, y siente que al ser dominado por el destino, no hará sino vivir con esa máscara de yeso. Y no quiere hacer nada contra él. No hace turbias relaciones con las posturas sobre la lectura. Cada quien puede tener las que conciba y proyectarlas en los medios que considere necesario exponerlas o promoverlas.
Insiste en no hacerlo, contra toda crítica que se le pueda hacer o le hacen. Decide distanciarse más y más de sí mismo, para que nada de lo que dicen pueda alcanzarlo a involucrar, o los otros (as) puedan decir que lo conocen o que lo conocieron. Nada de eso, él es un desconocido. Es verdad que algunas veces gusta en exceso (como dinámica) de los simulacros.

Crea un intervalo para incluir lo que de él dice la dramaturga y performancista Kelly Dittel: “Y lee de la dramaturga y actriz Kelly Dittel lo que dice de él: “Entre la lluvia de los sueños me enseñó a leer (nos) en toda la naturaleza y con las heliconias comprendí la poesía. En esa libertad de creación en la que se han basado nuestros acercamientos patafísicos, el mundo para él, donde yo no soy yo quien escribe, sino que es nuestra escritura la que me escribe a mí, balbucearía que sin la función del espíritu poético se torna inhabitable (…)”.
Y así para él, como no le es innecesaria la práctica teórica del delirio o de la alucinación, como es una de sus prácticas más substanciales y medulares de y en su vida, entonces puede tener la reveladora presencia del médium Fernando González, en esa otra parte en esa otra ciudad, Envigado, y que todavía para él, mientras caminaba por el parque hacia “Las nubes”, percibió las ceibas a las que dedicó su sublime obra: “Don Mirocletes”. Coincidencias que perturban nuevamente los sentidos del que no puede decir nada de su destino, pero sí de los momentos que lo forman, que lo invaden de símbolos como quien está febrilmente moviéndose en las calles de ciudades, a las que hace visibles con la misma cantidad de naturaleza que lo mueve, que hace mover con los imanes de sus contracciones sensibles, no contradicciones. O ese: “Como estar en la calle haciendo otra vida. Filosofía de la calle”, que lee en un medio de comunicación, y que no le interesa. Quiso fundar ahí mismo la nueva Otraparte de Fernando González, y por eso comenzó la tarea con el dramaturgo Ben Hur Carmona, que dice de su experiencia en esta parte otra del relato: “Mientras él dice estar inaugurando una nueva Otraparte, Fernando González me clava los ojos desde el retrato incrustado en la pared: no contempla, examina; no posa, interroga.
Su presencia tiene la contundencia de quien descubrió que tras cada solemnidad humana se esconde una comedia, y tras cada comedia, una parodia.

Me observa como dramaturgo, sospechando de mis artificios, midiendo mis silencios, preguntándose si escribo para revelar al hombre o para desnudar sus imposturas
De pronto su ironía ocupa la mesa, el aire y las palabras:
“¿Y usted qué pretende, poner la vida en escena, cuando la vida lleva siglos representándose a sí misma?”
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