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Clara Inés Velásquez: “En realidad este libro fue una necesidad visceral para mí (…) yo tenía que parirlo”

¿En medio o desde qué necesidad, interés y deseo se formó y estructuró en usted, o alcanzó forma su libro? “Mujer mueble”

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Clara Inés Velásquez: “En realidad este libro fue una necesidad visceral para mí (…) yo tenía que parirlo”

Por: Óscar Jairo González Hernández

¿De qué se trata, cuáles son sus obsesiones, sus fantasmas, sus visiones, y por qué lo llamo de esa manera; de qué objetualidad se posee, cómo la contiene y la disemina sobre su mundo? ¿Qué historia le mueve, qué sensaciones lleva a vaciar en ese libro objeto, podríamos decir? ¿Y qué proyecta de su yo, de la mismidad secreta de su yo, su melancolía, su extrañeza, su miedo y sus hilos (Aracné), como cubren la membrana misma del libro, que hila con qué hilo; desde qué estética se aborda y se desborda, como del vértigo que le causó hacerlo, y por qué?

Mi libro de artista Mujer mueble es el último peldaño de mi proyecto que lleva por nombre el mismo título, en el cual quería hacerle una invitación a quien decida meterse en este y en el recorrido que le propongo para tomar sus páginas, sus textos y sus ilustraciones como una suerte de cartografía de un mueble, en este caso mi mueble, para meternos por algunos de sus cajones, pero con la intención de que cada quien pueda evocar sus propios muebles, sus propias historias. De esta manera encontramos dos voces: la voz del mueble en primera persona y cuando entramos en los cajones de este, entramos en una conversación cotidiana de mi madre y una descripción poética de la atmósfera espacial que recuerdo de la vida con ella.

Así, resulta siendo una metáfora de los recorridos de una mamá, en este caso, de mi mamá Margarita Vélez, donde su nombre Mujer mueble hace alusión a las prendas de vestir antiguas como el miriñaque y el polisón los cuales daban un lugar en el espacio y modificaban el cuerpo a modo de prótesis, traduciéndose en el deber ser femenino.

Así como todos mis proyectos de arte se han basado en mil pulsiones obsesivas, que se traducen en mis leitmotivs; en Mujer mueble y a lo largo de mi obra se manifiestan los perros y su pelo, los muebles con sus historias contenidas y sus maderas, mi madre como mi matrioska de la cual emerjo y contiene a mis ancestras. Así pues, tejo estas pulsiones con mis miedos y mis días mejores para evocar las atmósferas que entrego en cada una de estas páginas.

Entrando ahora un poco más en una de estas pulsiones que son fundamentales en mi quehacer: la obsesión por los muebles con su materialidad rígida, con suertes de cajones, hendiduras, formas salientes, entrantes; resulta para mí toda una topografía deliciosa por la cual recorrer, sumada con mi obsesión por las texturas, traduciéndose en una deliciosa topofilia. Aquí entonces, hago un símil con la genealogía materna, como si ella toda pudiera agruparse, contenerse en un mueble, con el sinfín de formas que podrían tener para abarcar, abrazar, cubrir a todas estas mujeres que ya me contenían, en realidad mujeres y hombres, pero que aquí en esta mujer mueble, quiero justamente detallar, focalizar la labor de la madre que llevó toda una casa encima, concentrar la mirada en los recorridos que tuvo que vivir para que yo esté aquí.

En realidad este libro fue una necesidad visceral para mí, pues yo tenía que parirlo, pues un poco me lo debía para tratar de llevar este duelo de la muerte de mi madre y un poco también como regalo para ella, para tratar de estar solo un poco más cerca de su presencia. La necesidad de seguir bordando esa extensión que nos une como una estela infinita.

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