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(AL MOMENTO) El dolor de la demolición: Cali enfrenta la difícil tarea de reconstruir tras el terremoto

Cali se enfrenta a la dolorosa fase de demolición de edificios tras el terremoto, un proceso que ha comenzado en el barrio Cuarto del Evo, afectando a cientos de familias y sus historias de vida.

REDACCIÓN
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(AL MOMENTO) El dolor de la demolición: Cali enfrenta la difícil tarea de reconstruir tras el terremoto

A casi un mes del devastador terremoto que sacudió la capital vallecaucana, la ciudad se adentra en una de las fases más dolorosas y complejas de su recuperación: la demolición de las edificaciones irreparablemente dañadas. Este proceso, que el alcalde Alejandro Eder había anticipado como uno de los momentos más difíciles, ha comenzado, confrontando a cientos de familias con la pérdida definitiva de lo que fue el fruto de toda una vida de esfuerzo y trabajo.

Un mes de la tragedia, la ciudad se detiene para recordar

El próximo jueves 10 de septiembre, Cali conmemorará un mes exacto desde el sismo que alteró su cotidianidad. A las 7:34 de la mañana, la ciudad se detendrá por un minuto y medio en un acto de memoria y solidaridad. Las campanas de las iglesias repicarán, los vehículos encenderán sus pitos y los ciudadanos prenderán velas, en una iniciativa que se espera sea replicada en diversas localidades del Valle del Cauca. Este gesto simbólico busca honrar a las víctimas y reflexionar sobre la magnitud de la tragedia que ha dejado una profunda huella en la comunidad.

El inicio de las demoliciones, el barrio Cuarto del Evo, epicentro del dolor

El proceso de demolición ha iniciado en el barrio Cuarto del Evo, una de las zonas más golpeadas por el terremoto. Este sector es tristemente recordado por la muerte de las hermanas Saavedra, dos de las trillizas que perdieron la vida en el colapso de estructuras, y por ser el lugar donde se ubica la Avenida Guadalupe, escenario de dramáticas pérdidas humanas y materiales. La primera edificación en ser intervenida es el edificio María Mercedes Lloreda, una construcción de 45 años de antigüedad que, a pesar de su historia, no pudo resistir la fuerza del movimiento telúrico.

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Las imágenes de la demolición del María Mercedes Lloreda revelan la crudeza de la situación. Utilizando un taladro especial, en lugar de una implosión, la estructura ha comenzado a ser desmantelada. El edificio, que quedó completamente desnivelado, albergaba principalmente a personas adultas mayores, quienes con gran esfuerzo habían adquirido sus apartamentos, manteniendo al día sus impuestos prediales y servicios públicos. Ubicado estratégicamente cerca de la Plaza de Toros, la Calle Quinta y la Universidad de Santiago, era un punto de referencia para muchos. En este edificio falleció una persona adulta mayor, sumándose al dolor de las 22 familias que lo habitaban, además de la familia de una casa contigua que también resultó afectada.

Pérdidas incalculables, vehículos sepultados y sueños desvanecidos

La magnitud de la destrucción en el María Mercedes Lloreda es tal que, según reportes, todos los vehículos que se encontraban en el parqueadero quedaron sepultados bajo los escombros y están siendo demolidos junto con la estructura. La imposibilidad de rescatarlos subraya la rapidez y la fuerza con la que el terremoto impactó la zona, dejando poco margen para la recuperación de bienes materiales. La casa adyacente al edificio también sufrió daños estructurales severos, lo que obliga a su demolición, ya que ninguna de estas edificaciones es apta para ser habitada nuevamente.

Este proceso de demolición es solo el comienzo. Inicialmente, se tiene previsto demoler once edificaciones, pero el número total de estructuras afectadas en Cali supera las trescientas. A medida que la movilidad se restablece y se abren nuevas vías, los caleños se sorprenden al descubrir la cantidad de edificios que presentan daños estructurales, muchos de los cuales eran imperceptibles en los días inmediatamente posteriores al sismo. La ciudad enfrenta un largo camino de reconstrucción, donde cada nueva evaluación revela la magnitud de la tarea por delante.

El impacto emocional, testimonios de una vida truncada

El proceso de demolición no solo implica la destrucción física de inmuebles, sino también la aniquilación de recuerdos, esfuerzos y sueños. Para los habitantes de estas edificaciones, ver cómo sus hogares son reducidos a escombros es presenciar la ruina de su pasado, de sus noches familiares, de las navidades y de todos los momentos que construyeron sus vidas. La imposibilidad de reparar estas estructuras significa que no hay vuelta atrás, y la demolición se convierte en una decisión inevitable, aunque desgarradora.

Los testimonios de los afectados son un reflejo de este profundo dolor. Una de las habitantes del edificio, María Mercedes Lloreda, cuya madre falleció en el sismo, compartió la complejidad de la situación para las 22 familias involucradas. La mayoría de los residentes son adultos mayores, con solo una persona de 38 años entre ellos. La idea de empezar de cero a los 70 u 80 años se presenta como un desafío abrumador, con costos altísimos y una incertidumbre constante sobre el futuro. “No sé cómo lo asumirán ellos. No sé cómo irá a ser eso. Cada día va marcando qué se va a hacer, cómo se va a hacer, qué decisiones se van a tomar”, expresó, evidenciando la angustia colectiva.

Otro conmovedor testimonio es el de la señora Mariela Pulgarín, quien fue la primera en comprar un apartamento en el María Mercedes Lloreda hace 43 años, por un valor de tres millones de pesos. Su hogar, que describió como su “refugio” durante su vida laboral y sus últimos años con su madre, ahora será demolido. La señora Pulgarín se salvó del terremoto porque en el momento del sismo salió a caminar con su perro. Al regresar, encontró su apartamento completamente averiado, con todas sus pertenencias dentro. Su historia, como la de muchos otros, encapsula la pérdida de una vida entera construida en esas paredes. “Todo ha sido muy duro, pero en este momento...”, dijo, dejando entrever la magnitud de su dolor ante la inminente demolición de su hogar de más de cuatro décadas.

La situación en Cali es un recordatorio de la fragilidad de la vida y de la resiliencia humana. Mientras la ciudad avanza en la dolorosa tarea de la demolición, la comunidad se une en el recuerdo y en la búsqueda de caminos para reconstruir no solo las estructuras, sino también el tejido social y emocional afectado por la tragedia.

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