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¿Pueden los animales predecir un terremoto? La ciencia desmonta los principales mitos

Perros que ladran antes de un sismo, aves que abandonan una zona, peces remo que aparecen en las costas o animales de granja que cambian su comportamiento son algunas de las historias asociadas con supuestas predicciones naturales de terremotos. Sin embargo, no existe evidencia científica sólida que permita afirmar que los animales pueden anticipar estos fenómenos. Las explicaciones están relacionadas con sus capacidades sensoriales y con estímulos ambientales que las personas no siempre perciben.

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¿Pueden los animales predecir un terremoto? La ciencia desmonta los principales mitos
Foto: IFMERAImagen procesada con IA

Los perros no predicen el terremoto

Una de las creencias más extendidas sostiene que los perros pueden saber que un terremoto está a punto de ocurrir porque comienzan a ladrar, se inquietan o intentan escapar antes de que las personas perciban el movimiento.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que este comportamiento no demuestra la existencia de un supuesto sexto sentido capaz de anticipar los sismos. Los animales cuentan con capacidades sensoriales diferentes a las humanas y pueden reaccionar ante estímulos que las personas no detectan.

Durante un terremoto se generan diferentes tipos de ondas sísmicas. Las ondas P, o primarias, se desplazan más rápidamente y pueden llegar antes que las ondas S, que producen parte importante del movimiento que las personas sienten durante el sismo. Los perros poseen capacidades auditivas y sensoriales superiores en determinados rangos, por lo que pueden percibir algunas señales asociadas al inicio del movimiento antes de que el sacudón más fuerte sea evidente para los humanos.

Esto significa que una reacción de un perro puede ocurrir segundos antes de que una persona perciba el movimiento principal, pero no constituye una predicción realizada con minutos u horas de anticipación.

La diferencia es fundamental: detectar estímulos que ya están ocurriendo no equivale a predecir un terremoto.

El pez remo tampoco anuncia terremotos

Otra historia que reaparece periódicamente después de movimientos telúricos relaciona la aparición de peces remo con la llegada de grandes terremotos o tsunamis.

El pez remo, conocido científicamente como Regalecus glesne, habita normalmente en aguas profundas, aproximadamente entre 200 y 1.000 metros. Su aparición cerca de las costas o su hallazgo en playas ha alimentado durante años relatos que lo presentan como una especie capaz de detectar cambios tectónicos antes de un sismo.

Sin embargo, los estudios mencionados en el material de referencia no han encontrado una correlación entre los registros de estos animales y la ocurrencia posterior de terremotos. La coincidencia temporal entre ambos acontecimientos no constituye evidencia de una relación causal.

La aparición de un pez remo en aguas superficiales puede tener diferentes explicaciones. Entre ellas se encuentran enfermedades, lesiones, desorientación, tormentas o corrientes marinas que pueden desplazar a estos animales desde las profundidades.

Por ello, encontrar uno de estos ejemplares no puede utilizarse como indicador científico de que un terremoto esté próximo a ocurrir.

Las aves también generan interpretaciones equivocadas

Las bandadas de aves que levantan vuelo de manera repentina son otro fenómeno que suele asociarse con supuestas señales precursoras de terremotos.

La explicación científica es diferente. Las aves poseen capacidades sensoriales que les permiten percibir determinadas variaciones ambientales, incluidas algunas relacionadas con condiciones electromagnéticas y atmosféricas. Sin embargo, que una bandada cambie su comportamiento no significa que esté anticipando necesariamente un movimiento telúrico.

Las aves pueden volar repentinamente debido a la presencia de depredadores, ruidos fuertes, modificaciones en el viento, actividades de alimentación o patrones propios de desplazamiento y migración.

Además, existe un fenómeno conocido como sesgo de confirmación. Las personas pueden recordar un comportamiento inusual de los animales cuando posteriormente ocurre un terremoto y establecer una conexión entre ambos acontecimientos, mientras que los numerosos casos en los que ese comportamiento ocurre sin que se produzca un sismo pasan inadvertidos.

Por esa razón, una observación aislada no puede convertirse en un método para anticipar terremotos.

Animales de granja y cambios en su comportamiento

Caballos, vacas y ovejas también aparecen en relatos sobre supuestas predicciones sísmicas. Algunas historias aseguran que estos animales se niegan a ingresar a sus corrales o presentan comportamientos extraños antes de un temblor.

Los animales de granja pueden reaccionar ante estímulos que las personas no perciben con facilidad. Cambios en la humedad, sonidos de baja frecuencia, alteraciones ambientales o incluso el comportamiento de otros animales pueden provocarles estrés o inquietud.

También pueden existir estímulos relacionados con el entorno inmediato que sean difíciles de identificar para los seres humanos. Sin embargo, estas reacciones no se presentan de manera constante antes de los terremotos.

La ausencia de un patrón uniforme impide considerar este comportamiento como una herramienta fiable de predicción. En otras palabras, aunque un animal pueda percibir determinadas señales ambientales antes o durante un movimiento telúrico, eso no significa que pueda determinar cuándo ocurrirá un terremoto.

La prevención sigue siendo la herramienta más confiable

Las historias sobre animales capaces de anticipar terremotos pueden resultar llamativas, especialmente después de una emergencia sísmica. Sin embargo, atribuirles una capacidad predictiva que no ha sido demostrada científicamente puede contribuir a la circulación de información equivocada.

La sismología cuenta con métodos para estudiar las fallas geológicas, analizar la actividad sísmica y establecer mapas de amenaza. También existen sistemas de alerta temprana que detectan un terremoto después de que comienza y pueden emitir avisos antes de la llegada de ondas más fuertes a determinadas zonas.

Pero ninguna de estas herramientas permite conocer con precisión el día, la hora, el lugar exacto y la magnitud de un terremoto antes de que ocurra.

Por esa razón, la preparación continúa siendo una de las principales medidas de protección. Las construcciones bajo normas de sismorresistencia, los planes familiares de emergencia, la identificación de zonas seguras y la disponibilidad de elementos básicos pueden reducir los riesgos ante un eventual movimiento telúrico.

La conducta de un perro, una bandada de aves o la aparición de un pez remo no puede sustituir esas medidas ni convertirse en una alarma sísmica. La evidencia científica disponible no respalda la existencia de un sistema natural de predicción basado en el comportamiento de los animales.

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