(OPINIÓN) Westcol: mucho ruido, poca claridad electoral. Por: Bernardo Henao Jaramillo
Las entrevistas de Westcol a Gustavo Petro, el 26 de marzo, y a Álvaro Uribe, el 10 de mayo, no deben analizarse únicamente como episodios virales de Internet.
En un país que se aproxima a una elección presidencial, con una ciudadanía saturada de propaganda, polarización y desconfianza, esos encuentros adquieren inevitablemente una dimensión política. No son simples conversaciones de entretenimiento: son actos de comunicación con capacidad de incidir en la conversación pública.
Westcol tiene una audiencia enorme, especialmente joven. Ese hecho, por sí solo, no puede calificarse de negativo. Al contrario: que nuevas generaciones se acerquen a la política por canales distintos a los medios tradicionales suele ser saludable para la democracia. El problema aparece cuando espacios de semejante alcance carecen de propósito claro, metodología mínima e intención pedagógica visible. Una entrevista con un presidente en ejercicio o con un expresidente determinante en la historia reciente del país no puede quedarse en la anécdota, en el momento viral o en una frase para TikTok.
La pregunta central es sencilla: ¿para qué fueron esas entrevistas?
Si el propósito era acercar la política a los jóvenes, faltó estructura. Si era contrastar visiones de país, faltó método. Si era permitir que cada figura se explicara ante una audiencia distinta, faltaron mejores preguntas, repreguntas y confrontación de ideas. Y si el propósito era incidir en el clima electoral, entonces el asunto es mucho más delicado y debería discutirse con mayor objetividad, a fin de que los colombianos voten mejor, entiendan mejor y decidan mejor. Hasta ahora, esa respuesta no queda clara.
En el caso del Presidente Petro, la situación exige especial cuidado. Un Presidente en ejercicio no puede comportarse como jefe de campaña ni utilizar su investidura para intervenir indebidamente en la contienda política. Es cierto que conceder una entrevista no constituye automáticamente una infracción. Pero también es cierto que, en plena antesala electoral, cualquier aparición del jefe del Estado ante audiencias jóvenes y altamente sensibles puede adquirir un tono proselitista si se usa para atacar adversarios, defender a su sector o marcar la agenda de una campaña.
El Presidente tiene derecho a comunicar, pero también tiene límites. No habla como un ciudadano más. Habla desde el poder del Estado, desde la jefatura de gobierno y con una capacidad de amplificación institucional que ningún otro actor posee. Por eso, incluso en formatos informales, debería existir una frontera clara entre informar, opinar y participar en política.
En el caso de Álvaro Uribe, el problema es distinto. Él ya no ocupa la Presidencia y, por supuesto, puede participar en política, opinar, promover ideas y defender a su sector. Sin embargo, la pregunta estratégica es si una aparición tan protagónica realmente ayuda a Paloma Valencia o si, por el contrario, termina nublando su candidatura.
Paloma necesita proyectarse como una candidata con liderazgo propio, voz propia y agenda propia. Si cada gran movimiento comunicativo de su sector vuelve a poner a Uribe en el centro del escenario, el mensaje que recibe buena parte del país es que la candidatura sigue orbitando alrededor del ex Presidente. Eso puede emocionar a la base más fiel, pero no necesariamente persuade a los indecisos, a los jóvenes de centro o a los ciudadanos que quieren una alternativa distinta sin sentir que están regresando al pasado.
Ahí hay una tensión evidente. Uribe sigue siendo una figura de enorme peso político, pero precisamente por eso debe medir cuándo su protagonismo suma y cuándo resta. En política, a veces el mayor aporte de un líder histórico no consiste en ocupar nuevamente el centro de la escena, sino en permitir que otros liderazgos respiren, crezcan y convenzan por sí mismos.
También hay una duda de eficacia electoral. ¿Estas entrevistas realmente motivan a votar? ¿Convencen a alguien nuevo? ¿Mueven indecisos? ¿O simplemente producen conversación digital durante unas horas?
Confundir audiencia con influencia es un error frecuente. Un contenido puede tener cientos de miles de visualizaciones y, aun así, no traducirse en votos, organización, movilización o cambio de opinión. La política convertida en espectáculo puede generar clips, memes, tendencias y titulares, pero eso no significa que esté formando ciudadanía ni produciendo decisiones electorales conscientes.
Una campaña presidencial no se gana únicamente con ruido digital. Se gana con mensaje, credibilidad, estructura, pedagogía, propuestas y capacidad de ampliar la conversación más allá de los convencidos. Una entrevista viral puede servir para humanizar a un personaje o instalar un tema, pero no reemplaza una estrategia política seria.
En ese sentido, las entrevistas de Westcol dejan una sensación ambigua. Por un lado, muestran que la política colombiana entendió que debe hablar en nuevos lenguajes y llegar a nuevas audiencias. Eso es importante. Pero, por otro lado, también evidencian el riesgo de que la política termine adaptándose demasiado al algoritmo: más preocupada por el impacto inmediato que por la claridad democrática.
La crítica constructiva no consiste en afirmar que Westcol no pueda entrevistar a Petro, a Uribe o a cualquier otro dirigente. Claro que puede. La crítica es que, cuando se sienta frente a personajes de semejante peso, debe entender la responsabilidad del espacio que está creando. No se trata de exigirle que sea un periodista tradicional, pero sí de pedirle preparación, criterio y conciencia sobre el efecto político de su audiencia.
Colombia necesita conversaciones públicas más claras, no solo más virales. Necesita espacios donde se diferencien proyectos, se hagan preguntas difíciles, se contrasten ideas y se motive a los ciudadanos a participar con información, no solo con emoción.
La democracia reclama comunicadores, entrevistadores, preparados y confiables que instruyan a la sociedad sobre una verdadera cultura política social, pues, como lo dijo Thomas Jefferson “La prensa es el mejor instrumento para iluminar las mentes del hombre y su perfeccionamiento como ser racional, moral y social".
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