(OPINIÓN) ¿Vetos al debate presidencial? Por: César Bedoya
Ha pasado ya el fragor de las elecciones al Congreso y las consultas.
Ha pasado ya el fragor de las elecciones al Congreso y las consultas, y a poco más de un mes de la primera vuelta presidencial, el panorama informativo es desolador. Es indignante que, en un país que se jacta de su tradición democrática, los ciudadanos todavía desconozcan a profundidad las 13 fórmulas presidenciales que aspiran a regir nuestros destinos.
No estamos ante una elección cualquiera; nos jugamos la viabilidad del Estado, y mientras tanto, el silencio de los atriles vacíos se convierte en el mayor insulto para quienes buscamos razones de peso, y no simples eslóganes, para depositar nuestra confianza en las urnas.
Es inaceptable que los debates se hayan convertido en un campo de batalla de acusación falsas y ataques personales, perdiendo su esencia original: el contraste de ideas. Resulta vergonzoso ver cómo figuras como Iván Cepeda intentan condicionar su participación bajo el argumento de una supuesta falta de garantías o respeto, llegando al extremo de imponer vetos sobre lo que se puede o no decir de otros candidatos.
La democracia no es un espacio de cristal donde se cuidan sensibilidades; es un ejercicio de madurez donde los cuestionamientos son la herramienta del ciudadano para desentrañar la verdad detrás de las promesas.
El rechazo a participar en estas actividades bajo pretextos logísticos o de "sensatez" no es más que una estrategia cobarde para evadir el escrutinio público.
Exijo a los candidatos que asuman su obligación democrática y dejen de "payasear" con la información. No es posible que se limiten los moderadores o se pretenda amordazar a los medios que organizan estos encuentros. El electorado tiene el derecho soberano de escuchar propuestas de países claros, y no de presenciar un espectáculo de victimización donde se condiciona la palabra para proteger figuras políticas.
Coincido plenamente en que, si se intenta llevar a los 13 candidatos a un mismo estudio, el resultado no será un debate, sino un mercado de ataques desesperados por parte de quienes no tienen opciones reales de poder. Debemos ser pragmáticos: queremos escuchar a las cinco fórmulas que encabezan las encuestas, aquellas que representan opciones viables de gobernabilidad. Los demás pueden seguir su labor en las plazas y con el ciudadano de a pie, pero los escenarios de gran impacto nacional deben reservarse para la confrontación seria y técnica de quienes tienen la responsabilidad de liderar el cambio o la continuidad.
Resulta repulsivo que se pretenda aplicar vetos sobre temas cruciales. Como bien se ha señalado, en una democracia tenemos que hablar de todo: de lo malo y de lo bueno de figuras como Gustavo Petro y de cualquier otro actor que aspire al poder. Restringir los temas es cercenar el derecho a la verdad.
El debate es para cuestionar ejecutorias, no para construir santuarios de inmunidad discursiva. Si un candidato no es capaz de sostener su visión ante la crítica, sencillamente no es digno del cargo al que aspira.
Hay que hacer un llamado enérgico a la seriedad. El rol que tienen los candidatos
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