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(OPINIÓN) Tiembla el estado de bienestar en Finlandia. Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón

La izquierda internacional suele presentar a los países nórdicos como el modelo definitivo para argumentar que el socialismo es viable y beneficia a toda la población mediante el Estado de bienestar. Sin embargo, cuando el sistema entra en crisis como ocurre hoy en Finlandia, la narrativa responsabiliza a los "turboliberales" que llegaron al gobierno en 2023 y supuestamente destruyeron el paraíso de los trabajadores.

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(OPINIÓN) Tiembla el estado de bienestar en Finlandia. Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón

Finlandia siempre ha destacado en los primeros lugares de libertad económica. Indicadores como el de The Heritage Foundation ubican al país nórdico entre los lugares donde resulta más sencillo crear empresa, existe flexibilidad laboral y la apertura al comercio internacional es elevada. En su estructura económica, Finlandia es abiertamente capitalista, lo que históricamente le permitió generar la riqueza suficiente para sostener un robusto Estado de bienestar.

No obstante, la economía finesa lleva cerca de dos décadas estancada y allí comenzaron a verse las primeras grietas. La crisis de la eurozona en 2008 golpeó a todo el continente; Finlandia pasó de registrar superávits fiscales cercanos al 8% del PIB a bordear el 1% hacia 2010. Ese mismo año, el gigante tecnológico Nokia enfrentó la pérdida masiva de cuota de mercado, lo que representó para un país tan pequeño un desplome radical de sus ingresos, pasando a registrar déficit presupuestario en 12 de los últimos 15 años.

A esta dinámica se sumó el impacto de la guerra en Ucrania a partir de 2022, afectando la economía finlandesa debido a la interrupción del comercio con Rusia tras las sanciones internacionales. A la par, el sobreendeudamiento global durante y pospandemia impulsó al alza las tasas de interés, golpeando severamente al sector de la construcción. La baja demanda de vivienda incrementó los niveles de desempleo en cifras no vistas en décadas.

Ante este panorama, en 2023 los ciudadanos eligieron al primer ministro de derecha Petteri Orpo. Su programa se enfocó en la reactivación económica mediante la reducción del impuesto de sociedades y del tramo superior del impuesto a la renta, junto con un ajuste en los beneficios del Estado de bienestar (como copagos sanitarios y la congelación de ciertas pensiones) para intentar equilibrar las cuentas públicas.

Pese a estas medidas, el ajuste ha sido limitado y muy débil para solventar la crisis. El gasto público no se contrajo y siguió aumentando hasta representar cerca del 58% del PIB para 2025, aun con un repunte en los ingresos del Estado. El déficit ronda el 4% del PIB y los rubros de mayor crecimiento continúan siendo pensiones de vejez, educación, sanidad y defensa. Adicionalmente, el financiamiento del presupuesto mediante deuda pública ha incrementado de forma considerable el peso del servicio de la deuda dentro de las finanzas estatales.

La crisis actual no responde a que un gobierno de derecha haya decidido desmantelar el modelo, sino a que este asumió el poder en medio de un estancamiento acumulado. El modelo socialdemócrata implementó una espiral de costos sostenibles únicamente en una economía en fuerte expansión. Finlandia no se hizo rica gracias a su Estado de bienestar; tuvo un amplio Estado de bienestar porque era rica gracias al libre mercado.

Como afirmaba Margaret Thatcher: «El problema del socialismo es que eventualmente se te acaba el dinero de los demás». La izquierda siempre quiere culpar de sus desastres a quienes intentan solucionar el problema y evadir su responsabilidad e ignorar la realidad de los últimos 110 años, el Comunismo nunca ha servido y nunca servirá.

 Refresquemos la política desde Antioquia para Colombia.

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