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(OPINIÓN) Son los números, amigo. Por: María Clara Posada

En las campañas electorales, muy de vez en cuando, aparece un análisis que intenta responder una pregunta sencilla con herramientas bastante menos subjetivas que la intuición.

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(OPINIÓN) Son los números, amigo. Por: María Clara Posada

¿Qué dicen realmente los datos? Ese fue el ejercicio realizado por el exministro Andrés Felipe Arias. Economista de formación, estudioso y profundo, examinó los resultados de la primera vuelta presidencial, municipio por municipio, para identificar posibilidades reales de crecimiento de los dos candidatos que disputarán la Presidencia. Su conclusión es clara. Los números muestran que Abelardo de la Espriella se aproxima a la segunda vuelta con una ventaja estructural importante.

El primer hallazgo revelado tiene que ver con la distribución geográfica del voto. Según lo presentado por Arias, Abelardo es ganador en las regiones Andina, Orinoquía y el exterior. Mientras Cepeda, en las costas y Amazonía. Resalta también un factor que se convierte en oportunidad y es que Fajardo concentra su votación, hoy flotante, en las grandes ciudades y es precisamente ahí donde Abelardo ya le saca tres puntos a Cepeda. Por lo demás, y al aplicar la matriz de correlación de Pearson, lo que queda en evidencia es que las dos Colombias ya no son una metáfora, sino una realidad: el análisis muestra, con una correlación casi que perfectamente inversa, que el país quedó dividido en dos grandes bloques electorales, reflejando que, más que una competencia entre candidatos, hoy existen dos visiones políticas claramente diferenciadas que han consolidado bases electorales propias.

Otro hallazgo importante aparece en los municipios bisagra. Lo que Arias llama los dos clústeres mixtos, que se concentran en los bastiones Pro Abelardo y Pro Cepeda, no en los extremos. Se identifican cerca de 216 municipios, donde el voto que quedó libre excede la diferencia entre Abelardo y Cepeda. En esos territorios hay aproximadamente 8,5 millones de votantes y es ahí, particularmente en 21 municipios que conforman el Pareto, donde la campaña debe enfocarse.

El exministro también cuestionó la tesis de que existe un único votante mediano al cual dirigir las campañas. Su lectura es diferente. Colombia parece tener dos tipos de electorados medianos con preocupaciones distintas. El primero, definido por Arias (y Camilo Guzmán) como el votante Westcol próspero, urbano, sin ideología definida, pragmático y con tendencia a priorizar su libertad económica; y el segundo, el Alejandrino, aludiendo a Alejandro Gaviria. Un votante moderado, tecnócrata y bienpensante. Comprender esa diversidad, que hoy arroja una leve ventaja para Abelardo, resulta fundamental para entender el comportamiento electoral del territorio bisagra y para diseñar estrategias efectivas durante la segunda vuelta.

Asimismo, la transferencia de apoyos constituyó elemento central del análisis. Arias considera que el votante uribista ya había migrado para Abelardo antes de las elecciones, de ahí que el elector de Paloma (con el que Abelardo, según la matriz de correlación de Pearson, tiene hoy una afinidad muy bajita) parezca ser, o militancia dura de Uribe (en pequeña proporción), o los que, con tendencia alejandrina, hicieron el cálculo de la propensión del arrastre, concluyendo que Paloma arrastraba más fácil al votante de Abelardo que al revés.

La batalla ahora tiene que ser por ese votante alejandrino, el mismo que sostiene Arias quedó espantado tras los discursos de ambos punteros al no oír estadistas, sino agresores que quieren acabar con su rival. La matemática no miente. Abelardo parte del 44,5% y Cepeda del 41,6%. El bloque en disputa es de un 14% aproximado, que al final, junto con el abstencionismo, definirá la elección. Ninguno de los dos triunfa solo con su base.

Para poner a prueba sus hipótesis, Arias recurrió al modelo de simulación de Monte Carlo (con 120 mil corridas) incorporando las variables de transferencia de votos de Paloma, voto alejandrino y cambios en participación para segunda vuelta. La conclusión: por las fuerzas de la naturaleza, Abelardo tiene un 99,2% de probabilidades de ganar con un margen medio de 8 puntos porcentuales.

Evidentemente, ninguna elección se gana antes de que los ciudadanos voten. La política siempre conserva un margen para la sorpresa. Aunque los números son elocuentes, no podemos aflojar un solo instante. Lo que está en juego es el modelo democrático: Abelardo, presidente.

 

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