(OPINIÓN) La crisis que se avecina. Por: Carlos Andrés Echavarría
Más de tres meses han pasado desde que los Estados Unidos comenzara el ataque contra Irán y, a la fecha, no hay un acuerdo a la vista que permita dar por finalizado el conflicto que tiene en vilo a toda la economía mundial.
Por el estrecho de Ormuz transitaban diariamente el 25% de todo el petróleo y el 20% de todo el gas que se utiliza a nivel global. Sin embargo, quien inició la guerra está en el mejor de los escenarios; no necesita de esos hidrocarburos para mover su economía y, por el contrario, puede exportar sus excedentes, dándole una ventaja comercial sobre sus competidores que están siendo afectados por la situación, como el caso de China, que importa el 35% del petróleo que consume desde los países del oriente hoy bloqueados por la teocracia iraní.
El artículo de hoy es para levantar una voz de alerta sobre lo que podría pasarle a Colombia durante el último trimestre del año y el primer semestre del 2027 debido a la guerra que pareciera estar demasiado lejos para afectar al país suramericano.
El complejo de refinerías de gas de South Pars, el más grande del mundo, sufrió ataques el pasado mes de marzo, lo que tiene fuera de servicio a tres plataformas de extracción marina y a la fecha siguen sin terminar las reparaciones.
La planta de gas natural licuado de Ras Laffan en Catar, la cual provee casi la quinta parte del suministro de GNL a nivel global, sufrió daños por un ataque mediante drones por parte de Irán. El presidente de la empresa expuso que las reparaciones tomarán hasta el año 2028.
Si a eso se suma la detención de los pozos de extracción porque la capacidad de almacenamiento de la zona está al límite, se tiene un problema mayúsculo, porque reactivar un pozo no es tan sencillo como encender una bombilla con un interruptor; requiere de protocolos muy estrictos y de revisar a profundidad qué daños sufrió la infraestructura porque el petróleo o el gas ya no circula por ella.
¿Por qué hablar del petróleo y del gas que pasan por el estrecho de Ormuz? Porque esa será la primera gran crisis que tendrá que afrontar el próximo presidente de Colombia.
Todas las agencias meteorológicas concuerdan en que para el tercer semestre del año viene un fenómeno de El Niño; la diferencia está en su tamaño y se estima con un 65% de probabilidad que será un fenómeno de superniño, algo no visto en más de 20 años, lo que traería para Colombia una ola de calor y sequía sin precedentes.
Mientras en el trópico el fenómeno de El Niño significa sequía y calor, el fenómeno en el hemisferio norte en la época invernal significa frío absoluto y, para calentar los hogares, los europeos dependen del gas ruso, el cual no les está llegando por la guerra que hay entre Rusia y Ucrania, lo que llevó al viejo continente a depender del gas árabe que pasa por el estrecho de Ormuz, zona que está en guerra.
Seguramente la negociación entre los Estados Unidos e Irán finalizará pronto, pero las consecuencias tomarán meses. Primero, las navieras ya cambiaron las rutas comerciales del petróleo, pero la del gas no tiene sustituto a la vista y requieren volver a entrar en aguas hoy sembradas de minas. Así que, hasta no realizar un desminado comprobado, la escasez de gas seguirá porque las aseguradoras no se expondrán a tener que pagar una indemnización por un buque hundido.
Cuando se solucione el problema del tránsito, se debe considerar que las plantas de producción estén operativas, y unos párrafos arriba se mencionó que no será así hasta el año 2028, así que habrá también problemas por el lado de la oferta.
Los países del primer mundo han empleado sus reservas estratégicas de petróleo y gas para que sus ciudadanos no se vean afectados por la situación en el oriente, pero, finalizando la guerra, comenzará una puja para volver a llenar sus tanques y recobrar las reservas empleadas, lo que haría que, al inicio, toda la producción de los hidrocarburos vaya hacia los tanques de almacenamiento de los países ricos. Dejando a los demás en un segundo plano.
Mirando este panorama, en los próximos meses se vendrá un pico de consumo de gas con una Europa pujando para volver a tener sus reservas y calentar los hogares, y un trópico ardiente que necesitará de gas para enfriar las casas y conservar la comida.
El apagón del año 1992 produjo un cambio en el modelo de producción de energía en Colombia, empleando las riquezas propias del territorio mediante la construcción de grandes centrales hidroeléctricas y la construcción de generadoras de energía a gas como respaldo. Sin embargo, 15 años de malas políticas ambientales suscritas por el país destruyeron el modelo hidráulico y las generadoras a gas pasaron a ser parte de la red nacional.
Colombia, un país inmensamente rico en recursos naturales, entre ellos petróleo y gas, perdió la autosuficiencia del gas durante el gobierno de Gustavo Petro por una política de Estado, lo que significa que hoy se importa el 20% que utiliza el país y los más grandes consumidores son las empresas generadoras de energía.
Todo el mundo va a pujar por el gas que haya en el mercado, lo que subirá ostensiblemente el precio de la molécula y en ese mercado tendrán que participar las generadoras de energía colombianas, las cuales tendrán que trasladarle ese incremento al precio del kWh que consumen los hogares.
Así que el panorama para el próximo presidente será un apagón por falta de capacidad eléctrica porque las hidroeléctricas tendrán que racionar el uso del agua. Una factura de la energía por las nubes por el traslado de los costos a los usuarios, lo que creará caos, revueltas y manifestaciones contra el mandatario.
Si el presidente es Cepeda, lo que se vendría es una quiebra total del sistema eléctrico que condenará al país durante décadas porque congelará los precios de la energía, lo que destruirá a los generadores. Si las generadoras argumentan estar en crisis porque el presidente Petro aún les debe varios billones de pesos por las ayudas que prometió al inicio de su presidencia hace casi 4 años, el futuro sería mucho peor con todos los eventos aquí mencionados.
Los más recientes gobernantes colombianos no han tomado las precauciones para fenómenos como estos y cuando las reservas se agotan, las consecuencias pueden ser calamitosas.
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