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(OPINIÓN) Se acabó el carnaval de Verónica. Por: Álvaro Ramírez González

Este, dizque iba a ser el gobierno para los pobres, los raizales, los sin nada y de la Colombia profunda. Con ese “cuento”. Se hizo elegir Gustavo Petro. Y resultó una feria de derroche y saqueos multimillonarios, que el país no conocía como el de la UNGRD. Un gobierno cuyo ministro de Hacienda, Bon

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Redacción IFM
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Se acabó el carnaval de Verónica. Por: Álvaro Ramírez González

Este, dizque iba a ser el gobierno para los pobres, los raizales, los sin nada y de la Colombia profunda. Con ese “cuento”. Se hizo elegir Gustavo Petro. Y resultó una feria de derroche y saqueos multimillonarios, que el país no conocía como el de la UNGRD.

Un gobierno cuyo ministro de Hacienda, Bonilla, corrompió a los presidentes de Senado y Cámara de Representantes, Name y Calle, que ya están en la cárcel. Un gobierno cuyos ministros del Interior y Hacienda, Velasco y Bonilla, van también derechito a la cárcel. Con seis congresistas más de la comisión de crédito público.

El gobierno que le robó a La Guajira todos los recursos para el agua, y, en cambio, compró como 50 carrotanques por el doble de su valor, que no le sirvieron a ese departamento para nada. El gobierno, que con sus finanzas en ruinas, sale a comprar por $ 14.5 billones unos aviones de guerra que no necesita para nada.

Y que tampoco tiene cómo pagar. Un gobierno que alquila un pequeño local de 50 metros cuadrados en Davos, Suiza, para atender a los amigos por € $ 50.000 la semana. Un gobierno en el que su ministro del interior, que dizque está “quebrado”, aparece viviendo en una mansión de $8 mil millones, y no explica nada a las indagaciones del escándalo. En el que Ecopetrol se ha convertido en la fuente de enriquecimiento de su presidente Roa y su novio Caicedo.

Un gobierno en el que su canciller Leyva, hoy sancionado por mala conducta, deja al país sin pasaportes, por un negociado que finalmente le fracasó. Un gobierno en el que su líder sale de compras en Portugal, solo a las casas más estrambóticas y lujosas como Prada, Louis Vuitton, Ferragamo y Dior. Y de paso se mete a un prostíbulo en Portugal.

¿Y dónde quedaron los pobres? ¿No dizque los iban a poner a vivir sabroso? Esto fue lo mismo de todos los socialistas de Latinoamérica que solo saben robar y enriquecerse. Rafael Correa del Ecuador salió millonario, y está condenado por corrupción y prófugo de la justicia Evo Morales de Bolivia, en la misma condición legal y millonario.

Cristina Kirchner de Argentina, condenada, presa y le acaban de confiscar bienes por US$ 500 millones. María Gabriela Chávez, hija de Hugo Chávez, menor de 30 años, sin trabajar un solo día, con US$ 4000 millones en sus cuentas. Todos llegaron a defender a los pobres, como pretexto, pero solo a robar, como cometido. Vamos con Verónica Alcocer. Sin ser primera dama, pues “estamos separados hace mucho tiempo”, según Petro, se dedicó a darse esa vida llena de asesores, maquilladores, costosos viajes y gastos de representación.

Verónica desapareció del Palacio de Nariño, después del episodio de Petro tomado de la mano de un transgénero en Panamá. Verónica se fue para Suecia, ¿Por qué Suecia? Definitivamente, tiene que haber una conexión prefabricada con la compra de los aviones suecos. El negocio, que así tenga una carta de intención de Petro, parece que se va a caer. El entorno, económico, político, y técnico, parece que le va a cerrar el camino a la innecesaria compra de esos aviones.

Verónica lleva varios meses dándose la dolce vita en Estocolmo. Miente Petro cuando dice que “está en una habitación rentada de 40 metros cuadrados”.” Está en uno de los hoteles más caros de Estocolmo, denunció el periódico El Expressen de la capital sueca. Ha hecho tanto derroche de dinero la “pobre Verónica”, que ya se volvió muy visible en el jet set sueco. Almuerzos, comidas, cruceros y pomposas fiestas con la alta sociedad sueca. Pero llegó el escándalo y todo cambió para Verónica.

Una jugosa “comisión de éxito”, de US$ 175 millones, puede pagar todo eso y mucho más. Pero el negocio está de muy mal semblante. Y Verónica debe regresar al país y a su vida normal en la lista Clinton. Algún lobista sueco o colombiano debió pagar todas esas cuentas de Verónica. Y va a perder todo ese dinero.

Nadie más lo pudo haber pagado. Pero la fiesta terminó, la comisión se complicó, rumbo a su fin, y la pobre debe regresar a Colombia. Ninguna compañía aérea o naviera del mundo puede expedir un tiquete a su nombre. ¿Y entonces cómo va a regresar? “¡Averígüelo, Vargas!” Pero lo que sí es cierto es que terminó el carnaval de Verónica. ¡Y solo queda el escándalo como todo lo de este gobierno!

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