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(OPINIÓN) Minería regenerativa: que el oro deje vida, no cicatrices. Por: Nicolás Albeiro Echeverry Alvarán

Colombia tiene la oportunidad de demostrar que producir oro, generar empleo y proteger la naturaleza no son objetivos incompatibles.

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(OPINIÓN) Minería regenerativa: que el oro deje vida, no cicatrices. Por: Nicolás Albeiro Echeverry Alvarán

El desafío es superar la falsa disyuntiva entre desarrollo y medioambiente para avanzar hacia una minería regenerativa, capaz no solo de reducir sus impactos, sino también de recuperar suelos, proteger el agua, restaurar ecosistemas y generar nuevas oportunidades para las comunidades.

Este propósito exige una conversación seria con todos los actores de la cadena minera y comercial, así como una revisión de las normas y los instrumentos de planificación que inciden en el sector. Es necesario actualizar la información sobre nuestros suelos y territorios, revisar la aplicación de la Ley 2.ª de 1959 con criterios técnicos y científicos y construir diagnósticos sólidos que permitan armonizar la protección ambiental con la formalización, la legalidad y la trazabilidad del oro.

La transformación requiere, además, una institucionalidad articulada. La experiencia ambiental del ministro Fabio Arjona, el conocimiento técnico del viceministro de Minas, Luis Francisco Madriñán, y la gestión de Juan Camilo Valencia González desde la Agencia Nacional de Minería representan capacidades que deben traducirse en una agenda común entre el Estado, los empresarios, los pequeños mineros y las comunidades. El reto es convertir esa articulación en soluciones concretas, con resultados medibles para el territorio.

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La minería responsable necesita reglas claras, acompañamiento técnico y caminos efectivos hacia la legalidad. La institucionalidad no puede limitarse a ejercer control y sancionar; también debe facilitar la transformación productiva, promover la innovación y ofrecer alternativas viables a quienes quieren desarrollar su actividad dentro de la ley.

Uno de los mayores desafíos es eliminar el uso del mercurio. Para alcanzar esa meta se necesitan tecnologías limpias, capacitación, financiación y plantas de beneficio eficientes, capaces de mejorar la recuperación del oro y reducir la contaminación. La formalización debe dejar de ser un recorrido interminable y convertirse en una oportunidad para elevar la productividad, proteger la naturaleza y dignificar el trabajo minero.

Antioquia tiene condiciones para impulsar esta transformación. En municipios como Segovia, Remedios, Buriticá, El Bagre, Zaragoza y Caucasia, la minería forma parte de la realidad económica y social. Allí es posible avanzar hacia modelos que integren la producción legal de oro con la recuperación de áreas degradadas, la protección de las fuentes hídricas y la generación de empleo formal. No se trata de desconocer los desafíos ambientales, sino de convertirlos en oportunidades de innovación y desarrollo local.

Pero la minería regenerativa debe ir más allá de las buenas intenciones. Necesitamos resultados verificables: fuentes hídricas protegidas, ecosistemas restaurados, menor contaminación, más empleo formal y mayores beneficios para las comunidades. Para lograrlo, debemos establecer indicadores transparentes, fortalecer la trazabilidad desde el origen hasta la comercialización y promover alianzas entre el sector público, las empresas, los pequeños mineros y la academia.

También debemos hablar de competitividad. La lucha contra el contrabando y la comercialización ilegal del oro es indispensable para proteger a quienes cumplen las normas y garantizar la transparencia del mercado. Sin embargo, ese esfuerzo debe acompañarse de una revisión técnica de las cargas tributarias y regulatorias que inciden en la viabilidad de las empresas formales. El objetivo debe ser encontrar un equilibrio que permita competir en condiciones razonables, sin debilitar las obligaciones ambientales y laborales ni comprometer los recursos que necesita el Estado.

Colombia no puede resignarse a que su riqueza aurífera se traduzca en conflictos, contaminación o deterioro de sus territorios. Tenemos la posibilidad de construir una minería que genere valor económico, recupere ecosistemas y fortalezca la confianza entre las comunidades, las empresas y las instituciones.

El futuro del oro colombiano no consiste simplemente en extraer más, sino en producir mejor, con responsabilidad, tecnología, legalidad y visión de largo plazo. Cada gramo de oro legal debe representar una oportunidad para fortalecer la economía, proteger la naturaleza y mejorar la vida de quienes habitan nuestros territorios.

Ese es el verdadero sentido de la minería regenerativa: que el oro deje riqueza, empleo y esperanza, no cicatrices en Colombia.

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