(OPINIÓN) Leer combate la polarización. Por: Gustavo Gómez
En su más reciente columna de opinión, el periodista Gustavo Gómez Córdoba propone una reflexión sobre el papel de la lectura en tiempos de alta polarización política y social. Aunque advierte que "leer despolariza" no es una afirmación comprobada, sostiene que los libros pueden convertirse en una herramienta para encontrar razones, comprender distintas perspectivas y fortalecer el diálogo, a partir de una selección de obras que abordan la violencia, la corrupción, la memoria, la guerra y los desafíos que enfrenta Colombia.
Mentira. No está comprobado que leer despolarice. Pero, en medio de la tormenta, leamos en busca de razones y argumentos.
En el nombre del padre Lariza Pizano.
Tengo un pensamiento recurrente sobre la muerte producto de la violencia: en un país acostumbrando a ella, algo muy especial hace que siga conmoviéndonos. No paramos de matarnos, pero tampoco de aspirar a no hacerlo. Con respeto y tacto, sin sacrificar el oficio periodístico, Pizano emprendió un proyecto que hoy es libro: conversar con los hijos de líderes asesinados, de todas las corrientes y esquinas políticas. Hijos cuyo propio interés por la política o el trabajo en sociedad surgió, o se fortaleció, en parte por la tragedia de perder a sus padres. No es fácil tocar esas puertas de la intimidad, ni para el entrevistado ni para el entrevistador. En la página 107 encontré un episodio sobre el asesinato, en el Holocausto del Palacio de Justicia, del insigne magistrado y presidente de esa corporación, Alfonso Reyes Echandía, contado por su hijo Yesid, que por varios días me ha apretado muy por dentro. Y son apenas tres párrafos de un libro impresionante e imprescindible.
Serafín
Daniel Samper Ospina
El perro Serafín se confirmó como ángel. Y su muerte dejó devastado a Samper Ospina, que había visto en él belleza, cuando todos lo enfrentaban como un ser repugnante. La primera novela de Daniel hace fila para ser uno de los libros del año en Colombia. Como todo lo de él, está bien escrita, pero, además, transita uno con ella pasajes muy sensibles y escenarios de fino humor: “los animales no experimentan placer propiciando crueldad a otros seres vivos. Anoten eso. Los seres humanos, en cambio, sí: gozan torturando, torturan por placer. Las letras de Maluma son una prueba”.
Samper Ospina, el ácido crítico del país en que vivimos, logra mantener su espíritu implacable, pero cediendo no pocas veces a la belleza y al amor que nos dan los peluditos. Excepto Serafín, que no lo era: como Daniel, sufrió de alopecia. Gran crítica, además, hay aquí al mundillo repulsivo de las redes sociales. Aunque las contiene, la obra no es ni la vida de Serafín ni la de Samper; es la historia de un infarto. Detalle: arranca tan bien el libro, que quien lea la primera página no será capaz de soltar la novela hasta terminarla. Se los prometo.
(Alfaguara)
Enviado especial: una biografía de guerra
Arturo Pérez-Reverte
Pérez-Reverte es un periodista de academia y de verdad. Lo digo porque las aulas nunca le sobran a un periodista, pero es en la redacción, en la calle y en el terreno donde se forjan los profesionales de peso. Por dos décadas se dedicó a la dolorosa pero necesaria tarea de ser reportero de guerra. Es ahí donde los periodistas confirman la bajeza de la humanidad, pero, también, el valor, la entrega y el sacrificio de una especie que clama por amor mientras se aniquila.
Beirut, Sarajevo, Malvinas, Managua, Bagdad, Nairobi... muchas historias escritas con tinta y con sangre. Las guerras son largas, las notas de Pérez-Reverte, en cambio, cortas y contundentes. Y le ayudaron a hacer el tránsito del periodista al escritor: “Y no se trata de nostalgia”, dice, “sino del simple archivo de una larga vida. Del material con el que luego uno escribe novelas, y algunas noches, desvelado en la oscuridad, paga el precio de haber mirado tanto tiempo al ser humano sin apartar los ojos”.
El mundo de periódicos y medios que él vivió ya no existe más. Esa guerra la perdimos todos.
(Alfaguara)
Obra literaria
Álvaro Cepeda Samudio
La gente se muere cuando la enterramos. Pero no el día del entierro. Se va cuando la sepultamos durante las semanas y años que preceden al funeral. Olvidar es matar.
Daniel Samper Pizano presenta este libro con la obra literaria de Cepeda Samudio, recordando que “un mal 20 de julio” lo tumbó en la cama y “un mal 12 de octubre” (ambas fechas patrias) se le escapó la vida en Nueva York.
Bastaron tres meses para que ardiera en la eternidad un hombre que fue bomba de sentires caribes y una de las plumas más agudas del país. Forjado a punta de periodismo, tertulias animadas, amigos entrañables y humor afilado como navaja, Cepeda Samudio vive en sus líneas. Aquí, La casa grande y sus obras de relatos, Todos estábamos a la espera y Los cuentos de Juana.
“Miro la desolación de esta casa, muerta aun antes de que la muerte la invadiera. (…) La casa ha estado sostenida por una voluntad de sobrevivir y no de perdurar: por una vida que se sabe ya acabada, cumplida, que solo espera la señal en este excedente otorgando contra sus deseos para acostarse a morir”.
Un libro para conmemorar cien años del natalicio de un inmortal al que así queremos conservar.
(Alfaguara)
Emilio Tapia: anatomía de la corrupción en Colombia
Paola Herrera
Tapia sabe dónde está la plata. Y lleva décadas recogiéndola en los frutales de lo público. Por gente como él es que el periodismo le puso a “empresario” la antesala de “cuestionado”.
Paola Herrera se dio a la tarea valiente de hacer algo clave: jalar pitas. Y así reconstruyó la manera en que actúa Tapia, lo que nos ayuda a entender cómo operan los de su clase y la forma en que “engordan” con los dineros de todos, mientras capotean la ley y la decencia.
Es el mismo Tapia que describe otra periodista, Claudia Morales, con palabras precisas: “es mi delincuente favorito, porque ejemplifica el descaro, la burla a la justicia y la complicidad de todo el sistema social y político de Colombia”.
Justo es citar también al propio Tapia:
“El Estado paga tan bien los proyectos, que la plata alcanza para ejecutar las obras… y todavía sobra para pagar una comisión”.
El descaro convertido en algo natural. La palabra sinvergüenza parece haber sido cosida a la medida de personajes que combinan la riqueza con la impunidad. Un libro para confirmar que no hacemos sino marcarnos autogoles como sociedad.
(Aguilar)
Colombia 2025
Fernando Carrillo / Andreé Viana (editores)
Muy bella es una escena de la película Superman regresa (2006) en que el héroe flota en la atmósfera y escucha las voces y sonidos de la humanidad entera. El ruido lo acosa. De pronto, suena una alarma y sabe que debe ponerse en acción. Ha logrado dominar, y hacer selectivo, su muy poderoso oído.
Carrillo y Viana son esa alarma que debe ponernos en actividad y han conseguido que 65 voces se acompasen en este libro para darnos pistas certeras de cuál es la ruta para intentar superar el caos nacional.
Dicen ambos editores sobre lo clave de la obra y del compromiso de los coautores:
“Aceptar el diálogo como forma de construir conocimiento común —y no solo como técnica expositiva— es la apuesta más seria que este libro hace frente al ruido del presente”.
La avanzada civilización de donde proviene Kal-El no atendió a las voces que advertían el inminente desastre. Se quedó solo en el ruido y el planeta Krypton estalló en pedazos.
(Debate)
Retaguardia
Los fusiles que usan los miembros de la fuerza pública deben ser de la mejor calidad. Si Colombia puede fabricar armas de primer nivel, comparables a las que se ofrecen en el mercado internacional, sería un logro digno de aplauso. Pero si armas como el Jaguar, de Indumil (como reveló La FM) revisten riesgo en su uso y son defectuosas, no deben estar en manos de nuestros uniformados. Menos si la razón es una chapucera fijación ideológica.
Mientras tanto, los delincuentes, que han prosperado en estos últimos cuatro años, cuentan con armas modernas y confiables. La historia sin fin: febrilidad presidencial repleta de expectativas fantasiosas que no se compadecen con la verdad y que termina llevándonos a un callejón sin salida. Dotar a nuestra tropa con fusiles de pésima factura es apenas una manera más de favorecer a la ilegalidad… otra obsesión presidencial del totémico y ardoroso amante (de la patria) que se va con el “deber cumplido”.
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