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(OPINIÓN) Habrá que hacer de tripas corazón. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

En el pasado parafraseamos la famosa canción titulada “El Arruinado” del gran Gildardo Montoya maestro de la música de carrilera y cantautor de la sabiduría del despecho cantinero que retumba en las pianolas mientras la quincena se esfuma a manos de la copera, el cajero y los gotereros.

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(OPINIÓN) Habrá que hacer de tripas corazón. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Se habla de regresar a la descentralización minera; es lo que debería ocurrir claro está, eso si todas las variables lo permitieran. Es menesteroso y sería ideal que toda la locomotora descarrilada del sector minero energético con Ecopetrol por delante pudiera volver a operar sobre los rieles de la confianza y la legalidad, que se pudiera reparar el motor, las ruedas y los vagones y volviéramos a tener un buen maquinista y con unos fogoneros conocedores del oficio, guapos y diligentes. Qué lindo sería poder reinvertir regalías, y que las licencias ambientales se resolvieran en tres meses y las consultas previas fueran expeditas y no vinculantes bajo una reglamentación justa y viable para los proyectos.

Pero seamos realistas, el carrito de esta familia hay que llevarlo al taller porque no camina. Petro desguazó la máquina y la vendió para chatarra. No hay sísmica ni exploración; el sector energético está que se truena y nos van a cortar los servicios, mientras el Pacto, Palma y Petro no quieren dejar hacer el “fracking”, y sin gobierno corporativo no habrá confianza de la industria ni los mercados, ni plata para volver activar los proyectos de gas del litoral Caribe que triplicaban las reservas del país y que la lumbrera de Ocampo, el de la Escuela de Frankfurt, mandó cerrar.

Pero volvamos de las regiones al Estado central que pasa las angustias de cómo quedaron las cuentas y el inventario de esta cantina después de que la narcoguerrilla y los ladrones bebieron y soplaron cuatro años de cuenta de todos. El ministro de Hacienda, a quien solo le deseo lo mejor, necesita todo el apoyo y comprensión de los privados y del resto del gobierno. Va a tener que hacer de tripas corazón y recoger migas y cenizas para poder volver a hacer las arepas o no comemos.

Aquí no aprendimos la lección de la “olla raspada en el 2002” y le seguimos pagando las cuotas de las tarjetas al malcriado de Santos y sus secuaces. Continuamos sin un mecanismo que evite la entrada y salida de los capitales golondrina cada que por torpeza o maldad saquean la despensa los ratones. Estamos a merced del “gota a gota” y los especuladores globales; el servicio de la deuda nos puede matar, la tasa de cambio tiene boqueando el sector productivo exportador que perdió el 25% de los ingresos, mientras quienes no evadimos seguimos castigados con impuestos que sumados no bajan del 40%, y eso sin contar el patrimonial y unos prediales que no guardan proporción al valor de mercado.

Recordemos que Petro y sus lumbreras del “M” se volaron la regla fiscal, se bebieron y se fumaron la reserva que mantenía el grado de inversión, espantaron la inversión productiva, promovieron con amenazas la fuga de capitales y talento humano, no quedan vigencias futuras y asfixiaron al contribuyente con cuatro reformas innecesarias.

Sin duda los mercados y la multilateral nos van a recibir de mil amores, pero ojalá no tengamos que entrar en el son del Fondo Monetario Internacional, pues el recaudo no aguanta, los flujos minero-energéticos no caminan y puede ocurrirnos como “al buen Simoncito”, que vio los pasteles, pero en los bolsillo no había reales con que pagar.

Si no entendemos ligerito que papá gobierno ya no tiene sueldo y lo echaron del trabajo porque le quebró el negocio al patrón, y si toda la familia no se aprieta la correa y no nos ponemos a trabajar como pobres sin querer seguir gastando como los ricos de la coca, la minería ilegal, los agiotistas, los funcionarios y los banqueros, nos podemos llevar una gran sorpresa.

Aterra que la discusión sea dónde se posiciona el tigre y si el indigente se va a volver a robar la espada, cuando todos tenemos que ayudar a limpiar y barrer la basura, a arreglar la puerta de entrada, la de la cocina y la de la despensa y sacar los ratones y las cucarachas de todas partes. Necesitamos que nos vuelvan a conectar los servicios, y salir todos a conseguir trabajo para poder tener con qué mercar y recomponer lo que dejaron los guerrilleros, los ladrones y los bazuqueros que estuvieron cuatro años de farra venteada en esta fonda que se llama “Locombia” y en la casita donde habitamos los colombianos.

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