(OPINIÓN) La riqueza en Uzbekistán
En Uzbekistán la riqueza está creciendo de modo exponencial por cuenta de la explotación de oro que ya supera las 100 toneladas al año. Durante años estuvo en manos del Estado y ahora la han abierto un poco al sector privado. Toda la producción se vende al gobierno y el “barequero” gana unos 320 dól
En Uzbekistán la riqueza está creciendo de modo exponencial por cuenta de la explotación de oro que ya supera las 100 toneladas al año. Durante años estuvo en manos del Estado y ahora la han abierto un poco al sector privado. Toda la producción se vende al gobierno y el “barequero” gana unos 320 dólares al mes, cifra que es un buen ingreso.
La mina más grande es la de Muruntau con tres millones de onzas por año. Una zona de alta producción aurífera es la de Soykechar, a 184 kilómetros de Samarcanda, la legendaria ciudad de Uzbekistán que pudimos visitar el 15 y 16 de noviembre pasado. El país figura en los primeros lugares del mundo por su producción de oro.
Esto recuento lo traigo hoy para comentar que en ese país de Asia Central es frecuente encontrar personas que tienen los dientes de oro, en especial mujeres mayores.
Era una práctica que se solía hacer antiguamente, que consiste en incrustar o recubrir los dientes con láminas de oro. Se realiza como símbolo de estatus y riqueza. Las decoraciones de las casas y hoteles también suelen ser recargadas y llenas de brillo. Además, es frecuente ver a mujeres jóvenes con el entrecejo pintado al estilo de Frida Khalo.
Un viajero escribió que “de súbito en un mercado cualquiera, la vendedora me sonrió y advertí asombrado una dentadura superior deslumbrante. El escritor José Luís Sampedro tendría que haber pasado por aquí una temporada, por Tashkent, Khiva o Bukhara, antes de titular su novela porque, comparada con las de Uzbekistán, La sonrisa etrusca se queda en nada.
Algunas mujeres sólo en sus incisivos y otras, todos los dientes. Si es únicamente un forro o bien el codiciado metal hasta la médula, exigiría de examen más minucioso pero, en cualquier caso, el objetivo de mostrar al mundo que la crisis coge a algunos mejor preparados se alcanza al primer vistazo de unas reservas monetarias incorporadas a la propia anatomía. La moda parece ir a menos y no la ví en jóvenes pero, de cincuenta para arriba (más ellas), a muchos les basta la mueca para atestiguar unos posibles que pueden incluso cuantificarse y, a diez gramos por diente suponiéndolo macizo, el pretendiente de antaño podía, mediante un sencillo cálculo, evaluar cuál era la dote que aportaba la doncella como atractivo adicional y, éste sí, inmune al paso del tiempo.
Destellantes sonrisas que van a menos en el país. Y no siempre por elección propia. El Presidente del vecino Turkmenistán prohibió en su día el oro dental a los maestros jóvenes y otros empleados públicos, porque ¿Con qué argumento iban a reivindicar mejoras de sus salarios con semejante barram? ¿Quién les iba a creer? Y el razonamiento del mandatario es comprensible: imaginen a concejales, funcionarios y sindicalistas de por acá, vociferando contra los recortes a fin de mes mientras el sol ilumina sus bocas hasta cegar.
Es de suponer que la persona al fallecer es despojada de los dientes de oro para evitar que luego pueda haber profanación de tumbas.
Vimos en palacios y mezquitas oro abundante como parte de la decoración que se ordena para darle realce a los monumentos. Esto lo encontramos tanto en Uzbekistán como en Irán donde por ejemplo el mausoleo del Ayatola Jomeini en Teherán tiene también mucho oro y guardia permanente.
En nuestro medio percibo más el oro en las cadenas y joyas que cuestan fortunas y sus propietarios se exponen a los riesgos de la inseguridad. El oro que se produce en Colombia es exportado casi en su totalidad a Suiza.
Hablar de oro me reconforta un poco en medio de la tijera usada por el gobierno para recortar las inversiones que nos dejarán en el rezago del desarrollo. Falta dinámica para entender lo que pasa en Colombia, un país lleno de riqueza, pero mal administrada. Y si bien aquí hay oro en cantidades, la realidad es que el debate nacional se orienta por el lado de los cultivos ilícitos cuya plata no toma el mejor camino.
Colombia debe enfocarse en las inversiones que generen progreso y ojalá en abandonar la pugnacidad que al estilo del cuadrilátero va dejando gente noqueada cada día.
Y unas palabras ajenas de un narrador que así describe lo que vio en Uzbekistán:
Terminé mi periplo por el país tan pendiente de las sonrisas que, cuando éstas no afloraban de modo espontáneo, intentaba provocarlas con cualquier recurso que tuviese a mano: sonrisa amplia para una foto, payasada para la risa y, en toda circunstancia, un acecho paciente del interlocutor: desde el canino al premolar. Dentaduras las había fulgentes por entero, brillantes como un cáliz y otras opacas y caballunas excepto por una pieza aterrizada tras mucha privación y que no daría al profesional que la colocó más que unos pocos sums, la moneda de allá.
Tan extasiado por la dote de una obesa vendedora de frutos secos y custodiada con celo pasados los años, que fantaseaba sobre la actitud del marido si acaso fuera despedido del trabajo ¿Pondría a su mujer en la tesitura de empeñar los dientes para salir del atolladero? ¿Accedería ella, renunciando a las señas de identidad, de ser cierto como dijo un filósofo que «Ser es ser percibido»? Y, sobre todo, percibida la doña de esa suerte: rutilante en cada bostezo

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