(OPINIÓN) Del potencial minero-energético a la planeación estratégica para el desarrollo de Colombia. Por: Oswaldo Ordóñez Carmona
La verdadera riqueza de una Nación no depende únicamente de los recursos que posee, sino de su capacidad para generar conocimiento sobre ellos, planificarlos estratégicamente y transformarlos en oportunidades de desarrollo para su sociedad.
Colombia posee un extraordinario conjunto de activos estratégicos: recursos minerales, hidrocarburos, recursos hídricos, un importante potencial energético, capacidades técnicas, instituciones especializadas y un valioso conocimiento acumulado sobre su territorio. También dispone de entidades encargadas de administrar, regular, planificar y producir conocimiento sobre estos sectores.
· La Agencia Nacional de Hidrocarburos administra los recursos petroleros y gasíferos del país.
· La Agencia Nacional de Minería administra los recursos minerales.
· La Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) regula buena parte del mercado energético.
· El Servicio Geológico Colombiano produce conocimiento geocientífico sobre el territorio y el subsuelo.
Sin embargo, Colombia continúa operando bajo una arquitectura institucional fragmentada, donde cada entidad desarrolla parcialmente su propia agenda sectorial, sin una verdadera conducción estratégica integrada de largo plazo.
A pesar de las capacidades institucionales y del conocimiento acumulado durante décadas, Colombia continúa enfrentando una pregunta fundamental que rara vez se formula de manera explícita: ¿Quién está coordinando integralmente la estrategia minero-energética de Colombia?
El problema no parece radicar en la ausencia de instituciones, capacidades técnicas o producción de conocimiento. Durante décadas, el país ha generado abundante información sobre minería, hidrocarburos, recursos energéticos, infraestructura, geología, recursos hídricos, gestión del riesgo y desarrollo territorial. Sin embargo, una parte importante de ese conocimiento continúa concentrada en diagnósticos e inventarios, sin traducirse de manera sistemática en la validación de potenciales, la estructuración de proyectos estratégicos o la generación de nuevas capacidades productivas.
El desafío consiste en transformar el conocimiento del territorio en decisiones estratégicas capaces de identificar, priorizar y desarrollar los activos estratégicos del país, convirtiéndolos en infraestructura, seguridad energética, competitividad, desarrollo territorial y bienestar para la sociedad.
Porque la minería, los hidrocarburos, la energía, las geociencias, la infraestructura y el ordenamiento territorial no son sectores independientes. Son componentes de una misma estrategia nacional de desarrollo.
Precisamente para responder a ese desafío, el Estado colombiano ya creó una entidad con competencias específicas en materia de planeación estratégica.
El artículo 3 del Decreto 2121 de 2023 establece que el objeto de la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME) es "planear en forma integral, indicativa, permanente y coordinada con los agentes del sector minero energético, el desarrollo y aprovechamiento de los recursos mineros y energéticos".
Ese mandato trasciende la elaboración de estudios técnicos o diagnósticos sectoriales. La norma asigna a la UPME una responsabilidad mucho más amplia: coordinar la planeación estratégica del sector minero-energético colombiano.
Sin embargo, la percepción predominante es que una parte importante del esfuerzo institucional continúa concentrada en la producción de diagnósticos, escenarios y análisis sectoriales, mientras la coordinación estratégica permanece distribuida entre múltiples entidades, prioridades y agendas que no siempre convergen dentro de una visión nacional compartida.
Paradójicamente, Colombia no parece enfrentar un déficit de información. El país dispone de abundante conocimiento sobre recursos minerales, hidrocarburos, infraestructura energética, expansión eléctrica, recursos hídricos, potencial geológico, demanda energética y múltiples variables relacionadas con el desarrollo nacional.
La pregunta, entonces, ya no es cuánto conocimiento produce Colombia, sino qué tan capaz es de convertir ese conocimiento en desarrollo.
Por ejemplo:
· ¿Cómo garantizar la seguridad energética y el abastecimiento de gas natural durante las próximas décadas?
· ¿Cómo aprovechar estratégicamente los recursos minerales necesarios para el desarrollo tecnológico e industrial del siglo XXI?
· ¿Cómo fortalecer la competitividad de los territorios mediante infraestructura energética?
· ¿Cómo integrar minería, energía, infraestructura y ordenamiento territorial dentro de una visión compartida de desarrollo?
Estas no son preguntas exclusivamente regulatorias, ambientales o comerciales. Son preguntas de planeación estratégica nacional y responderlas exige comprender el territorio, identificar sus activos estratégicos y convertir ese conocimiento en decisiones de largo plazo.
En ese contexto, la geociencia trasciende su papel tradicional como disciplina descriptiva. Su mayor contribución consiste en generar el conocimiento que permite identificar, comprender y valorar los activos estratégicos del territorio para orientar decisiones relacionadas con infraestructura, energía, minería, gestión del riesgo, ordenamiento territorial y desarrollo económico.
Por ello, el verdadero desafío no consiste únicamente en administrar recursos naturales, sino en construir la capacidad institucional para transformar el conocimiento del territorio en desarrollo para la nación.
En ese contexto, la UPME debería consolidarse como el principal articulador técnico de la estrategia minero-energética nacional, cumpliendo plenamente la función que el propio Estado le asignó mediante el Decreto 2121 de 2023: coordinar la planeación integral del sector en articulación con el Servicio Geológico Colombiano, la Agencia Nacional de Hidrocarburos, la Agencia Nacional de Minería, la CREG y las demás entidades responsables de la planeación, regulación, infraestructura y desarrollo territorial.
El próximo gobierno tendrá la responsabilidad de adoptar decisiones complejas relacionadas con la seguridad energética, el abastecimiento de gas natural, el aprovechamiento estratégico de los recursos minerales, la infraestructura, la competitividad y el desarrollo territorial. Colombia no parte de cero. El país ya dispone de conocimiento, instituciones y capacidades técnicas. El verdadero desafío consiste en articularlas estratégicamente para convertir ese potencial en desarrollo.
Porque la minería, los hidrocarburos, la energía, las geociencias y el territorio no son asuntos independientes, sino componentes de una misma estrategia nacional de desarrollo. Colombia posee un extraordinario conjunto de activos estratégicos cuyo verdadero valor no radica únicamente en su existencia, sino en la capacidad del Estado para articularlos mediante la planeación estratégica y convertirlos en infraestructura, seguridad energética, competitividad, desarrollo territorial, bienestar y prosperidad para toda la nación.
La verdadera riqueza de Colombia no radica únicamente en lo que posee, sino en su capacidad para generar conocimiento, articularlo mediante la planeación estratégica y transformarlo, con instituciones eficaces, en oportunidades de desarrollo para las generaciones presentes y futuras.
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