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(OPINIÓN) La ética en la política. Por: Diego Arango O

Solo queda hacer un fuerte esfuerzo educativo y cultural para formar a la ciudadanía en la verdadera observancia de sus candidatos

IFM Noticias
Redacción
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(OPINIÓN) La ética en la política. Por: Diego Arango O

He querido escribir este artículo por profundas razones de entendimiento de lo que es la ética en la política versus lo contrario. Independientemente de las posiciones ideológicas que un político tenga, debe partir de la base que la política es: “las normas de conducta que gobiernan y administran a una sociedad”. Esta definición la aprendí en mis estudios políticos formativos de la Democracia Cristiana y los consolidé con el ideario conservador, por lo tanto, me defino como un social cristiano conservador.

La principal enseñanza que recibí como pilar del ser y quehacer político fue la ética, puesto que esta es la rama de la filosofía que analiza la moral, los valores y las normas que guían el ejercicio del poder y la conducta de los agentes públicos mediante los siguientes principios fundamentales:

1. Transparencia: Lo que significa explicar las decisiones de forma clara, sin dobles intenciones ni información oculta.

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2. Servicio: Entender y practicar la función pública como un servicio a la comunidad y no como un medio de beneficio personal.

3. Responsabilidad: Rendir cuentas ante la ciudadanía y los demás órganos del poder público, asumiendo las consecuencias legales o políticas de los actos de gobierno.

4. La eminente dignidad humana: Tratar a las personas como fines en sí mismas y no como instrumentos para ganar poder o dinero.

5. Primacía del bien común: Separar los intereses particulares o partidistas del bienestar general de la sociedad.

6. Equidad: Orientar el presupuesto público al servicio del bien común prevaleciendo a los más necesitados.

Ahora bien, si partimos de los enfoques teóricos e históricos podríamos comenzar con el pensamiento de Aristóteles quien consideraba la ética y la política como una misma unidad orientada hacia el bien común, la justicia y la felicidad de la comunidad. Pero también podríamos ver el punto de vista de otro personaje de la historia como fue Nicolás de Maquiavelo, quien mediante su “Realismo Político” sostenía que un gobernante debería ser astuto, pero priorizando la estabilidad y el éxito del Estado, lo cual implica separar la moral privada de la acción política; y de otra parte el “Idealismo político” que define que el poder debe estar estrictamente sometido a los principios morales y a los derechos humanos, sin aceptar que “el fin justifica los medios”.

Entonces, si los políticos no tienen una formación de principios éticos, por lo general tienden a desviar la verdadera razón de ser de su actividad, enfocándola primordialmente a la corrupción y al clientelismo, haciendo uso de los recursos del Estado para beneficios privados o redes de favores políticos que desgastan la legitimidad democrática.

Por lo anterior podemos ver a nivel colombiano un claro ejemplo muy reciente que fue el anterior gobierno de Gustavo Petro, el mismo que rompió todos los muros éticos de la política, principiando por sus actitudes y abusos personales, de su familia y desde luego su gobierno.

Las acusaciones que investiga la Fiscalía respecto a la utilización del erario público para las veleidades de su esposa, de la vicepresidenta y por supuesto de el mismo, cuando es señalado por mujeres contratadas por el Estado para satisfacer sus gustos sexuales además aberrantes con niños travestis, así mismo el suministro para su consumo de drogas en los recintos del palacio de gobierno.

Aparte de lo anterior se suma el manejo corrupto y despilfarrador de su gobierno y funcionarios expidiendo contratos billonarios e inútiles, compras sobrefacturadas y todo para beneficio de ellos mismos y sus secuaces.

Esto es claro ejemplo de lo que nunca debería ser un gobierno, que antepone su ambición e intereses personales al deber ético del bien común, pero lo más sorprendente de todo es la firme posición de alguna proporción ciudadana que, siendo evidenciada de estas prácticas, continúa creyendo y apoyando a políticos de ese calibre.

Visto lo anterior solo queda hacer un fuerte esfuerzo educativo y cultural para formar a la ciudadanía en la verdadera observancia de sus candidatos a quienes se les va a depositar el voto de confianza, solo así el país progresará y será el mismo ciudadano consciente y responsable quien elimine del panorama electoral a aquellos políticos carentes de ética política para que el país se oriente en el verdadero camino del bien común.

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