(OPINIÓN) El choque de dos mundos. Por: Diego Arango O
Mientras que el bloque tradicional: Abraham-Roma-Hispanidad entiende la cultura como un legado heredado que hay que custodiar y perfeccionar con prudencia; la cultura progresista actual la entiende como un lienzo maleable que debe ser purgado de su pasado
Atendiendo la sugerencia de un lector de mis artículos, quiero tratar de manera objetiva este difícil y sensible tema que contrasta nuestra cultura occidental frente a la nueva cultura progresista, diciendo que la tradición no surge de la nada; se trata del resultado de una edificación milenaria que comenzó con el monoteísmo bíblico, se consolidó con el derecho romano y se arraigó en Iberoamérica a través de la tradición hispánica y católica.
Hoy, este bloque histórico enfrenta una transformación radical impulsada por las corrientes progresistas y woke. Para entender la tensión cultural actual, podemos trazar un recorrido genealógico a través de una metáfora arquitectónica: la construcción, ampliación y eventual demolición de una gran casa civilizatoria. Cada época representa una planta o una reforma estructural que heredó los cimientos de la anterior hasta llegar al debate contemporáneo.
Los cimientos: La época patriarcal y bíblica (Abraham): En esta primera etapa se coloca la primera piedra. Es la era del monoteísmo ético, del pacto y de la ley trascendente. La cultura nace bajo la premisa de que el orden moral no lo inventa el ser humano, sino que proviene de una autoridad superior (Dios). Los valores fundamentales son la obediencia a la verdad revelada, la promesa generacional, la familia como núcleo sagrado y una narrativa lineal de la historia donde las acciones tienen un propósito divino y definitivo.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeLas columnas: El Imperio Romano y el Derecho Sobre esos cimientos espirituales, Roma levanta las columnas de piedra, el cimiento y los muros maestros. Roma aporta el derecho (la ley escrita e igual para todos), la ciudadanía, la noción de res publica (el espacio compartido) y la organización universal. A esto se le suma la síntesis con el cristianismo primitivo, que transforma la culpa individual en redención universal y consolida una visión objetiva de la justicia, la razón y el orden natural que estructurará a Occidente para siempre.
El estuco y los acabados: La Hispanidad colonial y el catolicismo. Esta fase corresponde al diseño interior y la fachada de la casa que heredamos en Iberoamérica. La cultura hispánica colonial funde el rigor romano-católico con la idiosincrasia local, creando una matriz donde la fe católica no es solo una creencia íntima, sino el pegamento social, estético y moral de la comunidad. Se prioriza el honor, el realismo, la jerarquía familiar, la devoción y una fuerte conciencia del deber colectivo y la caridad, estructurando la vida alrededor de la parroquia, la plaza y el hogar tradicional.
Lo anterior muestra los cimientos y obra de la construcción de la casa común proveniente de nuestra historia y civilización.
Ahora veamos la remodelación radical: La cultura progresista y woke actual. La sensibilidad contemporánea no añade una nueva planta, sino que entra a la casa con la intención de vaciarla por completo y demoler los muros de carga.
Del creador a la autocreación: Donde Abraham veía un orden divino, el progresismo actual coloca la soberanía absoluta del individuo para definirse a sí mismo (género, identidad, verdad subjetiva).
De la ley romana al deconstruccionismo: El derecho romano buscaba la objetividad universal; la mirada woke parte de que toda ley e institución es una herramienta de opresión histórica que debe ser "deconstruida" y juzgada a través de las lentes de la opresión/privilegio.
De la moral católica a la moralidad secular: La culpa y la redención cristiana se secularizan y se transforman en una cultura de la cancelación, la pureza ideológica y la vigilancia lingüística, donde el pecado ya no es contra Dios, sino contra las nuevas ortodoxias sociales.
Mientras que el bloque tradicional: Abraham-Roma-Hispanidad entiende la cultura como un legado heredado que hay que custodiar y perfeccionar con prudencia; la cultura progresista actual la entiende como un lienzo maleable que debe ser purgado de su pasado para fundar una nueva humanidad autogestionada.
Es la realidad del mundo que actualmente vivimos y no sabemos hasta dónde va a llegar.
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