Saltar al contenido

(OPINIÓN) Cuando la solidaridad de Medellín y Antioquia no tiene límites. Por: Jhon Jairo Llano Cano

Ser solidario parece ser uno de los requisitos para ser medellinense, para ser paisa y, sobre todo, para entender que cuando la tragedia toca la puerta de una familia, de un barrio, de un municipio o de una región, el dolor deja de tener dueño.

IFMNOTICIAS-03
IFMNOTICIAS-03
9 min lectura
Escuchar artículo
(OPINIÓN) Cuando la solidaridad de Medellín y Antioquia no tiene límites. Por: Jhon Jairo Llano Cano

Porque en Medellín y Antioquia existe una manera muy particular de responder frente a la desgracia: juntarse, aportar, acompañar y ayudar a levantarse al que ha caído.

Aunque algunos, por fortuna los menos, hayan escogido el camino de la ilegalidad, la corrupción o el aprovechamiento de las necesidades ajenas, son muchísimos más los hombres y mujeres que se duelen de las pérdidas de los demás; que no son indiferentes frente a una familia que lo perdió todo, frente a una comunidad sepultada por un deslizamiento o frente a un pueblo que despierta después de una tragedia sin saber por dónde comenzar de nuevo.

Esa solidaridad no es solamente una palabra. 

· Tiene rostro.

· Tiene nombre.

· Tiene manos.

· Tiene voluntarios.

 Tiene empresarios, trabajadores, estudiantes, profesionales, organizaciones sociales, iglesias, juntas de acción comunal, organismos de socorro y ciudadanos anónimos que muchas veces entregan lo poco que tienen para ayudar a quien lo perdió todo.

Una historia escrita en medio de las tragedias. Medellín y Antioquia han vivido tragedias que dejaron heridas profundas en nuestra memoria colectiva.

Villatina, en Medellín, en 1987; el terremoto de Murindó, en 1992; las tragedias de diferentes municipios antioqueños; el Eje Cafetero en 1999; Bojayá en 2002; Salgar en 2015; Mocoa; San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y muchos otros lugares de Colombia han conocido, de una u otra manera, la presencia solidaria de los antioqueños.

La tragedia de Villatina permanece como una de las páginas más dolorosas de Medellín. El 27 de septiembre de 1987, un deslizamiento sepultó a cientos de personas en el oriente de la ciudad. Décadas después, aquel lugar continúa siendo un símbolo de la memoria y de la necesidad de prevenir para proteger la vida.

 Y cuando la tragedia ocurre lejos de Medellín, la distancia tampoco parece ser un obstáculo.

En Salgar, la avenida torrencial de la quebrada La Liboriana, ocurrida el 18 de mayo de 2015, dejó 93 personas fallecidas y 11 desaparecidas. Pero alrededor del dolor también apareció la capacidad de un pueblo para reconstruirse y la voluntad de muchas instituciones y ciudadanos para acompañarlo.

 Es que el verdadero sentido de la solidaridad no consiste únicamente en entregar un mercado, una cobija o una donación.

 · Solidaridad es quedarse cuando las cámaras se van.

· Es ayudar a reconstruir una vivienda.

· Es acompañar psicológicamente a una familia.

· Es recuperar una escuela.

· Es ayudar a una comunidad a recuperar sus ingresos.

· Es devolverle a una persona la esperanza de que, después de la tragedia, todavía puede existir un mañana.

 Antioquia Presente: una solidaridad que cruzó fronteras

Cuando se habla de solidaridad antioqueña frente a las tragedias, es imposible no mencionar a Antioquia Presente, organización que hoy continúa su labor bajo el nombre de Presentes Corporación.

 Su historia es extraordinaria.

Durante décadas ha acompañado comunidades afectadas por desastres y otras situaciones de vulnerabilidad. Su trayectoria registra actuaciones en el terremoto de Popayán de 1983, la tragedia de Armero de 1985, Villatina en Medellín en 1987, el terremoto de Murindó de 1992, la tragedia del río Páez en 1994, el terremoto del Eje Cafetero de 1999 y Bojayá en 2002, entre muchas otras emergencias.

 Y quizá uno de los capítulos que mejor representa el espíritu de esta organización ocurrió lejos de Colombia.

 Después del terremoto que devastó Haití el 12 de enero de 2010, Antioquia Presente emprendió un proyecto para acompañar a familias afectadas en la comuna de Cabaret.

 La iniciativa contempló la construcción de un barrio con viviendas dignas, espacios comunitarios, aulas y un centro de cómputo.

 No era solamente reconstruir paredes.

Era ayudar a reconstruir vidas.

 La campaña logró movilizar aportes provenientes de 123 ciudades, más de 100 empresas públicas y privadas y cerca de 12.000 empleados.

 Eso demuestra que la solidaridad paisa puede viajar mucho más lejos que nuestras montañas.

· Puede cruzar fronteras.

· Puede atravesar idiomas.

· Puede llegar a lugares donde no conocemos a nadie y, sin embargo, sentir que allí también hay hermanos. No estamos solos cuando llega la tragedia, pero Antioquia Presente no es la única expresión de esa capacidad de servir.

 En Medellín y Antioquia existe una verdadera red humana e institucional dedicada a proteger la vida.

 La Cruz Roja Colombiana Seccional Antioquia, con una trayectoria de más de 99 años en el territorio, mantiene presencia permanente en ocho de las nueve subregiones del departamento y desarrolla labores relacionadas con emergencias, gestión del riesgo y fortalecimiento comunitario.

La Defensa Civil Colombiana – Seccional Antioquia también constituye una pieza fundamental de esa red de voluntariado y atención de emergencias, con presencia en Medellín y diferentes municipios del departamento.

A ello se suma el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín —DAGRD— y el Cuerpo Oficial de Bomberos de Medellín, cuya misión comprende la prevención, preparación y respuesta ante emergencias y desastres. El Cuerpo Oficial de Bomberos cuenta actualmente con más de 210 hombres y mujeres disponibles las 24 horas, los siete días de la semana.

Y en el ámbito departamental está el DAGRAN, que nació en 1995 como DAPARD y evolucionó hacia el actual modelo de gestión del riesgo, con énfasis no solamente en atender las emergencias sino también en conocer y reducir los riesgos antes de que ocurra la tragedia.

 Pero detrás de cada uniforme hay algo que no aparece en las estadísticas:

Hay seres humanos sirviendo a otros seres humanos.

Hay otro ejército silencioso que pocas veces aparece en los grandes titulares: nuestras Juntas de Acción Comunal.

Cuando ocurre una emergencia en un barrio, muchas veces el primer llamado no llega desde una oficina. 

· Llega de un vecino.

· De un presidente de Junta.

· De una comisión.

· De un líder comunitario.

· De una persona que conozca quién vive en la casa de la esquina, quién es adulto mayor, quién tiene una discapacidad, qué familia necesita ayuda o dónde existe un niño que quedó sin alimentación. La solidaridad comienza muchas veces antes de que llegue una institución. Comienza en la comunidad.

 Por eso, fortalecer nuestras organizaciones comunitarias también significa fortalecer nuestra capacidad para responder frente a las tragedias.

 Antioquia no ayuda solamente a Antioquia. Tal vez ahí está una de las mayores enseñanzas.

El verdadero sentido de ser paisa no puede consistir solamente en celebrar nuestra capacidad empresarial, nuestra creatividad, nuestra gastronomía, nuestra cultura o nuestras montañas.

 También debe consistir en ser capaces de extender la mano cuando otro colombiano la necesita.

· Cuando el Eje Cafetero sufrió el terremoto de 1999, Antioquia estuvo presente. 

· Cuando Mocoa fue golpeada por una avalancha, Medellín y Antioquia respondieron.  

· Cuando San Andrés y Providencia enfrentaron los efectos devastadores de los huracanes, también hubo solidaridad. 

· Y cuando Haití fue devastado por el terremoto de 2010, los antioqueños demostraron que la solidaridad no necesita pasaporte.

La propia Alcaldía de Medellín ha reconocido estos episodios como parte de una tradición de solidaridad que ha trascendido las fronteras de la ciudad y hoy vuelve a ser nuestro turno de demostrarlo

· Las tragedias no preguntan por ideologías.

· No preguntan por partidos políticos.

· No preguntan por estratos sociales.

· No preguntan si una persona votó por uno o por otro candidato.

 Cuando llega el desastre, todos somos vulnerables y por eso también deberíamos ser capaces de estar unidos.

Hoy Colombia vuelve a enfrentarse a una emergencia de enormes proporciones tras el terremoto que afectó varias regiones del país y nuevamente aparece la pregunta:

 ¿Qué podemos hacer nosotros?

· Quizás no todos podamos remover escombros.

· Quizás no todos podamos atender heridos.

· Quizás no tengamos conocimientos de ingeniería, medicina o rescate.

Pero todos podemos hacer algo.

 · Donar.

· Compartir.

· Transportar.

· Cocinar.

· Escuchar.

· Acompañar.

· Orar, para quienes creen.

· Y, sobre todo, no ser indiferentes.

La solidaridad también es una forma de identidad; ser paisa no puede reducirse a una expresión geográfica, ser paisa también debería significar una manera de entender la vida. Una manera de decirle al otro: “Si usted cayó, yo le ayudo a levantarse”.

 Y quizá esa sea una de las mayores riquezas que tiene Medellín y Antioquia, porque una ciudad puede tener grandes edificios.

Puede tener empresas exitosas, puede tener universidades, puede tener tecnología, puede tener grandes obras de infraestructura, pero su verdadera grandeza se conoce cuando uno de sus ciudadanos lo pierde todo y descubre que no está solo. Ese día es cuando una sociedad demuestra quién es.

Por eso, cuando vuelva a sonar una alarma, cuando una montaña se desprenda, cuando un río se desborde, cuando un terremoto derrumbe una casa o cuando una familia tenga que abandonar su hogar, ojalá podamos volver a escuchar esa frase que tantas veces ha acompañado la historia de esta tierra: “Hay que ayudar”.

 Y que nadie tenga que preguntar: “¿Qué gano yo?” Porque frente al dolor humano, la pregunta debería ser otra: “¿En qué puedo ayudar?”

 Medellín y Antioquia tienen una historia que contar. Una historia de tragedias, sí. Pero también una historia de manos extendidas.

 · De voluntarios.

· De comunidades.

· De empresas.

· De instituciones.

· De hombres y mujeres que, sin esperar reconocimiento, han decidido ponerse al servicio de los demás.

 Esa historia merece ser contada, porque quizá, en un país tantas veces dividido por la política, por las diferencias sociales y por las dificultades económicas, la solidaridad pueda recordarnos algo elemental que nunca deberíamos olvidar: antes que cualquier diferencia, somos seres humanos.

Y cuando la tragedia llega, el dolor de uno debería ser la preocupación de todos. Esa es la Medellín que debemos conservar. Ese es el Antioquia que debemos fortalecer y esa debería ser nuestra mayor riqueza:

Una solidaridad que no tenga límites, que no conozca fronteras y que nunca pregunte quién es el que necesita ayuda antes de decidir extenderle la mano.

Por eso, cuando la vida golpea a otros, Medellín y Antioquia tienen una respuesta que debería seguir pasando de generación en generación: ¡PRESENTES!

Compartir:

Noticias relacionadas