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(OPINIÓN) Ceder para no caer. Por: Juan Ortiz Osorno.

La democracia es imperfecta. Por definición. No puede ser perfecta por una sola razón: La Financiación. Y esa es, además, la matriz primigenia de la corrupción. La democracia es perfecta en la concepción griega de una “Polis” formada por todos, donde unos, nos representan, buscando el bien común.

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Redacción IFM
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Ceder para no caer. Por: Juan Ortiz Osorno.

La democracia es imperfecta. Por definición. No puede ser perfecta por una sola razón: La Financiación. Y esa es, además, la matriz primigenia de la corrupción. La democracia es perfecta en la concepción griega de una “Polis” formada por todos, donde unos, nos representan, buscando el bien común. Pero la democracia es imperfecta, en la práctica, primero por quienes se postulan para buscar nuestro bien común, porque se postulan es para perseguir su bien particular. Pero la democracia es más imperfecta, sobre todo, por cómo esos candidatos, se eligen.

La democracia tiene un problema y es que precisa de dinero, de mucho dinero, su implementación. Actualmente, el Estado garantiza para todos los candidatos unos espacios para que visualicen sus campañas, pero el grueso de la financiación, queda en manos de las campañas y de los inversionistas privados y de otros gobiernos, que financian los viajes de los candidatos por el país, el “merchandising” de las campañas, la alimentación, los buses a todos los barrios, los parqueaderos vigilados, las tejas para los votantes, los videos con un país perfecto, los almuerzos el día de elecciones y todo lo ilegal que haya que hacer para llegar al poder, legalmente, y ahí sí, repartir el botín presupuestal, entre todos los que apoyaron al candidato, en campaña. Sería ingenuo pensar que quien apoya al candidato, en la campaña, no quiera recuperar lo invertido y, mil veces más, del erario público, apenas su candidato gana.

Para regular la participación y la igualdad de condiciones, para hacer estas campañas, a los candidatos se les da un tope de dinero que pueden gastar, del que no deben pasarse y que deben declarar. Normalmente, los candidatos usan el dinero legal de las donaciones, para declararlo. Y como deben cumplir un tope y necesitan gastar más, para elegirse, con el dinero ilícito, se suele cubrir otros rubros de campaña, que no se pueden detallar en los libros ante el Consejo Nacional Electoral.

Las campañas corruptas usan una doble contabilidad y lo que suele aparecer como escándalos de irregularidades, en los noticieros, son los financiamientos lícitos, que casi siempre, sumados, superan los topes permitidos. Es decir, generalmente los escándalos, tienen que ver con que los candidatos gastaron de más en la campaña y eso obviamente es injusto con los que gastaron lo legal.

Lo que es sorprendente y ocurre, solo de vez en cuando, es que aparezcan, como en el caso de Petro, los dineros ilegales, que debían estar ocultos, en una contabilidad secreta y que esa sea la materia misma del escándalo. Pero una cosa ilegal es pasarte los topes de gasto de tu campaña con dineros legales, que no se declararon completos. Y otra cosa, irregular e ilegal, es que aparezca, que los dineros de tu campaña eran ilegales, porque eso hace al candidato, al representado por la campaña, inmediatamente, el responsable político de esta irregularidad, que es además una ilegalidad.

Hay una diferencia entre responsabilidad y culpabilidad. La culpabilidad tiene que ver con lo jurídico. Si eres culpable de recibir dineros sucios, producto de actividades ilegales y criminales, para financiar tu campaña, vas a la cárcel. Si solo eres el responsable, no. Si eres el responsable y no el culpable, esto te acarrea la renuncia al cargo, multas y la inhabilidad para cargos públicos o contratos con el Estado.

El colombiano más destacado, por evadir ser culpable y luego evadir ser responsable, es Ernesto Samper. Su campaña a la Presidencia recibió $5 millones de dólares del Cartel de Cali. Sin embargo, el candidato y luego presidente Samper se mantuvo abierto a un juicio político, pero nunca a uno jurídico. Su hombre de confianza, que confesó, pagó cárcel, aunque era el hijo del gran pintor-escultor Fernando Botero. Fernando Botero Hijo, era el presidente seguro, del siguiente mandato, pero recibió 5 millones de dólares para la campaña de Samper y, en lugar de la Presidencia, Botero Hijo, fue a la cárcel. Por la vergüenza que le causó, la detención de Botero Hijo a Botero Padre, este donó a Colombia su colección completa de arte.

A los gritos y entre llantos, el gran maestro Botero, le recriminó a su hijo, preso en las caballerizas de la Escuela de Caballería, el haberle armado “la gorda” sin tener necesidad. Le recriminó ensuciar un apellido que él había puesto tan alto y tan ancho, por el mundo entero. El error que Botero Hijo cometió, hizo que Botero Padre, se volcara en regalos, de piezas de su propio arte para Medellín y otras ciudades de Colombia, tratando de borrar, con la rodilla, lo que Botero hijo había hecho, por la espalda, y que había manchado, lo que Botero padre, originalmente, hizo tan bien con sus manos.

Samper, en cambio, no confesó, negó todo y lo que hizo fue buscar un juicio político, hecho por la Cámara de Representantes, en La Comisión de Acusaciones, en la que hicieron quedar, con renuncias, sorteos e inhabilidades, a un investigador de bajo perfil, el tristemente célebre Heine Mogollón, que terminó declarando a Samper, inocente. Aunque había pruebas jurídicas de que el dinero había entrado a la campaña, Samper no se dejó mover del juicio político de responsabilidad, al jurídico de culpabilidad. Esto fue astuto, pero su jugada maestra, consistió en que, una vez en el juicio político, lo que Samper declaró es que debían darle pruebas jurídicas en su contra. Es decir, que debían encontrar la prueba reina, recibiendo el dinero, la foto de él con el dinero, para probar que él sabía.

Si fuera un juicio jurídico, la Fiscalía debería encontrar esa prueba. Pero en un juicio político, lo que había que probar, simplemente, era que, según las reglas de nuestra democracia, si el candidato es el representante de la campaña, en consecuencia, es el responsable político de todo lo que pase en su campaña. Como esa foto de Samper junto al dinero del Cartel de Cali no existía, eso fue lo que Samper le dijo a la prensa que debía aparecer y todos mordieron el anzuelo y empezaron a buscar la prueba reina que lo condenara. Pero eso no se necesitaba. No había que hallar una foto del elefante y Samper sentados encima. Con la prueba de que un elefante había entrado en la campaña, que un dinero, que $5 millones de dólares pasaron por la campaña, bastaba para probar que el responsable debía renunciar. Pero Samper no dejó ver esto y se dedicó a retar, durante cuatro años, a los que tuvieran la prueba reina. Como no hubo prueba reina, Samper terminó la presidencia. Eso sí, sin visa para ir a U.S.A.

Ahora, irónicamente, el expresidente Samper, viaja por el mundo y dicta charlas de transparencia en administración pública. La conclusión absurda fue que el dinero entró y Samper no supo. Sus contradictores llegaron a fabricar un elefante gigante, que llevaban a las marchas, para mostrar cómo es de fácil ver que un elefante entra a tu campaña. El elefante era el dinero que entró y Samper no lo vio. Desde Samper para acá, todos los miembros de la Casta Política, han usado el mismo método, de argumentar y exigir, que debe encontrárseles, la prueba reina, para renunciar a sus cargos. Antes de Samper, si eras acusado o investigado, todos se separaban de su cargo, para favorecer una investigación transparente.

Son múltiples las pruebas y denuncias que evidencian que a la campaña del Presidente Petro, candidato en aquel momento, entraron dineros ilícitos, para financiar su elección. Sin importar si Petro es o no culpable. Sin importar si Petro sabía o no, sin importar si hay un video de Petro, otra vez, contando fajos de dinero en efectivo, Petro es el responsable político de su campaña. El único. Si el dinero entró a su campaña, incluso así haya sido devuelto, es el candidato el responsable político de que su campaña no haya sido transparente y aunque Petro no deba ir a la cárcel por los dineros que entraron a su campaña, sin que él supiera, Petro sí es, sin lugar a dudas, el responsable político y debería renunciar a su cargo, solo por ello. Y debería recibir la sanción de no ser más elegible a un cargo público. Solo por la ineficiencia demostrada, para saber lo que pasaba en su campaña.

Si Petro fuera el Presidente de una compañía y en ella apareciera que los nombrados por él, han malversado fondos, han incumplido las metas propuestas con el contratante y además resulta que fue elegido tras una campaña financiada con dineros de actividades ilícitas ¿Cuánto duraría como Presidente de la firma y cuánto tardaría en ser judicializado?
En el pasado, el Presidente Samper usó el juicio político, para evadir un juicio jurídico y para salir libre e inocente de un aparente juzgamiento. Valdría la pena proponer un juicio político real, de responsabilidad política, al Presidente Petro y en la arena del Congreso, su arena, probarle que no necesita ser culpable, para ser el responsable de lo que ocurrió en su campaña.

Según Transparencia Internacional, Colombia retrocedió en el índice de percepción de la corrupción, durante el gobierno Petro. Ya existe una investigación judicial a la campaña de Petro por recibir una cuantiosa donación de parte de FECODE, que encubriría una violación de los topes. Existe una investigación por los dineros recibidos, para la campaña, por el hijo del Presidente. Existe además una investigación por ingreso de dineros ilícitos de Alias «Papá Pitufo», liderada por la Fiscalía, que es cercana al primer mandatario, en la Unidad de Delitos contra la Administración Pública. Y existe una denuncia ante la Comisión de Acusaciones.

No se debe distraer al juicio político de si existe la prueba reina o no. De si Petro sabía o no. Porque la Comisión de Acusaciones debe comprobarse simplemente que Petro era el responsable político de su campaña, con todo lo que eso conlleva y representa. Y un presidente de la calidad que Petro presume ser, debería obrar como el responsable político que es, de todo lo que sucedió en su campaña, supiera o no, fuera cómplice o no, fuera culpable o no. Por supuesto, Petro no va a renunciar jamás. Y toda prueba contundente será para él y para sus seguidores, tan sólo ataques a su gestión. Serán los argumentos en su contra, las razones de porque su gobierno o él, han cumplido lo prometido.

y Los escándalos, las denuncias y la segura negativa a renunciar de Petro, lo pondrán en una posición incómoda y con muy baja gobernabilidad. Y tal y como sucedió, en el caso de Samper, lo que predominará en su final de gobierno, será su debilidad. Para sobrevivir, Petro deberá ceder, ante todos los que le hagan paro u oposición. Ceder para no caer y como Samper decir: «Aquí estoy y aquí me quedo», pero sin mandar ni mal ni bien. Sin mandar, más bien.

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