(OPINIÓN) Carta abierta a Gustavo Petro, desde la dignidad médica al desprecio presidencial. Por: Paola Andrea Kafury
«Esto NO es una súplica, NO es una petición, ni una queja. Es una denuncia. Una voz que se alza desde la dignidad de la medicina colombiana para nombrar lo que usted, señor presidente, representa hoy: Un desprecio absoluto por la formación académica, por el conocimiento y la vida profesional de quienes hemos consagrado nuestra …
«Esto NO es una súplica, NO es una petición, ni una queja. Es una denuncia. Una voz que se alza desde la dignidad de la medicina colombiana para nombrar lo que usted, señor presidente, representa hoy: Un desprecio absoluto por la formación académica, por el conocimiento y la vida profesional de quienes hemos consagrado nuestra existencia a cuidar a los demás.
Las palabras que usted pronunció en Medellín NO fueron un lapsus. Son el reflejo de una ideología que desprecia el mérito, la legalidad y la educación rigurosa. Al decir que «la medicina en Colombia es mala, porque solo los hijos de los ricos la estudian», usted NO solo ofendió a miles de profesionales que nos hemos formado con esfuerzo y sacrificio, sino que dejó claro su proyecto: Reemplazar el conocimiento por obediencia, la excelencia por sumisión, La Ciencia por Discurso Político.
NO, señor presidente, eso NO es verdad. En Colombia, los médicos NO solo tomamos tinto en la 93, en nuestros momentos de merecido descanso. Algunos tomamos el café frío o recalentado en nuestros turnos. A veces lloramos en silencio porque perdemos pacientes por falta de medicamentos.
Y aun así NO dejamos de ejercer, porque creemos en algo más grande que usted: ¡El derecho a la vida! ¿Sabe usted que muchos de esos médicos hemos atendido víctimas de la violencia guerrillera, de los ataques del grupo armado al que usted perteneció y de otros grupos criminales? ¿Sabe usted cuántos niños, campesinos, soldados y civiles han sido salvados por manos que temblaban, pero que NO se rindieron, aun bajo fuego cruzado? Mientras que los violentos destruyen con sus armas y con sus discursos asesinos, nosotros reconstruimos cuerpos, almas y esperanzas con psicoterapias, fármacos, bisturí, suero y compasión.
Eso se hizo, se hace y eso se seguirá haciendo. ¿Sabe usted que, bajo su mandato, se han cerrado más hospitales que en cualquier otra administración de la historia colombiana? ¿Sabe usted que desaparecen cada semana servicios esenciales como obstetricia, cuidados intensivos, cirugía pediátrica y unidades de neonatología? ¿Y que cada cierre condena a cientos o miles de mujeres, niños y recién nacidos? ¿Que el acceso a una cita, a un procedimiento o a un medicamento es cada vez más difícil, mientras que usted evade toda la responsabilidad como jefe de Estado y señala a los médicos como los culpables? Esto NO es desconocimiento.
Esto es Desmantelamiento: Prepotente, deliberado, Ideológico Porque todo esto NO es accidental. Porque usted NO gobierna: Usted delira. Vive en una fantasía donde usted es el único que tiene la razón, el único salvador, y todos los demás ciudadanos, médicos, jueces, académicos, periodistas, diplomáticos somos sus «enemigos».
Esta es una Carta Abierta, desde la Dignidad Médica para derrotar el Desprecio Presidencial. Esos rasgos narcisistas con los que usted descalifica toda voz crítica, esa incapacidad suya de empatía, ese desprecio constante por la verdad, por la legalidad, por el mérito ajeno, lo dibujan, ya NO solo como un estilo de gobierno, sino como un perfil peligrosamente sociopático.
Un hombre, un personaje que se alimenta del caos, que necesita humillar para sentirse fuerte, y que confunde “liderazgo” con “imposición”. Y eso, señor presidente, es tan evidente como alarmante. Porque mientras usted actúa así, el sistema de salud que llegó a tener cobertura del 96%, un modelo en América Latina, resiliente en la pandemia, gracias al heroísmo de su talento humano, hoy se hunde.
NO por los médicos. NO por las EPS. Se hunde por su gobierno, por su negligencia, por su desdén, por su necesidad de convertir en “cenizas” todo lo que NO nace de su Puño y Letra. Y aun así, en medio del caos que su gobierno ha traído, se sigue enseñando. Se sigue curando. Se sigue resistiendo. Con ética. Con ciencia. Con esperanza. Por amor a nuestra vocación, a nuestra profesión, por amor a los pacientes, y NO por SU sistema actual de salud. Presidente, NO se necesita insultarlo para mostrar lo que usted mismo ha demostrado con sus actos: Que desprecia al profesional formado, que teme al pensamiento crítico y que NO busca un país con derechos, Sino un Rebaño Obediente.
Hoy más que nunca, el cuerpo médico de Colombia está unido. NO por ideología, sino por dignidad. NO por revancha, sino por convicción: Este país se merece un sistema de salud construido sobre ciencia, ética y compasión, NO sobre ruinas ideológicas, NO sobre discursos de desprecio. Incluso, muchos colegas que creyeron en usted y lo hicieron con sinceridad, con la ilusión de un cambio verdadero, hoy están profundamente decepcionados. Y debo decirlo con claridad: Me alegra que haya recapacitado gracias a su propio actuar, presidente Petro.
Porque NO hubo necesidad de convencerlos; fue usted mismo, con cada palabra, con cada uno de sus actos y con cada decisión, quien los alejó. Usted ha perdido NO solo respeto. Ha perdido la confianza de muchos que alguna vez lo siguieron, lo apoyaron y lo defendieron. Y la ha perdido sin que nadie se la arrebatara. La ha perdido usted solo, por su altivez, su desprecio, su soberbia y su incapacidad de escuchar. Pero nosotros seguimos aquí, hombro a hombro, sanando, curando, con lo que nos queda, enseñando con lo que sabemos, resistiendo con lo que somos.
Aunque intenten dividirnos, aunque intenten debilitarnos, insultarnos, NO podrán apagar la Fuerza que Nace del Compromiso Real con la vida. Y si usted, algún día decide bajarle a la agresividad, como lo prometió, lo invito, presidente, a tomarse un café en la 93. Pero NO para hablar de clases sociales, sino para que, de frente, abrace también, aunque sea por un instante, a quienes hemos obrado toda nuestra vida desde la legalidad, la vocación y el respeto por la vida y que NO hemos requerido delinquir para vivir, y que pueda usted así rodearse y sentir a buenas personas.»

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