(OPINIÓN) Antioquia: una tierra que construye país. Por: Bernardo Henao Jaramillo
Hay regiones que se limitan a habitar un territorio. Y hay otras que lo transforman. Antioquia pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. Antioquia no es solamente una geografía; es una forma de carácter.
Hay regiones que se limitan a habitar un territorio. Y hay otras que lo transforman. Antioquia pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. Antioquia no es solamente una geografía; es una forma de carácter. Sus gentes, los paisas, han construido a lo largo de la historia una identidad basada en el trabajo, el ingenio, el emprendimiento y, sobre todo, un profundo sentido de pertenencia por su tierra y por Colombia.
Los anales de nuestra historia nacional registran innumerables aportes de Antioquia al crecimiento económico, institucional y cultural del país. Desde la colonización antioqueña en el siglo XIX que abrió caminos hacia el Viejo Caldas, el norte del Valle y el Tolima hasta el surgimiento de uno de los ecosistemas empresariales más dinámicos de América Latina, la contribución paisa ha sido determinante en la construcción de la Colombia moderna.
Una de las mayores virtudes del espíritu antioqueño ha sido su capacidad para convertir las dificultades geográficas en oportunidades de progreso. En una región montañosa, compleja para la infraestructura y tradicionalmente marginada por la geografía, los antioqueños decidieron no resignarse. Por el contrario, hicieron de esa dificultad un motor de creatividad.
El Metro de Medellín es quizás el símbolo más visible de esa vocación por hacer realidad lo que otros consideran imposible. Inaugurado en 1995, el sistema no solo transformó la movilidad de la ciudad, sino que se convirtió en un ejemplo de cultura ciudadana y apropiación colectiva. Mientras muchas ciudades latinoamericanas padecen sistemas deteriorados, el Metro de Medellín es motivo de orgullo nacional y referencia internacional. Da gusto movilizarse en el metro de Medellín y ver cómo sus gentes le cuidan.
Pero el espíritu innovador de Antioquia no se detuvo allí.
El desarrollo del sistema de Metrocables permitió integrar a las comunas más vulnerables al tejido urbano. Los parques biblioteca impulsaron el acceso al conocimiento en barrios históricamente marginados. El distrito de innovación Ruta N posicionó a Medellín como un polo tecnológico regional. Y empresas emblemáticas surgidas de Antioquia como las que hacen parte del Grupo Empresarial Antioqueño han demostrado que el liderazgo empresarial también puede ir acompañado de visión institucional y responsabilidad social.
A ello se suma ahora un proyecto de enorme impacto estratégico: la consolidación del sistema portuario de Urabá, que proyecta a Antioquia hacia los mercados internacionales con una ventaja logística extraordinaria. Puertos como Puerto Antioquia permitirán reducir significativamente los tiempos de exportación hacia Estados Unidos y Europa, convirtiendo a la región en un nodo fundamental del comercio exterior colombiano.
Antioquia, en otras palabras, no solo ha pensado en su propio desarrollo. Ha pensado en el desarrollo de Colombia.
Por eso resulta particularmente preocupante cuando desde ciertos sectores de la política se intenta alimentar discursos de odio o descalificación hacia una región que tanto ha aportado al país. En democracia la crítica es legítima y necesaria; lo que resulta inadmisible es la estigmatización colectiva de un pueblo.
Las palabras tienen consecuencias. Y cuando un dirigente político como el candidato Iván Cepeda utiliza en su programa y en mensajes manifestaciones cargadas de confrontación y resentimiento hacia
sectores sociales o regiones específicas del país, lo que hace es erosionar el frágil tejido de convivencia que Colombia ha intentado reconstruir durante décadas.
El debate político debe elevarse, no degradarse.
Colombia necesita discusión de ideas, no la promoción de resentimientos regionales. Necesita reconocer el aporte de sus regiones y fortalecer los vínculos que nos unen como nación. Antioquia, con su historia de trabajo, emprendimiento y liderazgo, merece respeto y reconocimiento.
Los paisas han demostrado a lo largo de generaciones que el progreso se construye con disciplina, con esfuerzo y con visión de largo plazo. Sus empresarios, sus ingenieros, sus trabajadores, sus académicos y sus comunidades han aportado obras, empresas, infraestructura y cultura que hoy benefician a todo el país.
No es casual que Medellín haya sido reconocida internacionalmente como una de las ciudades más innovadoras del mundo. Tampoco es casual que Antioquia sea uno de los motores económicos más importantes de Colombia.
En un momento histórico donde algunos pretenden dividir al país entre regiones, clases o ideologías irreconciliables, conviene recordar algo fundamental: Colombia ha avanzado cuando sus regiones han trabajado juntas, no cuando se enfrentan entre sí.
Antioquia representa precisamente ese espíritu de construcción.
Un espíritu que no se define por el resentimiento sino por la capacidad de hacer. Por la voluntad de emprender. Por la decisión de convertir las ideas en obras.
Ese es el legado paisa. Y ese legado, lejos de ser objeto de ataques o descalificaciones, debería ser motivo de orgullo nacional.
Porque cuando Antioquia progresa, Colombia también progresa. Nuestra total solidaridad con los antioqueños.

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