(OPINIÓN) Antioquia debe responder con firmeza al dirigente que insultó a su gente. Por: Juan José Gómez
Te pregunto a ti, antioqueño de a pie, de esos que madrugan cada día para asegurar el sustento de sus hijos: ¿Qué harías si, de manera repentina, un desconocido llegara hasta la casa donde vives con tu familia y, sin provocación alguna, comenzara a insultar y maltratar a tus seres queridos? Lo más probable es …
Te pregunto a ti, antioqueño de a pie, de esos que madrugan cada día para asegurar el sustento de sus hijos: ¿Qué harías si, de manera repentina, un desconocido llegara hasta la casa donde vives con tu familia y, sin provocación alguna, comenzara a insultar y maltratar a tus seres queridos?
Lo más probable es que reaccionaras con fuerte indignación. Quizás lo expulsarías de inmediato, o incluso lo conducirías ante la autoridad competente. Eso, en el caso de que seas un paisa de temperamento moderado; porque, si la ira se impusiera, la reacción podría ser aún más severa, movida por el dolor y la ofensa.
Pues bien, algo muy parecido ha ocurrido recientemente, solo que en un plano colectivo. Un conocido dirigente político, identificado con posturas radicales y con un largo historial de ataques a sectores respetados del país, ha tenido la osadía de insultar a Antioquia, calificándola de “cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”.
No se trata de una opinión menor ni de una crítica constructiva. Es una afrenta directa contra la dignidad de todo un pueblo. Y resulta aún más grave si se tiene en cuenta que quien profiere tales agravios aspira a dirigir los destinos de Colombia. Sus palabras no solo revelan desprecio, sino que anticipan el tono de lo que podría ser un eventual gobierno suyo: uno marcado por la confrontación, el señalamiento y la división.
Cabe entonces preguntarse: ¿Qué motiva semejante animadversión? ¿Le incomoda acaso que Antioquia sea una región donde el progreso es visible, donde el trabajo constante ha dado frutos y donde, pese a las dificultades, se ha construido una cultura de esfuerzo, emprendimiento y responsabilidad? ¿Le molesta que sea también una de las regiones que más aporta al desarrollo del país?
Los señalamientos, además de ofensivos, resultan profundamente injustos. Los momentos difíciles que en el pasado afectaron a ciertos territorios antioqueños fueron enfrentados con decisión por sus instituciones y su gente. Y en cuanto a los problemas actuales de orden público, es evidente que obedecen en gran medida a políticas nacionales erradas, cuyos resultados están a la vista de todos .Ejemplo: la fracasada “paz total”.
Antioquia no es perfecta, pero tampoco es la caricatura que pretenden imponerle quienes la atacan con ligereza o mala intención. Es, ante todo, una tierra de gente trabajadora, franca, solidaria y profundamente comprometida con su familia, su región y su país.
Frente a este agravio, la respuesta no debe ser la violencia ni el insulto, sino la firmeza democrática. La mejor manera de hacer respetar a Antioquia es a través de la participación masiva en las urnas, ejerciendo el derecho al voto con criterio y responsabilidad y haciéndolo por un candidato que de verdad merezca la confianza paisa y que sea tanto un Defensor de Antioquia como un Defensor de la Patria.
Será allí, en el escenario legítimo de la democracia, donde los ciudadanos podrán expresar su rechazo a quienes desprecian a esta tierra y, al mismo tiempo, respaldar las opciones que consideren más convenientes para el futuro del país.
Porque, al final, el destino de Antioquia y de Colombia no se define con agravios, sino con decisiones conscientes y libres de sus ciudadanos. Así que a castigar con el voto en contra de quien ofende a la Madre Antioquia y a premia con el voto a favor de quien le ofrezca respeto y colaboración.

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