La autonomía es la solución. Por: Héctor Quintero Arredondo
Esta campaña electoral para la presidencia y el congreso está muy pobre. Los discursos oscilan entre la búsqueda en abstracto de un sistema que sirva para reducir la inequidad, hasta un propósito de amar a Colombia. Los protagonistas se mueven entre la ligereza y la vacuidad. Es como si los escándal
Esta campaña electoral para la presidencia y el congreso está muy pobre. Los discursos oscilan entre la búsqueda en abstracto de un sistema que sirva para reducir la inequidad, hasta un propósito de amar a Colombia. Los protagonistas se mueven entre la ligereza y la vacuidad.
Es como si los escándalos de corrupción que han sido facilitados por el central presidencialismo, que han dejado en completa desnudez el método para comprar congresistas o la tenebrosa visión de un sistema de control y vigilancia que no funciona en cuyo primer lugar se ubica la vergonzosa Comisión de Acusaciones, sólo fueran accidentes menores de nuestra maltrecha democracia.
La lista de adefesios pudiera prolongarse de manera casi infinita. Las estructuras criminales asaltan en caminos y veredas, mientras las bandas dominan en las ciudades; los resultados en materia de educación hacen llorar, la salud agoniza, la vivienda escasea en especial en la Colombia profunda, el hambre penetra muchas covachas, las vías secundarias y terciarias son un desastre y el agua potable y el saneamiento básico, son plato sólo de los burbujeros que componen las elites.
Pero los partidos y los recogedores de firmas pareciera que solo buscan elegir un nuevo aprendiz de autócrata, que aumente la tendencia a concentrar el poder, mientras la periferia sufre y los ciudadanos que la habitan buscan escapar a los 6 o 7 centros urbanos que no son – como se dice – un club de ricos, sino un reservorio de necesidades y necesitados.
Ante este panorama, mas que nunca proponemos la autonomía territorial como solución para Colombia:
Planear y ejecutar con las entidades territoriales que son las conocedoras de las realidades; dejar que sus pobladores desarrollen su inventiva y se asomen al mundo exterior llenos de fortaleza y entusiasmo, permitir que consagren nuevas formas de capacitación en lo publico y lo propio en cuanto a sistemas de control; en una frase: dejar que la inmensa fuerza de las regiones desate su capacidad creativa.
Este es el pilar que le hace falta a nuestra democracia, el que hoy llamamos “democracia vertical”.
Todo se puede hacer con gradualidad y de acuerdo a la asimetría. Ojalá no se pase otra oportunidad en blanco, a no ser que deseemos continuar en la mitad y hacia debajo de la tabla en lo relativo al bienestar del pueblo colombiano.
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