(OPINIÓN) Frivolidad y crueldad. Por: Juan Carlos Echeverry
¿De qué hay que salvar a Colombia? De nuestra propia frivolidad y crueldad. ¿Qué? asimila a Pablo Escobar, los falsos positivos, las FARC y el ELN, los caviares, la UNGRD, los trinos intergalácticos de Petro y la actitud actual de muchos candidatos presidenciales?
¿De qué hay que salvar a Colombia? De nuestra propia frivolidad y crueldad. ¿Qué?
asimila a Pablo Escobar, los falsos positivos, las FARC y el ELN, los caviares, la
UNGRD, los trinos intergalácticos de Petro y la actitud actual de muchos
candidatos presidenciales?
Los frívolos y lo crueles que son al mismo tiempo.
Pablo Escobar fue producto de la Colombia contrabandista, rebuscadora,
ambiciosa y recursiva. Fue también una cúspide de crueldad, deshumanización y
desproporción. Qué pensará llegar a la Presidencia con Alberto Santofimio, o en
cabeza propia, que se arrogara la potestad de ordenar la muerte de Luis Carlos
Galán y miles de personas más, derribar un avión de pasajeros en el aire, poner la
bomba del DAS en Paloquemao y en centros comerciales, y librar una guerra
absurda para doblegar a Colombia, simplemente porque podía hacerlo y nadie
lo impedía, es una mezcla de frivolidad y crueldad.
Fue a dar a su propia cárcel, a la que entró cuando quiso, en la que rumbeó,
torturó y se escapó el día que quiso. Hizo fiesta de Colombia y heredó para esa
mafia de narcos que ahora son legión por todas partes, la marca de Caín, tantas
veces presentes en nuestra historia. Un hombre frívolo y cruel como el que más.
En segundo lugar, vienen los inenarrables e irreparables falsos positivos. Unas
personas contratadas, organizadas, entrenadas y dotadas de aparatos de
inteligencia y de armamento para defender a 45 millones de colombianos de las
acciones crueles de 20 mil delincuentes, pertenecientes a temibles organizaciones
criminales, se dieron la vuelta y, en lugar de atacar a los malos, atacaron a los
buenos. Se dedicaron a asesinar a quienes habían jurado defender.
Los falsos positivos se presentaron en los frentes de batalla. Justo donde debían
doblegar al enemigo, decidieron traer bajas ficticias y hacerlas pasar por bajas del
enemigo, y dejar a este último tranquilo con su control del área y sus actividades
ilícitas. ¿Sugiere esto que pudo haber un acuerdo de ambos lados, escondido tras
¿Son estos crímenes? De ahí surge la pregunta: ¿Contamos de verdad con un ejército?
con la voluntad y la capacidad de ganar la guerra?
La frivolidad estuvo en la motivación: un sistema de premios monetarios,
vacaciones, ascensos, metas de bajas en combate y competencias con otros
regimientos. Es decir, por un plato de lentejas muchos militares, de todos los
rangos, dejaron de ser seres humanos y de ver a sus congéneres como seres
humanos.
Este hecho estremece aún más que la maldad de los malos, que también,
alcanzado bajezas bestiales. ¿Hay un punto más bajo de la historia de dolor de
Colombia? Desmoraliza hasta la médula que alguien pueda alcanzar tanta
crueldad, y disuelve el entendimiento que su motivo sea tal frivolidad.
El tercer representante en nuestra historia infame de frivolidad y crueldad lo tienen
las FARC y el ELN. No justifico su motivación guerrillera en los años sesenta. En
esa época, jóvenes de la UIS y campesinos de la Colombia profunda se unieron
voluntariamente a unas empresas criminales. Eso es muy diferente a lo que
decidieron hacer unas décadas después: secuestrar niños y niñas de los campos
más pobres y de la frontera de Colombia, esclavizarlos a permanecer en sus filas,
someterlos a las prácticas de entrenamiento más desalmadas para extirpar su
humanidad, darles un fusil y ponerlos a caminar por las montañas de Colombia en
tareas de matar, secuestrar, asolar, extorsionar, contrabandear, chantajear, y
encarcelar prisioneros por más de diez años, entre otras cosas. En las noches
violaban una y otra vez a sus subalternos.
Las FARC y el ELN justifican semejante crueldad con la pomposidad de congresos
guerrilleros, la grandilocuencia de comunicados, la postura de machotes en las
fotos y la propuesta de reemplazar al Estado. Lo cruel y lo frívolo unido a los
desquiciado. Lo inmoral vestido de moral. La negación de la política como él
estado superior de la política.
Aparece aquí la frivolidad y la crueldad de los caviares de las ciudades capitales.
Desde hace cincuenta años convirtieron en su misión vital e histórica hacer
realidad la armonía entre las élites capitalinas y las guerrillas rurales y urbanas. Si
lo lograban, unirían lo que estaba desunido y desgarraba a Colombia. Iban a
desandar los pasos equivocados de sus papás y sus abuelos, hincándose de
rodillas en una paz a cualquier costo. El resto de los cincuenta millones de
colombianos debíamos estar alelados y expectantes a cómo las dos élites, la del
fusil y la del golf y la pluma, zanjaban sus diferencias. Si ellos encontraban un
futuro conjunto, supuestamente todo se arreglaría para nosotros. Claro está, los
impuestos al resto de los colombianos debían pagar la cuenta. No sucedió como
esperaban los caviares, la crueldad siguió y la pedagogía de la frivolidad siguió
también.
Al fin se llegó a la crueldad del gobierno actual. La UNGRD, en manos de un exM-19, y con el pretexto de solucionar el problema del agua de La Guajira, sé
convirtió en una oportunidad oscura de comprar unos camiones y configurar un
fraude. ¿La sed de los guajiros? Aún sigue ahí mientras se resuelven las
investigaciones. Esa misma unidad, con la prerrogativa de contratar de inmediato
para atender desastres, se volvió instrumento de transacciones políticas.
Es cruel poner a los desastres al servicio de la gobernabilidad. También es frívolo.
Algo similar sucede con la salud. Deciden jugar con un sistema que da cerca de
mil millones de atenciones al año (!), para ensayar ideas a medio cocinar y
reinstaurar un sistema público de salud que funcionó muy mal y para poca gente,
hace 40 años. Son frívolos sus ideólogos y crueles sus ejecutores. Son penosas
sus excusas frente al desmoronamiento del sistema y será lamentable el
desenlace.
Algo similar sucede con la energía eléctrica, el gas y el petróleo. Las
elucubraciones frívolas del primer mandatario, arropadas en la retórica de redimir
al género humano y a todas las especies de la vida animal y vegetal, le permiten
entrar con pasos de elefante en la cristalería de sistemas de oferta de energía que
demandan inversiones de décadas, y toman otras más en madurar y dar
rendimientos. Esa oferta es clave para 18 millones de hogares colombianos.
Exponerlos a posibles racionamientos de energía e insuficiente abastecimiento de
gas, y dejar sin explotar el petróleo y el gas mientras países como Noruega y China se mueren sin explotar el petróleo y el gas mientras países como Noruega, China
Brasil y Argentina extraen, usan y exportan, es soberbio y frívolo. Es insensible, es cruel someter a la gente a perder el acceso a salud y medicamentos, y poner en riesgo la seguridad energética.
La frivolidad y la crueldad parecen un sello de las cosas que pasan en Colombia.
Casi no hay estamento que no las padezca. La propia campaña presidencial está
marcada por la frivolidad. No se oye a los candidatos casi sobre ningún tema
substancial. La mayoría calla sobre la debacle diplomática con EE. UU., la guerra en
el Catatumbo, la seguridad, la salud, las transferencias territoriales, el gas, la
energía, el petróleo, el déficit fiscal, la deuda pública, la vivienda, la infraestructura
y la educación universitaria. Solo quieren gobernar después de Petro. Sea lo que
sea lo que él les entregue. Eso es cruel, y es frívolo.

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