Discurso de despedida de los hijos de Botero
En nombre mío y de toda la familia Botero queremos agradecer la forma en que el país y el gobierno ha recibido de vuelta a uno de sus hijos favoritos, Fernando Botero, mi papá.
En nombre mío y de toda la familia Botero queremos agradecer la forma en que el país y el gobierno ha recibido de vuelta a uno de sus hijos favoritos, Fernando Botero, mi papá.
Decían que él era el más colombiano de los colombianos, y no podría estar más de acuerdo. A pesar de haber vivido casi la totalidad de su vida fuera de Colombia, él llevaba el país firmemente inscrito en su corazón.
Él decía que para ser universal hay que primero ser local, porque al tocar las raíces de su tierra, toca también las fibras más profundas y comunes a todos los seres humanos. Fue fiel con pocas excepciones al tema de América latina, a las imágenes inscritas en su imaginación de su infancia y adolescencia, creciendo en los años 40 en Medellín. Por eso es que en países y en culturas tan lejanas a la nuestra como por ejemplo la China, Japón, Singapur, o Rusia, su obra despierta la misma emoción, el mismo entusiasmo.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeMi padre nos deja un legado colosal comenzando con su obra, y con el estilo que hace que hoy en día sea un artista reconocido en el mundo entero, ese estilo personal y único, reflejo de sus convicciones artísticas. Para él la belleza y la sensualidad en el arte radica en la exaltación del volumen. Mi padre creó un universo de volumen donde cada figura, cada objeto, cada animal, paisaje o fruta está pintado con el mismo gesto, con la misma intención. La redondez de sus formas, la monumentalidad de sus figuras, el juego de proporciones que se produce al colocar un objeto pequeño al lado de otro grande, como son las pequeñas lágrimas que escurren por la cara enorme de la virgen, contribuyen a producir esta monumentalidad, esta exaltación de la realidad.
Y aun cuando vemos su serie titulada Abu Ghraib que pintó acerca de las torturas por parte de los soldados americanos en la cárcel en Iraq, o cuando vemos las escenas de masacre que hacen parte de la serie sobre la Violencia en Colombia, temas que produjeron en él rabia e indignación, reconocemos de inmediato que se trata de un Botero gracias a su estilo inconfundible. A pesar del tema, a veces inclusive brutal, sus obras siempre comunican esa sensualidad, esa belleza, porque como él solía decir, fueron pintadas con amor.
Mi papá nos deja muchas lecciones, en particular su ejemplo de vida. Siempre admiré en él su valor y congruencia. Admiré el hecho que desde muy temprana edad reconoció su norte y se mantuvo fiel a él a lo largo de toda su vida. Por eso tuvo el valor con tan solo 15 años de edad de declarar que quería ser artista a pesar de que su mamá, predijo que se moriría de hambre. Por eso tuvo la determinación para encaminarse a Nueva York con tan solo 200 dólares en el bolsillo y establecerse en la capital mundial del arte de ese entonces. Por eso, y a pesar de su precaria situación económica, se mantuvo siempre fiel a sus convicciones artísticas, lo cual implicaba nadar en contra de las corrientes predominantes del mundo del arte de ese entonces. Se impuso como artista figurativo en Nueva York cuando lo que reinaba era el expresionismo abstracto. Por eso jamás perteneció a una moda, o a una corriente artística, y por eso su obra se mantuvo siempre en una categoría aparte.
Recuerdo cuando un día nos anunció que donaría a Colombia la totalidad de su colección de arte reunida a lo largo de 35 años. El país estaba viviendo uno de los momentos más trágicos de su historia reciente. En medio de las masacres, los secuestros y los asesinatos que ocupaban a diario los titulares de los medios de comunicación, muchos habían perdido confianza en el país. Fue justo en ese momento que nos sorprendió con el anuncio de las dos donaciones que hoy conforman el museo Botero de Bogotá, y el Museo de Antioquia de Medellín, junto con la Plaza Botero, como un gesto contundente de fe en nuestro futuro. Siempre me decía que esa decisión fue la más inteligente y la más sabia que tomó jamás, porque lo que él donó se le había devuelto multiplicado mil veces por algo mucho más importante que el dinero: el afecto y el reconocimiento de la gente. Cuándo estaba descolgando las obras de sus propias paredes, dejándolas limpias, le pregunte, “¿por qué no regalas todo, pero dejas al menos estás?» Y me respondió: “Porque un regalo que no duele, no es un buen regalo”. Esa frase se me quedó grabada en la memoria para siempre.
Hasta el último momento mi papá se mantuvo actualizado y preocupado por el país, tratando de brindar a los demás las mismas oportunidades que para él hicieron una diferencia colosal en su vida. Por eso las múltiples becas que ofreció para jóvenes artistas y músicos. Por eso los museos que le permiten a los colombianos la posibilidad de apreciar de primera mano una obra maestra de los grandes artistas del mundo. Por eso su trabajo discreto de filántropo en favor de los ancianos y de los niños pobres de Colombia.
Estamos abrumados, conmovidos y profundamente agradecidos con las manifestaciones de afecto, reconocimiento y gratitud hacia mi padre que se han producido en el mundo entero. Y traer a mi papá una última vez a su tierra natal para que los colombianos lo puedan despedir era uno de nuestros más grandes anhelos. Al final sus cenizas regresarán a Pietrasanta, aquel pueblo italiano de artistas y de artesanos donde él trabajó la escultura durante más de 40 años de su vida. Quedarán sus cenizas en el cementerio de Pietrasanta junto a las de Sophia Vari, su mujer, y compañera del alma durante 48 años, quien también nos dejó hace apenas 4 meses.
En nombre de toda la familia, y en especial de mis hermanos y mía, le damos las gracias a Colombia, y nos proponemos proteger su obra, y continuar con el legado más importante que nos dejó mi papá: su ejemplo como ser humano.

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